Ibai explica cómo el 'método Coca-Cola Zero' lo salvó de la gula: un médico replica y da un matiz
"A veces no es hambre, es sed".
Cuando el hambre aprieta, la teoría nutricional suele saltar por la ventana. En ese terreno pantanoso, Ibai Llanos ha compartido uno de esos trucos poco épicos, pero extremadamente reales, que le funcionan cuando la gula amenaza con arruinar el progreso: abrir una Coca-Cola Zero antes de acabar "comiéndome dos tartas de queso".
Ibai lo explica con honestidad, sin venderlo como un milagro ni como un consejo universal. "Son pequeños trucos. ¡Hostia, Jordi! Tengo mucha hambre, voy a tomarme una Coca-Cola Zero", comenta, consciente de que no es la opción que aparecería en un folleto de vida sana. "No, la Coca-Cola Zero no es lo más recomendable. Ya, pero a mí me ayuda", insiste. No lo hace por una pérdida de peso milagrosa, sino como un mecanismo de contención para evitar el desmadre calórico.
Ahí entra el médico estético Dr. Jordi, quien, en lugar de recurrir al rigorismo médico, aporta algo poco común en redes sociales: contexto. "Puede que tenga edulcorantes, que tenga aspartamo, que pueda ser inflamatorio…", concede el doctor, antes de lanzar la comparación que cambia la perspectiva. "Pero comparado con una Coca-Cola normal, que tiene casi medio vaso de azúcar, o comparado con decir 'es que me habría tomado tres postres'…".
La conclusión es clara: no es una opción perfecta, pero en el mundo real es el mal menor.
El problema es la cabeza
Esta estrategia no es nueva para Ibai. En intervenciones anteriores ya había señalado que el problema, a menudo, no es el apetito fisiológico, sino la ansiedad. "Trabajé con una psicóloga durante un tiempo para empezar a entender qué es hambre y qué no", explica. De ahí nace la pregunta incómoda que todos deberíamos hacernos: "¿Lo que tienes es hambre o es ansiedad?".
Su método para diferenciarlo es tan poco glamuroso como efectivo: pararse, esperar y comprobar. "Hacía esta reflexión conmigo mismo durante veinte minutos y se me pasaba el hambre", cuenta. Y cuando el impulso persistía, echaba mano de sus aliados: bebidas gaseosas sin azúcar, pepinillos o yogures desnatados; alimentos que no entusiasman a nadie, pero que mantienen la boca ocupada. "He comido pepinillos como un hijo de puta; estoy hasta los huevos de los pepinillos", reconoce sin filtros, alejándose de cualquier pose de lifestyle saludable.
El médico lo resume de forma pragmática: "Alimentos muy saciantes pero con pocas calorías para esos momentos de picoteo". Además, añade una obviedad que suele olvidarse entre tanto contenido de TikTok: "A veces no es hambre, es sed".