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Ishiguro Hiroshi, ingeniero experto en androides, sobre el vínculo de Japón con los robots: "Creemos que cada cosa, desde botellas a sillas, tiene un alma"

Ishiguro Hiroshi, ingeniero experto en androides, sobre el vínculo de Japón con los robots: "Creemos que cada cosa, desde botellas a sillas, tiene un alma"

Aibo, Lovot y Pepper protagonizan el fenómeno de las mascotas robóticas que conquista los hogares japoneses.

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El ingeniero Ishiguro Hiroshi explica por qué Japón mantiene un vínculo único con los robots y cómo Aibo, Lovot o Pepper se han convertido en parte de la familia.A3634 Friso Gentsch

La decisión de Sony de dejar de vender Aibo en Japón ha provocado una oleada de tristeza entre miles de propietarios del robot mascota. Para muchos no es un simple dispositivo tecnológico, sino un miembro más de la familia

La reacción puede resultar difícil de entender desde una perspectiva occidental, pero para el ingeniero Ishiguro Hiroshi, uno de los mayores expertos mundiales en androides, existe una explicación profundamente cultural: en Japón se considera que prácticamente todo tiene alma. 

Todos son iguales

"Creemos que todo —botellas, escritorios, sillas— tiene alma", explica el director del Laboratorio de Robótica Inteligente de la Universidad de Osaka en una entrevista con Neue Luxury, conocido también por haber creado un androide con su propia apariencia. "La nuestra es una sociedad homogénea; en la familia nunca distinguimos entre sus miembros, los gatos o los perros. Todo tiene alma por igual", añade.

Esa visión ayuda a entender por qué los robots forman parte de la vida cotidiana en Japón con una naturalidad que sorprende fuera del país.

Todo comenzó en 1999 con el lanzamiento del primer Aibo, el perro robot de Sony. La última generación, el modelo ERS-1000, ha llevado esa relación un paso más allá gracias a la inteligencia artificial. 

Retirada de un producto como si fuera un funeral

El robot aprende de las interacciones con sus propietarios, almacena información en la nube y adapta progresivamente su comportamiento a cada familia. Con apenas 30 centímetros de altura, grandes ojos capaces de expresar emociones y una cámara integrada en la nariz, conquistó a más de 20.000 compradores durante sus primeros seis meses en el mercado, pese a costar alrededor de 2.500 euros.

La noticia de que Sony dejará de comercializarlo en Japón cuando se agoten las existencias ha generado una avalancha de mensajes en redes sociales. Muchos usuarios expresan una sensación muy parecida a la pérdida de una mascota real, aunque la compañía ha confirmado que seguirá ofreciendo soporte técnico y reparaciones para los modelos existentes.

El concepto japonés que explica la relación entre humanos y robots

Para entender este fenómeno hay que conocer un término japonés poco conocido fuera del ámbito académico: Sonzai Kan, que puede traducirse como "sensación de presencia".

En filosofía y en los estudios sobre interacción entre personas y ordenadores, este concepto describe la atmósfera emocional que surge al estar junto a otro ser, incluso cuando ese ser es un avatar digital o un robot.

Por eso, cuando alguien llega a casa después de una larga jornada de trabajo y Aibo mueve la cola, gira la cabeza o reacciona a su estado de ánimo, el vínculo emocional aparece de forma casi natural. No se trata únicamente de tecnología, sino de compañía.

Del perro Aibo a robots que buscan abrazos o enfrían el café

El éxito de Aibo ha impulsado una auténtica industria de mascotas robóticas en Japón. Uno de los ejemplos más conocidos es Lovot, desarrollado por Kaname Hayashi, creador también del robot humanoide Pepper. Este pequeño robot, con aspecto que recuerda vagamente a un pingüino, no está diseñado para realizar tareas domésticas. Su única misión es generar afecto

Emite sonidos similares a los de un bebé, busca el contacto físico, reconoce el estado de ánimo de su propietario y dispone de un cuerpo cálido que invita a abrazarlo. Incluso puede vigilar la vivienda y avisar cuando alguien llama a la puerta. 

Otro caso es Qoobo, una almohada con cola de gato que responde a las caricias moviendo la cola. Ensayos realizados con personas mayores en residencias mostraron que su presencia favorecía las conversaciones y aumentaba la interacción social entre los usuarios.

También existen robots con funciones más prácticas, como Bocco Emo, que lee en voz alta los mensajes enviados por los familiares y controla distintos sensores del hogar, o Nekojita FuFu, un pequeño gato robótico diseñado para soplar bebidas calientes y ayudar a enfriarlas antes de consumirlas.

Muchos de estos dispositivos también se utilizan con fines terapéuticos en hospitales y centros para mayores, donde ayudan a reducir la sensación de soledad y fomentan la estimulación emocional.

Más allá de la tecnología, todos responden a una misma idea: en Japón, convivir con un robot no se percibe como una sustitución de las relaciones humanas, sino como una extensión natural de ellas.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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