Científicos consiguen que la gente sea menos egoísta aplicando electricidad en el cerebro: "En ningún momento sentí que afectara a mis decisiones"
Basado en un simple juego económico, investigadores de la Universidad de Zúrich prueban que se puede "activar" el altruismo de forma artificial "durante un tiempo determinado".
Que la ciencia avanza a pasos agigantados no es algo baladí. En un contexto en el que todo parece cuantificable y modificable... ¿Se puede "activar" el altruismo con una descarga eléctrica? Hace apenas unos pocos años esto sería poco más que una quimera, pero en pleno 2026 todo parece posible a la vista de un reciente estudio realizado por la Universidad de Zúrich.
Los investigadores han demostrado que, "si se estimulan determinadas zonas del cerebro", se puede conseguir que las personas sean menos egoístas a la hora de tomar decisiones, al menos durante "un tiempo determinado".
El experimento diseñado para probar esta hipótesis fue tan sencillo como efectivo: reunieron a 44 voluntarios para participar en un juego económico básico. La dinámica consistía en repartir una cantidad de dinero entre ellos mismos y una persona anónima, planteando el eterno dilema moral: quedarse con casi todo el botín o compartir una parte con el desconocido.
Justo en el momento crítico de la toma de decisiones, los investigadores aplicaron dos corrientes eléctricas en dos zonas muy concretas del cerebro: la parte frontal y la parte parietal.
"No fueron efectos muy grandes, pero sí claros"
Estas descargas no produjeron ningún milagro. Sin embargo, el estudio demuestra que cuando las dos áreas del cerebro fueron estimuladas a la vez, los participantes se decidieron por compartir más dinero. "No fueron efectos muy grandes, pero sí estadísticamente claros", explica el profesor Christian Ruff, uno de los autores de este estudio, en declaraciones a la BBC.
Uno de los voluntarios, que ha preferido mantener el anonimato, ha explicado que la experiencia fue "como una ducha caliente o pequeñas gotas de lluvia" en el pelo. "En ningún momento tuve la sensación de que la estimulación estuviera influyendo en mis decisiones", ha asegurado.
En otras investigaciones anteriores, este mismo equipo ya había detectado ciertas conexiones entre estas dos áreas del cerebro cuando se tomaba una decisión más altruista, de ahí que fueran las elegidas en ser "activadas".
La base científica reside en que son dos zonas del cerebro íntimamente relacionadas con la empatía, con la capacidad de colocarse en el lugar del otro; al potenciar artificialmente su conexión, el comportamiento altruista se ve favorecido.
Asumiendo esto como una certeza, los científicos pasaron a la siguiente fase: ¿Es posible potenciar esta conexión de manera artificial? La respuesta a esta pregunta parece ser afirmativa, al menos durante un tiempo determinado.
¿Posible aplicación clínica?
La importancia del descubrimiento va más allá de la curiosidad académica, abriendo la puerta a una "posible aplicación clínica". Los expertos sugieren que estas técnicas podrían convertirse en "herramientas terapéuticas" para personas que sufren trastornos que afectan a su comportamiento social.
Aunque los efectos observados fueron breves, el propio Ruff compara el proceso con ir al gimnasio: "Un entrenamiento de un día no cambia el cuerpo, pero la constancia y la repetición sí pueden acabar dando resultados y provocando transformaciones reales". Por eso, los investigadores hablan de la necesidad de buscar la repetición de estos estímulos, algo que ya debería hacerse "bajo control médico".
La otra pregunta que flota en el aire es qué puede ocurrir si se demuestra que se puede influir, de forma artificial, en las decisiones de las personas. Los investigadores aseguran que no y que "el comportamiento humano ya está muy influenciado por factores externos como la publicidad o las redes sociales"