Los mecánicos avisan: calentar el coche parado solo tenía sentido antes de 1990 y explican por qué
La clave está en esa evolución de los lubricantes y de la mecánica, y seguir esa rutina "antigua" puedes ser incluso contraproducente.
En los meses de invierno era habitual, casi obligado, esta rutina al levantarte: no hablo de ducharte y desayunar, sino de más tarde, cuando bajas de casa, te metes en el coche y enciendes el motor durante un buen rato para que se caliente, mientras fuera hace un frío que pela. Para los que tienen coche eléctrico parece cosa antediluviana, pero ¿para el resto que siguen con coches de combustión?
Pues que sepas que con los coches modernos ya no es necesario, quedó atrás y solo tenía sentido hasta antes de los 90. Ahora te puedes ahorrar la rutina en el garaje o el aparcamiento, solo conseguirás perder unos minutos y gasolina. Olvida eso de calentar motor para que "coja temperatura". Es más, puede ser contraproducente.
No me calientes que si no...
La explicación es técnica y tiene fecha. Calentar el motor en parado tenía sentido en vehículos fabricados antes de los años noventa, cuando los aceites eran más densos, los sistemas de inyección menos precisos y la carburación necesitaba tiempo para estabilizarse. En aquellos coches, arrancar y salir de inmediato sí podía acelerar el desgaste. Hoy, el panorama es otro.
¿Por qué antes sí y ahora no? Un experto citado por el medio especializado Auto Plus lo resume de forma muy directa: "Los aceites modernos, mucho más fluidos, proporcionan una lubricación casi instantánea. Por lo tanto, ya no es necesario dejar que el motor se caliente durante diez minutos".
La clave está en esa evolución de los lubricantes y de la mecánica. Los aceites actuales mantienen una viscosidad estable incluso con temperaturas bajo cero, lo que permite que las piezas críticas del motor estén protegidas desde los primeros segundos tras el arranque.
Además, la inyección electrónica ajusta la mezcla de combustible con mucha más precisión que los antiguos sistemas, reduciendo los riesgos que antes justificaban la espera.
Ni tanto ni tan calvo
Eso no significa que haya que arrancar y salir "a cuchillo". En climas muy fríos, el propio experto admite que puede ser razonable dejar el motor al ralentí uno o dos minutos, pero no más. Ese breve margen permite que el aceite termine de circular y que el motor alcance una temperatura mínima de funcionamiento sin forzarlo. El coste es conocido: algo más de consumo y un pequeño aumento de emisiones.
Con climas muy fríos se entiende muy por debajo de cero, con meteorología extrema, con lo que en mayoría del país y la mayoría del año, no hace falta.
Qué pasa si dejas mucho el motor al ralentí
Aquí llega la advertencia que muchos conductores desconocen. En los coches modernos, mantener el motor al ralentí durante demasiado tiempo puede perjudicarlo. El motivo es poco intuitivo: parte del combustible no llega a quemarse correctamente, lo que favorece su acumulación y puede contaminar el aceite del motor.
Ese aceite degradado pierde capacidad de lubricación y protección, justo lo contrario de lo que se busca al "calentar" el coche. A largo plazo, el hábito puede traducirse en más desgaste interno, no en menos. Además, el ralentí prolongado aumenta las emisiones contaminantes sin aportar beneficios mecánicos reales.
Cómo conducir en frío sin dañar el motor
La forma correcta de cuidar el motor en invierno no es esperar parado, sino cómo se conduce durante los primeros kilómetros. Los especialistas insisten en varias pautas sencillas:
- Conduce suave al inicio: evita acelerones y cambios bruscos de ritmo.
- No fuerces el motor en frío: mantén las revoluciones moderadas hasta que alcance temperatura.
- Frena y acelera de forma progresiva: protege el motor y otros componentes, aunque esto es válido siempre.
- No alargues el ralentí por costumbre: no aporta ventajas reales en coches actuales.
Así que en pleno invierno, incluso con temperaturas bajo cero, la conclusión de los mecánicos es clara: calentar el coche diez minutos parado es cosa del pasado. Arranca, espera un momento razonable y conduce con cabeza. El motor —y tu bolsillo— lo agradecerán.