"Mezcla de asombro y horror": el descubrimiento de los científicos sobre las rémoras que se esconden dentro de las mantarrayas
“Mi primera reacción fue una mezcla de asombro y horror”.

Durante años, las rémoras han sido conocidas como las “autoestopistas” del océano. Estos peces, capaces de adherirse al cuerpo de tiburones, tortugas o ballenas gracias a una especie de ventosa natural, parecían limitarse a viajar pegados a animales más grandes mientras se alimentaban de restos y parásitos. Pero un nuevo estudio acaba de descubrir un comportamiento tan extraño como inquietante.
Investigadores de la Universidad de Miami han documentado por primera vez cómo algunas rémoras se esconden literalmente dentro de las mantarrayas, introduciéndose en su ano. El hallazgo, publicado en la revista científica Ecology and Evolution, ha dejado desconcertados incluso a los propios expertos.
“Mi primera reacción fue una mezcla de asombro y horror”, reconoció el biólogo marino David Shiffman, que no participó en el estudio. “Es increíble que las rémoras puedan hacer eso, pero me imagino que no debe ser nada divertido para la manta raya”.
Un comportamiento jamás documentado
La observación se produjo cuando un buceador detectó a una rémora junto a la aleta pélvica de una mantarraya atlántica adulta. Al percibir la presencia humana, el pez reaccionó de una forma completamente inesperada.
Según relatan los investigadores, la rémora “se abalanzó sobre la abertura cloacal de la manta raya a la velocidad del rayo”. Poco después, la manta “tembló brevemente antes de seguir nadando con la rémora aún dentro”.
Emily Yeager, estudiante de doctorado en Biología Marina y autora principal del estudio, aseguró que “el comportamiento del pez ventosa (más conocido como rémora) es bastante extraño”. Hasta ahora, la comunidad científica consideraba que las rémoras mantenían una relación relativamente inocua con sus huéspedes marinos.
De “limpiador” del océano a posible fuente de estrés
Las rémoras suelen adherirse a tiburones, tortugas o cetáceos utilizando una aleta dorsal modificada que funciona como ventosa. Durante décadas se creyó que ayudaban a estos animales eliminando parásitos de su piel mientras viajaban junto a ellos. Sin embargo, este nuevo hallazgo plantea otra hipótesis: que también utilizan a las mantarrayas como refugio frente a posibles amenazas externas.
El ano de las mantarrayas cumple funciones reproductivas y de excreción, por lo que la presencia de peces en esa zona podría generar molestias importantes. Según Yeager, la entrada y salida de las rémoras “podría causar lesiones o estrés” en las mantarrayas.
Además, los investigadores también observaron que algunas rayas intentaban librarse de estos peces saltando fuera del agua o restregándose contra la arena marina, aunque en muchas ocasiones no lo conseguían.
Un descubrimiento que abre nuevas incógnitas
Para elaborar el estudio, el científico Yeager recopiló observaciones de investigadores de distintas partes del mundo y logró identificar siete casos similares durante los últimos 15 años.
Los episodios fueron registrados en lugares tan diferentes como Florida o las Maldivas, lo que sugiere que podría tratarse de un comportamiento más extendido de lo que se pensaba, aunque difícil de detectar.
“A menudo simplemente se las ve nadando junto a sus huéspedes sin que esto tenga ningún efecto negativo sobre ellos”, explicó Yeager. Pero este nuevo comportamiento abre ahora nuevas preguntas sobre la relación entre ambas especies y sobre los efectos reales que estas “autoestopistas” del océano podrían estar causando en las mantarrayas.
