Xiana, joven harta de las redes sociales, sobre las influencers: "Antes me encantaban, pero llega un punto en el que ya no puedo más, me genera rechazo"
"Yo siempre fui una persona de internet y ahora estoy huyendo de internet".

Cada vez más usuarios buscan "desintoxicarse" de las redes sociales. Muchos toman conciencia del tiempo que pasan frente a la pantalla y del impacto que puede tener un consumo constante de contenido que ya no les aporta ni les representa.
En este contexto, también crece el hartazgo hacia las influencers, cuyo estilo de vida se percibe cada vez más lejano de la realidad cotidiana de quienes consumen su contenido basado en su día a día.
Xiana es una de esas personas que ha decidido dar un paso atrás. Llegó a tener dos cuentas de Instagram y ahora no tiene ninguna. "Yo ya no podía más", explica en una publicación de TikTok.
Un vínculo cercano pero inexistente
"Últimamente pienso mucho en las influencers. Ya no veo nada de lo que hacen porque me genera rechazo. Llega un punto en el que pasan de ser personas que dices 'qué majas, podrían ser yo' a vivir unas vidas que dices 'pero qué es esto'", reflexiona
Su sensación refleja un fenómeno cada vez más comentado: cuando muchos creadores comienzan en redes sociales, comparten una vida cercana, con estudios o trabajo, viajes ocasionales y entornos cotidianos. Sin embargo, a medida que crecen, las campañas publicitarias y colaboraciones les permiten mejorar rápidamente su nivel de vida.
Ese cambio, comprensible desde el punto de vista económico, suele venir acompañado de un giro en el contenido: pisos propios, viajes constantes, invitaciones a eventos exclusivos o experiencias inaccesibles para la mayoría.
Una vida que no está al alcance de todo el mundo
Para parte de la audiencia, ese salto rompe la identificación inicial. "No quiero verlo", continúa Xiana. "No quiero ver que estás en la otra punta del mundo cada mes recomendando sitios cuando nadie va a ir porque la gente no puede hacer lo que haces".
La joven también señala que algunos destinos que antes se consideraban especiales han pasado a formar parte de la rutina del contenido influencer. "Es que no les vale París ni Londres, es como que esos destinos quedan solo para algún finde corto que no se quieren quedar en casa", comenta.
Todas con los mismos patrones estéticos
Además, critica la homogeneización estética entre creadoras. "Todas las influencers son iguales. Los chicos pueden ser como quieran ser, pero ellas tienen que ser delgadas, retocadas, guapísimas…", afirma.
Este cansancio conecta con lo que algunos analistas ya denominan "fatiga de influencers": un rechazo creciente al exceso de lujo, la superficialidad y la falta de autenticidad percibida. La propia Xiana lo admite: "Yo siempre fui una persona de internet y ahora estoy huyendo de internet".
Como consecuencia, muchos usuarios buscan perfiles más cotidianos, transparentes y cercanos, mientras algunas marcas comienzan a replantearse sus estrategias tras años apostando por estilos de vida aspiracionales.
