Ucrania tiene un nuevo arma capaz de derribar drones rusos a 5 kilómetros de distancia: se basa en un antiguo misil soviético
El nuevo sistema antiaéreo Ryf, desarrollado y fabricado en plena guerra, ya está siendo utilizado para interceptar aeronaves no tripuladas y promete duplicar la capacidad de fuego de los veteranos Strela-10.

La guerra en Ucrania se ha convertido en una carrera constante entre ataque y defensa. Mientras Rusia multiplica el uso de drones para saturar las defensas enemigas, Kiev busca soluciones que le permitan derribar esas amenazas de forma rápida, barata y, sobre todo, sostenible. En ese contexto ha emergido una nueva arma desarrollada en plena guerra: el sistema antiaéreo Ryf.
Se trata de un lanzador de misiles tierra-aire de fabricación ucraniana que ya ha entrado en producción en serie y que, según las propias fuerzas armadas del país, está siendo utilizado desde enero de 2026 para interceptar drones rusos. Su estreno operativo supone además un ejemplo de cómo Ucrania está aprovechando tecnología heredada de la Unión Soviética para crear sistemas adaptados a las necesidades actuales del conflicto.
Un misil nuevo sobre una base soviética
El Ryf tiene una peculiaridad: no parte de cero. El sistema utiliza como plataforma el veterano Strela-10 soviético, un vehículo antiaéreo de cadenas diseñado durante la Guerra Fría. Ucrania ha conservado el chasis, el mecanismo de lanzamiento y parte de la estructura original, pero ha sustituido los misiles y los equipos de control por tecnología propia.
El resultado es un sistema equipado con cuatro misiles RK-10 alojados en contenedores sellados y acompañado de una moderna estación electroóptica capaz de detectar y seguir objetivos mediante cámaras diurnas, visión térmica y telémetro láser.
Capaz de abatir drones a varios kilómetros
Las primeras imágenes difundidas por medios ucranianos muestran al Ryf derribando un dron ruso a una distancia estimada de entre cuatro y cinco kilómetros. Aunque esa cifra ya resulta suficiente para proteger posiciones estratégicas, se encuentra por debajo del alcance máximo anunciado para el sistema, que rondaría los 10 kilómetros.
Los misiles RK-10 emplean un sistema de guiado por haz láser. En lugar de buscar el objetivo de manera autónoma, el operador mantiene el seguimiento y el misil "viaja" dentro de un haz láser codificado hasta impactar contra el blanco. Es una tecnología utilizada también por sistemas occidentales como el sueco RBS 70 o el británico Stormer HVM.
Un proyecto terminado bajo las bombas
El desarrollo del Ryf estaba ya avanzado antes de la invasión rusa de febrero de 2022. De hecho, el misil RK-10 completó sus primeras pruebas de fuego real en diciembre de 2021, apenas unas semanas antes del inicio de la guerra a gran escala.
Sin embargo, el conflicto obligó a finalizar el proyecto en condiciones excepcionales. Pese a ello, Ucrania logró completar su desarrollo, iniciar la fabricación en serie y desplegarlo en unidades operativas, algo especialmente relevante en un contexto en el que los ataques con drones se han convertido en una de las principales amenazas para las ciudades y las infraestructuras del país.
Menos dependencia y más capacidad de respuesta
La aparición del Ryf responde también a un problema logístico. Ucrania sigue utilizando sistemas Strela-10 heredados de la época soviética, pero conseguir misiles compatibles resulta cada vez más complicado. Las reservas son limitadas y la producción original desapareció hace décadas.
La solución ha sido crear un misil nacional que permita seguir aprovechando los lanzadores existentes. Además, mientras algunos Strela-10 operan con apenas dos misiles disponibles, los nuevos Ryf pueden desplegar cuatro interceptores listos para disparar.
Para Kiev, la ventaja es doble: mantiene en servicio plataformas que ya conoce y garantiza una fuente propia de munición para defenderse de una amenaza que no deja de crecer sobre sus cielos.
