El 65% de los comercios de la Gran Vía de Madrid ya no tiene rótulo en español: el geógrafo que mide la turistificación explica qué han perdido los vecinos de verdad
“El público que interesa ya no es el residente de la ciudad, sino que es un público internacional”.

La transformación de los centros de las ciudades es ya una realidad en muchas ciudades europeas. Calles emblemáticas que antes reflejaban la identidad local se han convertido en espacios homogéneos, dominados por franquicias, marcas internacionales y mensajes pensados para un visitante que no vive allí, que solo está de paso.
Ese es el diagnóstico que plantea Vicent Molins, geógrafo y director de Agència Districte, durante una ponencia organizada por la Asociación Española para la Gerencia de los Centros Urbanos (AGECU) sobre los efectos de la turistificación en las ciudades y su tejido comercial.
Una ciudad que empieza a parecerse a todas
“Voy a Lisboa, voy a Barcelona, voy a tal… y me parece prácticamente la misma ciudad”, crítica Molins, describiendo una sensación compartida por muchos ciudadanos. ”Paseo por el centro y es prácticamente todo lo mismo. Evidentemente hay un punto de exageración, pero esta percepción está basada en ciertos hechos reales”, añade el geógrafo. El problema, según explica Molins, no es solo estético: “Nuestro espacio más representativo, el que representa la cultura y los valores de un lugar, prácticamente ya no tiene nada que ver con esos valores”.
“En la Gran Vía de Madrid el 65% de los comercios ya no tienen ningún rótulo en español”, lamenta el ponente. Y, además, el ejemplo de Madrid no es único. En Valencia, señala Molins, solo el 39% de los comercios de su principal eje comercial tiene rótulos en español, frente a un 30% en inglés, inglés, 6% en italiano, 4% en francés y 2% en valenciano.
La desaparición de los vecinos
Sin embargo, Molins advierte contra una lectura simplista del fenómeno. “No disparemos contra las tiendas de yogur helado”, afirma. Para él, el foco no debe ponerse en los negocios, sino en el contexto que los hace posibles.
“Lo que nos tenemos que preguntar es por qué en esos espacios paradigmáticos solo hay personas que necesitan yogur helado”, plantea. Según el geólogo, la clave está en el tipo de público que ocupa esos espacios.
“El público que interesa ya no es el residente de la ciudad, sino que es un público internacional”, explica el experto, lo cual asegura que condiciona toda la oferta comercial: desde los productos hasta el idioma de los rótulos.
“La gentrificación siempre ha existido, es cierto, las ciudades son espacios en los que el movimiento poblacional es constante y, por tanto, normalmente por una cuestión de renta unas capas sustituyen a otras y un barrio que era humilde, de repente, se convierte en un barrio de moda y la gente que vivía ya no puede vivir allí”, explica el ponente.
“Esto es así, muy a grosso modo, y en parte es lógico, en parte es un proceso inherente a nuestras ciudades; pero lo que no lo que no venía siendo tan inherente y a lo que no estamos acostumbrados es que esa sustitución se produzca por gente en tránsito en lugar de por residentes”, apunta.
Menos diversidad, más repetición y pérdida de identidad. Este fenómeno, vinculado a la turistificación y al aumento de los precios, tiene consecuencias directas en la vida urbana. Sin residentes, los comercios dejan de responder a necesidades cotidianas y pasan a orientarse exclusivamente al visitante.
“El desplazamiento de los residentes a causa de la gentrificación no solo ocurre en el ámbito de la vivienda, sino que ocurre igual con los equipamientos comerciales”, apunta el geólogo.
“En buena parte por motivos de renta ha habido ha habido un repliegue a favor de otros comercios que tampoco buscan, claro que no, esa población estable, porque es menos rentable, no nos engañemos. Por tanto, lo que buscan es el tránsito”, subraya el ponente.
El papel de la planificación urbana
El resultado de todo esto es una pérdida progresiva de diversidad. “Cada vez hay mayor concentración empresarial”, advierte, lo que asegura que implica menos variedad y más repetición de fórmulas que ya funcionan.
“Necesitamos resultados a corto plazo. Y el atajo es repetir lo que sabemos que funciona”, señala. De ahí la proliferación de negocios similares en distintas ciudades, generando esa sensación de “copia” entre destinos.
Para revertir esta tendencia, Molins propone una idea clave: las ciudades necesitan un “guion”. Es decir, una estrategia clara sobre qué tipo de espacio urbano quieren construir. Y ese guion pasa, según explica el experto, por garantizar un “sustrato mixto”: diversidad de personas, usos y actividades.
Y eso solo es posible si se asegura la presencia de residentes viviendo en los centros de las ciudades. “Si una ciudad quiere tener soberanía sobre sus espacios más representativos, necesita que haya gente viviendo en ellos”, concluye.
