Vanessa, madre de tres hijos, le asignan una vivienda del ayuntamiento pero vive con su madre: "Es un desastre inminente"
“La seguridad de todos los que vivimos en este edificio está en juego”, asegura.

Cada vez es más frecuente que familias que acceden a una vivienda pública se encuentren con pisos que no están en condiciones de ser habitados. Humedades persistentes, instalaciones averiadas, obras sin terminar y una respuesta administrativa que no llega forman parte de un problema que se repite cada vez más. Lo que debería suponer una solución habitacional acaba convirtiéndose en una nueva fuente de incertidumbre y riesgo.
En ese escenario se sitúa el caso de Vanessa Bornivelli, una mujer de 38 años y madre de tres menores, que abrió en agosto las puertas del piso que le había sido asignado por el ayuntamiento en la calle Via Servilio Prisco, en el barrio Don Bosco de Roma, con la esperanza de mudarse con su familia. En su lugar se topó con un inmueble en malas condiciones y obras pendientes que, según ella, hacen imposible habitarlo.
Según relata Vanessa en declaraciones a Roma Today, el desalojo previo quedó a medias: en el apartamento permanecían muebles, productos alimentarios caducados y pertenencias del anterior inquilino. Además, había daños estructurales y desperfectos técnicos como una caldera rota, sanitarios rotos que necesitaban ser reemplazados, la ausencia de una puerta, moho y goteras en el techo.
Una situación insostenible
Por todas estas reparaciones ya hubo un desembolso cercano a 11.000 euros, coste que recayó sobre el cesionario. "Tuve que posponer la mudanza varias veces porque esta casa está inhabitable", cuenta Vanessa. “Envié varios correos electrónicos pidiendo que se hicieran obras en la caldera, la pared y las goteras, pero nadie respondió. Incluso fui en persona a la oficina de ERP, pero nada”, explica.
A pesar de cumplir con el pago del alquiler del piso que le asignaron, la mujer decidió, por el momento, alojarse en casa de su madre, donde la situación es especialmente preocupante por la presencia de menores en el hogar y por las condiciones del edificio. “Cerca del ascensor, la pared está empapada y a punto de caerse. La seguridad de todos los que vivimos en este edificio está en juego: si el techo se derrumba, es un desastre inminente”, asegura la mujer.
La familia también afirma que los servicios sociales han presentado denuncias sobre el estado del inmueble, alertando del riesgo que supone para la seguridad de los vecinos y, especialmente, para los menores. Mientras tanto la vivienda continúa sin estar en condiciones de ser habitada y la situación permanece sin una solución clara por parte de las autoridades competentes. El caso de Vanessa no es más que un reflejo de la realidad de muchas familias en situación de vulnerabilidad en el territorio italiano.
