La 'fábrica oscura' china que duplica la producción del caza furtivo J-20 reduce un 80% el trabajo humano: el modelo para fabricar 1.000 aviones en 2030
La planta opera prácticamente a oscuras, con vehículos autónomos y maquinaria controlada por inteligencia artificial funcionando las 24 horas del día para acelerar la producción del principal avión de combate de China.
China acaba de dar un paso más en la carrera tecnológica y militar que mantiene con Estados Unidos.
Y lo ha hecho desde una fábrica donde casi no hay trabajadores, apenas se encienden las luces y las máquinas no descansan nunca.
El gigante asiático ha logrado más que duplicar la eficiencia en la producción de componentes de su avión de combate más avanzado gracias a una llamada "fábrica oscura", una instalación altamente automatizada en la que vehículos autónomos y sistemas impulsados por inteligencia artificial trabajan prácticamente las 24 horas del día.
El objetivo es claro: acelerar la fabricación del J-20, el caza furtivo conocido como "Mighty Dragon" y considerado la respuesta china al F-22 Raptor estadounidense.
Una fábrica donde casi no hay personas
Las denominadas "dark factories" o fábricas oscuras son uno de los grandes símbolos de la nueva revolución industrial china.
Se trata de instalaciones diseñadas para funcionar con una intervención humana mínima o prácticamente inexistente.
Al no necesitar operarios de forma constante, tampoco requieren iluminación permanente, lo que reduce costes energéticos y permite mantener la producción de forma ininterrumpida.
Según informa el diario oficial chino Science and Technology Daily, la planta encargada de fabricar componentes del J-20 ha conseguido automatizar un proceso que hasta hace poco requería supervisión humana continua.
Ahora, gran parte de la estructura básica de los aviones puede fabricarse prácticamente en la oscuridad.
El caza estrella de Pekín
El J-20 ocupa un lugar central dentro de la modernización militar impulsada por Pekín durante la última década.
Desarrollado por la Corporación Aeronáutica de Chengdu, integrada en el conglomerado estatal AVIC, el avión fue declarado operativo en 2018 y comenzó a producirse en serie dos años después.
Considerado un caza de quinta generación, el aparato está diseñado para competir con algunos de los modelos más avanzados de Estados Unidos.
Y no es precisamente sencillo de fabricar.
Según explicó Song Ge, responsable del centro de fabricación digital de la planta de Chengdu, cada avión incorpora miles de componentes únicos que requieren procesos de producción extremadamente complejos.
El plan de fondo: fabricar a una escala nunca vista
Aunque el artículo original se centra en la mejora de la eficiencia productiva, detrás de esta apuesta tecnológica hay una ambición mucho más amplia.
China lleva años acelerando la modernización de sus fuerzas armadas y aumentando el ritmo de producción de sus sistemas más avanzados. La automatización masiva aparece como una herramienta clave para sostener ese crecimiento.
Reducir la dependencia de la mano de obra, mantener las líneas de producción funcionando prácticamente sin interrupciones y abaratar costes son ventajas especialmente atractivas en una industria donde cada día de fabricación cuenta.
La guerra industrial del siglo XXI
Más allá de los aviones, el caso del J-20 refleja una tendencia mucho más profunda. La competencia entre potencias ya no se libra únicamente en laboratorios militares o en los cielos.
También se juega en las fábricas.
Mientras Estados Unidos, Europa y China compiten por liderar la inteligencia artificial, los semiconductores o la robótica avanzada, las plantas completamente automatizadas empiezan a convertirse en una pieza estratégica.
Y la imagen resulta bastante simbólica: una fábrica casi vacía, funcionando a oscuras, produciendo uno de los aviones de combate más sofisticados del planeta sin apenas intervención humana.
Una escena que parece sacada de una película de ciencia ficción, pero que ya forma parte de la realidad industrial china.