Vende su catedral de LEGO para financiar la Sagrada Familia: "Solo las piezas cuestan 20.000 euros"
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Vende su catedral de LEGO para financiar la Sagrada Familia: "Solo las piezas cuestan 20.000 euros"

Siete años después de terminar una réplica de la catedral de Amberes, de casi tres metros de altura, el belga Nick Mortier la pone a la venta para hacer sitio en casa a su próximo proyecto.

Lo tiene todo para ser una historia de de novela, emblema de lacultura y de arquitectura y fuente de inspiración de artistas y escritores. La Sagrada Familia, en Barcelona, que Gaudí dejó inacabada es única, y punto.Getty Images

A Nick Mortier le sobra talento, pero le falta espacio. En el desván de su casa, este belga de 38 años convive desde hace más de siete con un monumental inquilino de plástico: una réplica de la catedral de Nuestra Señora de Amberes construida con fichas de LEGO. Lo que en su día empezó como un desafío, ahora se ha convertido en un obstáculo que le impide avanzar hacia su nuevo proyecto, obligándole a tomar una drástica decisión.

Todo comenzó lejos de casa, el día que fue de visita a Colonia para ver una exposición de maquetas hechas con fichas de LEGO en la sede de un club de aficionados a este tipo de construcciones. "Habían construido la catedral de la ciudad con miles de bloques y quedé hipnotizado”, confiesa Mortier al periódico digital holandés HLN. “Fue un flechazo; en ese instante supe que quería intentar algo parecido". De vuelta a casa, hizo un primer ensayo con el campanario de su ciudad natal, Kortrijk, pero aquello solo fue un calentamiento. Su verdadero objetivo, su gran anhelo, es el de reproducir uno de los símbolos de Barcelona: la Sagrada Familia de Antoni Gaudí.

Sin embargo, antes de enfrentarse a las curvas imposibles de la basílica catalana, Mortier decidió ponerse a prueba con la construcción de otro edificio religioso con fichas LEGO: la catedral de Amberes. Pero esta vez, Nick no se iba a conformar con observar y analizar únicamente las fotografías del templo; viajó hasta la ciudad belga, se hizo con una copia de los planos originales para trasladar a escala todas las medidas de uno de los templos más importantes de la localidad. “Calcular las proporciones a partir de esos documentos fue, con mucha diferencia, lo más complejo”, ha explicado Mortier al diario neerlandés. El resultado, tras consumir unas 687 horas de paciencia y ensamblar casi 250.000 piezas de LEGO, asusta por sus dimensiones XXL: casi tres metros de alto y más de uno de ancho.

“No trabajaba todos los días. En verano, sin ir más lejos, ha dejado los bloques paralizados durante días. Si hace buen tiempo, prefiero estar fuera, en la calles y  que ha encerrado en el desván”, dice Sin embargo, cuando el tiempo empeora, su concentración regresa. “Hay épocas en las que no puedo parar y sigo construyendo sin descanso", explica .

Siete años después de colocar la última pieza, el joven constructor cambiaba de sernido.  “Me he cansado un poco de verla”, admite. El motivo no es el edificio en sí, sino lo que representa: un estorbo para su próximo sueño. Además de que Mortier ya ha empezado a trabajar en la Sagrada Familia, su “obra maestra definitiva”, pero la física es terca. “En mi desván no caben dos gigantes de este tamaño”.

Por eso, ha decidido poner la réplica a la venta. El precio responde a una lógica estrictamente material. “Mantener esta afición es carísimo y con lo que obtenga de la venta podré financiar los materiales del siguiente proyecto”, señala. “No busco lucrarme con mi tiempo; el precio refleja solo lo que costaron las piezas. Si tuviera que cobrar las horas de trabajo, el valor sería sencillamente inalcanzable”.

La operación incluye condiciones muy concretas. Mortier se encarga personalmente del transporte y del montaje final. “La maqueta está hecha por módulos, pero solo yo entiendo el rompecabezas. Lo más sensato es que la lleve yo mismo y la vuelva a montar en el lugar del comprador”. Está dispuesto a desplazarse lo que haga falta, aunque pone un límite con un toque de ironía: “Puedo ir lejos, pero no voy a llevarla a España”, dice, tratándose de su próximo destino creativo.

Sobre el posible comprador, Mortier es pragmático. “Quizá una empresa que quiera colocarla en su entrada, o la propia ciudad de Amberes”. Ya tuvo un acercamiento con las autoridades locales en el pasado, pero la respuesta fue desalentadora. “Me dijeron que no había presupuesto. No voy a suplicarles”.

Si no aparece nadie interesado, el final de la catedral será tan práctico como melancólico. “La desmontaré con todo el pesar de mi corazón y reutilizaré los bloques para la Sagrada Familia”. Al final, una catedral de plástico desaparecerá para que otra se construya.

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