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21/06/2012 10:32 CEST | Actualizado 20/08/2012 11:12 CEST

Lady Kate nunca será Lady Di

Acaso no sea un icono como Diana, que representaba a la perfección el papel de princesa de otros mundos. Kate es de éste. Y esa accesibilidad es la esencia de su magia.

La corona inglesa aprende de sus errores. Y Catalina es la prueba de ello. La Casa Real Británica ha generado con el jubileo más de veinte mil millones de euros y unos índices de popularidad históricos debido al éxito incontestable de Kate Middleton. La duquesa de Cambridge es Trending Topic cada vez que se muestra en público, y encabeza las búsquedas en internet y las listas de las It Girl más imitadas junto a Carlota Casiraghi. Se estima que sus elecciones en moda han generado beneficios que ascienden a los 1,5 millones de dólares porque todo lo que lleva se vende de inmediato. Entre otras cosas, gracias a la web www.whatkatewore.com, inspirada en ella y que, desde abril 2011 hasta hoy, ha conseguido más de cuatro millones de visitas. Su capacidad para influir en el mercado de moda rebasa la influencia de Angelina Jolie y Sarah Jessica Parker. Y mantiene una clamorosa ventaja sobre sus homónimas reales europeas. De hecho ya no se mide con ellas. Ascendió de división. Ahora juega en el equipo de honor de las Celebrities más deslumbrantes del planeta. Por eso Anne Wintour, el Alma Mater de las ediciones de Vogue, desea convertirla en portada. Algo que, según dicen, no permitirán los asesores de la duquesa, encargados de velar milimétricamente por cada uno de sus, hasta ahora, acertados pasos sociales.

La Reina está en deuda con Kate. Y Kate le debe mucho a Diana. Su difunta suegra le ha marcado el camino opuesto que debe seguir. Empezando por un noviazgo largo, que en palabras del príncipe Williams, le sirvió para estar seguro de que siempre le sería fiel y no viviría el infierno de sus padres. Su título universitario, sus espontáneas declaraciones en público, su afinidad generacional y, sobre todo, el extremo cuidado de sus asesores en diseñar una futura Reina 2.0, son algunas de las importantísimas diferencias.

Cada uno de los detalles que conforman su vida pública parecen no tener importancia. Pero permítanme dudar de la casualidad cuando ves que la secuencia de todos ellos siempre suma. Recordemos algunos de sus logros no meditados -¿o si?- pero en cualquier caso eficaces, que le han granjeado el cariño británico y foráneo.

Kate Middleton nos ha fascinado desde su boda. Pero antes de casarse cuesta esfuerzo recordarla. En sus tiempos de noviazgo, apenas fue una discreta universitaria que no sonreía en público. Sin embargo, esa apocada jovencita se atrevió a desfilar con un vestido completamente transparente en una pasarela benéfica en la Universidad de St Andrews sabiendo que en primera fila se sentaría el futuro Rey de Inglaterra. A partir de ese momento ya no protagonizó más titulares. La Casa Real ordenó perfil bajo. Y el mandamiento se cumplió hasta el día de su boda.

Los dos vestidos con los que se estrenó en sociedad; el azul de su compromiso oficial, y el blanco de las fotos oficiales del noviazgo, provocaron un irrefrenable deseo de compra. Se agotaron pocas horas después de hacerse públicas las imágenes. Y así ha sucedido con todos sus estilismos desde entonces. Reiss, una firma nada relevante hasta que Catalina se fijó en ella, acaba de anunciar su expansión con 13 tiendas en EE UU.

De nuevo acertó en la elección de la firma de su vestido de novia: Alexander McQueen, un genio incuestionable de la costura. Un diseñador británico admirado internacionalmente. Pero también una personalidad depresiva que probablemente no hubiera sido el elegido de haber continuado con vida. Demasiado maldito para pasar a la historia como creador del atuendo nupcial. Y menos todavía como diseñador principal del vestuario de la futura Reina de Inglaterra. Sin embargo, sí lo es Sarah Burton, su heredera. Su mano derecha durante años. Ella ha aportado los ingredientes clave; experiencia, femineidad y anonimato. ¡Jugada perfecta! Una firma de lujo consagrada y adaptada a la personalidad de la duquesa. Burton ha puesto el broche de oro con sus diseños en el jubileo de Isabel II. Y volverá a vivir su momento de gloria próximamente recibiendo la Orden del Imperio Británico de manos de la propia Reina de Inglaterra.

Aunque si el difunto diseñador levantara la cabeza, quizá fallecería de nuevo al ver su nombre en estos diseños que apenas recuerdan su estética gótica, sus volúmenes, y su espectacular lirismo. Pero ya sabemos que las grandes casas de costura están muy por encima de la identidad de sus creadores. Así lo ha demostrado desde siempre la historia de la moda. Dior, Valentino, Helmunt Lang, Jil Sander o, más cerca, Josep Font son sólo algunas pruebas.



A pesar de ello, las únicas críticas al traje nupcial vinieron por el tamaño de la cola de su vestido. Demasiado corta para algunos, que echaron de menos la grandiosidad del velo de Lady Di. Pero Catalina, no quiso arrastrar más peso a sus espaldas y prefirió dar pasos seguros. Los firmes glúteos de su hermana Pippa velando el trazado de la tela, hicieron que el discreto manto pasara, sin merecerlo, a la posteridad. ¿Otro golpe de popularidad improvisado?

Sus numerosas apariciones públicas comprando en firmas como Zara, y H&M, su primer discurso en público luciendo un vestido de su madre, o sus estilismos, frecuentemente repetidos, son una declaración de intenciones para esta "Princesa Low Cost" que, recordemos, todavía es duquesa. Un baño de normalidad que ha dado brillo a la corona británica. No es de extrañar que disfrute del cariño de Isabel II como jamás lo hizo Diana. La Reina de Inglaterra adora estos gestos ahorrativos que en momentos de crisis tanto acercan la monarquía al pueblo.

Catalina tiene la altura de una modelo y un cuerpo atlético y tonificado que hace que todo le quede bien. Y aún así, ha sabido perfeccionar su imagen con acierto. Ha corregido su dentadura, ha perdido peso y delineado sus cejas y con frecuencia utiliza extensiones capilares, como muestra alguna foto indiscreta. Para algunos está demasiado delgada. Pero su óvalo redondeado le obligarán siempre a limitar sus kilos si quiere dibujar sus pómulos y lucir ángulos faciales. El autor de su cautivadora sonrisa ha conseguido que no se parezca en nada a la que tenía antes. Se trata de un prestigioso odontólogo francés que utiliza una técnica de micro-rotación que alinea de manera imperfecta los dientes para que el resultado sea natural. El mensaje que transmite no puede ser más real. Es como si quisiera decirle a todas y cada una de las mujeres que la observan: querida, tú también puedes.



Pero sin duda lo más admirado es su infatigable espontaneidad. Ninguna situación improvisada compromete su estilo. Da igual que se trate de marcar gol en un partido de hockey, voltear un pancake con una sartén, o lucir pierna como Angelina. No padece la presión mediática como Lady Di y sonríe sin miedo a las cámaras. Su actitud es, sin duda, su mejor accesorio de moda.

Waity Katie (Katie la que espera) como la llamaron algunos malvados durante los nueve años de noviazgo eterno, es hoy feliz por haber sido tan paciente. Su esfuerzo se ha visto recompensado. Su nombre se empieza a escuchar entre los nostálgicos de Jackie Kennedy, Carolyn Bessette, o Grace Kelly. Mujeres que, sin embargo, cambiaron la forma de vestir de otras mujeres. Algo que quizá le venga grande al vestuario de Kate. Demasiado conservador y clásico.

Acaso no sea un icono como Diana, que representaba a la perfección el papel de princesa de otros mundos. Kate es de éste. Y esa accesibilidad es la esencia de su magia.

Ambas personalidades, opuestas, comparten ya el mismo frenesí mediático, pero, ¿logrará Catalina llegar a ser Lady Kate...? Probablemente no tenga ningún interés en convertirse en leyenda.

RESPONSABLEMENTE