Ultraligera: "Escandalizar a veces es la única manera de despertar conciencia con respecto a ciertas realidades"
Entrevista con Gisme, el cantante de la banda madrileña que lanza este viernes 'Cuando todo vaya mal', el segundo adelanto de su segundo disco.
Ultraligera comenzó 2025 en pleno crecimiento de la mano de un primer disco, Pelo de foca, que les llevaría doce meses después a ser una de las bandas más aclamadas y en forma de la escena musical española. Las siete Rivieras llenas hasta la bandera de octubre fueron el final perfecto de un año de un grupo cuyos conciertos no dejan indiferente a nadie.
Con la resaca de ese logro todavía en el paladar, Ultraligera lanzó el pasado 27 de febrero Lapsus, el primer adelanto de su disco homónimo. El resultado, el mismo que en 2025: un éxito rotundo con más de un millón y medio de escuchas en su primer mes de vida.
Este viernes Gisme (voz), Coque (guitarra), Santas (bajo) y Martín (batería) han publicado Cuando todo vaya mal, una balada emocional que habla sobre la pérdida, tal y como confiesa el vocalista en una entrevista con El HuffPost en la que, además, se sincera sobre todo lo que han vivido en los últimos meses.
Tras un 2025 que fue vuestro año y con el cierre de las siete Rivieras, ¿cómo han sido estos meses desde entonces, habéis notado que ha sido un antes y un después?
De alguna manera sí, lo que pasa es que cada día se vive como un mundo cuando el tren va tan rápido. A veces uno, por tratar de segmentar el tiempo y ubicarse en lo que está viviendo, trata de establecer ahí líneas como, por ejemplo, la Riviera o un lanzamiento u otro, pero esos son solo los síntomas visibles de lo que está pasando de fondo, que es que Ultraligera no deja de crecer. La gente recomienda las canciones, lo vive en los directos y no es como que haya un gran concierto que catapultó a Ultraligera, sino que es como una acumulación de granito a granito con los que nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo tiene una intención auténtica de hacer música desde el corazón y hacerla para tratar de darle un sentido a nuestra vida y a la de los demás.
Creo que no ha habido ninguna línea que haya marcado ese antes y después porque desde hace un par de años la cosa no ha dejado de cambiar y ahí está nuestro reto, que es el de saber adaptarnos a lo que está pasando porque, lógicamente, la responsabilidad aumenta y hay momentos de presión y de tensión en los que hay que responder rápido y tratar de hacerlo bien. Esto es un regalo, pero con mucha responsabilidad.
Dices que el tren va muy rápido, ¿desde dentro os da tiempo a asimilar los éxitos?
Me encanta esta pregunta porque hace unos días volvíamos en coche con Coque del cumpleaños de un amigo y decíamos que habían pasado muchas cosas y que habían ido muy rápido, que parecía que cada día pasaba algo muy grande. Hemos vivido muchas cosas y hemos sentido el cariño de la gente. Ahora el lanzamiento del single de Lapsus ha sido de lejos el mejor que hayamos tenido en la historia de la banda con más de un millón y medio de escuchas en cuestión de pocas semanas.
Fue una apuesta porque el sonido ha sido más rotundo en la producción, hay más rock, más atrevimiento en las letras y una mayor definición de nuestra posición ante el mundo y ante la sensación de comunidad o las drogas. Siempre hay un cierto temor de que al arriesgarse pueda quedar fuera del proyecto gente que antes se había unido con ganas, pero la realidad es que la gente se ha metido dentro del concierto y nos está apoyando con ganas. Entonces, como en cualquier cosa grande que suceda, hay sensaciones agridulces, pero en este caso nos quedamos con las dulces, sin duda.
¿Os ha costado volver al estudio tras siete Rivieras o ha habido resaca emocional y física?
Sí, hubo una resaca real. Ese último domingo fueron más de cinco horas cantando encima del escenario, contando con las pruebas de sonido y luego vino una fiesta muy larga y después nos dimos cuenta de que con todo lo que habíamos aprendido en esta gira no podíamos esperar a que el cuerpo y las ideas se enfriaran y volver como si fuéramos nuevos. Queríamos que hubiera como una continuidad entre lo que ya venía siendo y este disco, es decir, depositar la adrenalina del directo dentro de las canciones.
No nos permitimos mucho tiempo de descanso y apenas una o dos semanas después de terminar las Rivieras estábamos ya ultimando canciones que traíamos compuestas de la gira, porque este disco se ha compuesto en furgonetas, hoteles y en esa franja de tiempo muerto y agónico que supone estar en el hotel desde la prueba de sonido hasta el concierto. Ahí no te puedes relajar del todo porque estás a punto de tocar para mucha gente, ni tampoco puedes estar tenso porque tienes que llegar como descansado. En ese rato yo compongo bien y es un disco que venía medio compuesto, solo teníamos que darle forma, vestirlo bien, hablar con nuestros productores y meternos en el estudio lo más pronto que pudimos.
¿Ha sido fácil salir del anonimato a ser integrantes de una banda reconocida?
A veces se hace raro salir a la calle y que te conozcan, eso es una sensación nueva. Por el tipo de gente que atrae la banda, en la mayoría de los casos es gente muy amable y es como una sensación de encontrarse con un viejo amigo, se acercan respetuosamente e insisten en decirle lo que les gusta Ultraligera. No es tanto un fanatismo personal sobre nosotros mismo, por eso no me ha llegado a agobiarme.
¿Esta pérdida del anonimato fue progresiva o de golpe?
Esta sensación fue de un mes a otro. Luego sí que hay momentos que quizás son ligeramente agobiantes, como por la noche donde las confianzas se confunden, pero son pocas veces. Realmente agradecemos muchísimo a los seguidores, se siente parte de esto y quieren hacer grande también el proyecto y nos ayudan con ello con los presaves, compartiendo las canciones, haciendo vídeos o incluso llevando las máscaras, como un seguidor que apareció en una sala y nos repartió caretas.
¿Antes de la publicación de Lapsus teníais miedo de defraudar por las expectativas creadas?
No, el miedo principal ha sido a ser coherentes con lo que veníamos a hacer. En este punto de una banda, cuando algo empieza a generar un éxito material, hay algo que puede tender a querer perpetuarlo y creemos que ahí es donde las bandas se corrompen. Nuestro objetivo final no es hacer dos Wizinks o llenar cosas muy grandes, a nosotros nos valdría una Riviera al año si hacemos el disco que queremos hacer, con las guitarras que nos apetecen y con nuestras temáticas. Ese ha sido el lema que teníamos en la grabación y si luego se convierte en el mejor lanzamiento de nuestra historia parece que se hace cierta la afirmación de que si haces algo de forma auténtica y desde el corazón suele funcionar. Lo que pasa es que hay mucha basura mental y mucha trama que hace que te tengas que parar, tomar aire y preguntarte por lo que te está pidiendo el cuerpo. Ese es el reto.
Ahora lanzáis una balada, ¿qué buscáis con ella?
Después de la energía y la potencia de Lapsus pensamos que era buen momento de sacar una balada, que vienen con la estela de las que veníamos haciendo hasta ahora. Son muy emocionales y terminan de romper. En este caso habla de la pérdida, tenía ganas de hablar de esa sensación de vértigo de pensar en alguien que ha fallecido y pensar que no lo puedes abrazar, que ya no existe y que no te vas a poder encontrar con esa persona. Es un vértigo de, ya no solo no acceder a ello, si no que es mi destino con la no existencia. Esta sensación y temática se fue condensando hasta que un día fuimos al estudio y, apenas 15 minutos antes de grabar uno de los temas, salí con una guitarra acústica y en 10 minutos hice una letra y terminamos grabando esta canción con los elementos que el resto de la banda introdujo. Le tenemos un especial cariño porque encima surgió de esta manera.
También vais a hacer una gira de festivales con más de 30 fechas, ¿os gusta más las salas o los festivales?
Yo soy más de salas, pero en realidad a cada formato le veo una ventaja. Los festivales me dan una alegría y cierta nostalgia porque me recuerdan a los campamentos de verano de cuando era niño con esa libertad de poder hacer lo que uno quiera durante tantas horas en un ambiente en el que suele haber buen tiempo y estás con amigos. También es un momento para terminar de convencer o de tratar con gente que todavía no conoce el proyecto y que va un poco con mirada de ver cómo lo haces. Suelen ser conciertos también más cortos y realmente creo que cada cosa tiene su momento y su lugar y para esta gira, después de la que hicimos el año pasado, nos pegaba que fuera un verano de festivales. Después ya empezaremos a anunciar nuestros propios recintos el año que viene.
Dani Martín ha hecho incontables pabellones, pero nunca ha dado el salto a estadios, ¿a vosotros tras siete Rivieras os sentirías cómodos en un Wizink o las salas intermedias son más perfectas?
No, realmente ni pensamos en eso. No se pensó en siete Rivieras, se pensó en una y luego vino la segunda, la tercera y así sucesivamente hasta la séptima. Cuando la gente te está pidiendo con tanto cariño que quiere que toques, hay algo que se te olvida de ti mismo y te entregas a ello. Ahora mismo no tendría la clave de cómo sostuve y de cómo pudimos dar esos siete conciertos en apenas una semana y media. Me dices que lo haga ahora mismo y te digo que soy incapaz, pero luego el cuerpo saca energía cuando te ves delante de ese reto. Estamos muy abiertos, la banda está muy viva y quiere ver qué quiere el público y nosotros, estamos aprendiendo el oficio, somos jóvenes y estamos expectantes de ver cómo va este mundillo y de unirnos más que nunca.
¿Cómo lleváis las críticas negativas que hubo tras el show final de Matanza en el hotel en las Rivieras?
Eso fue la escena de los desnudos y la anciana, que estuvo mi abuela en el escenario mientras otros dos como que tenían casi sexo encima de un piano y caía sangre del techo. La gente se quedó un poco perpleja y es verdad que hubo algunas críticas negativas, pero es lo que esperábamos. Si sacas eso, tampoco te estás esperando que las familias digan que va por ahí, lo que pasa es que consideramos que el cuerpo es algo que se tiene que naturalizar y que escandalizar a veces es la única manera de despertar conciencia respecto de ciertas realidades. Entonces, tampoco queda otra. Si hubieran criticado el sonido o que estuvimos vagos en el escenario, evidentemente me lo replantearía, pero si ante una provocación la gente reacciona sorprendiéndose, pues es que conseguimos lo que queríamos y respecto a eso supercontentos. ¿Si lo repetiría? Sí, no cambiaría nada del pasado y ahora la cuestión es ver qué nos inventamos para el futuro, pero seguirá en esa línea, ya te lo puedo asegurar.
Es verdad que vuestros conciertos no dejan indiferente a nadie.
Me alegro que digas eso. La verdad es que tampoco es algo de provocar por provocar como si nos gustara sencillamente por liarla, somos así y hemos sido así siempre. Somos gente que tuvo problemas en los colegios por conflictivos en el sentido de que no nos conformamos con hacer esto y lo hiciéramos. Una banda de rock es ese lugar en el mundo donde puedes hacer lo que tú quieras, puedes explorar provocaciones, tus propios límites y es como volver un poco a la infancia y hacer lo que intentaron que no hicieras en un patio de un colegio. Nos vamos a desquitar y un concierto de Ultraligera tiene que ser un concierto de Ultraligera. Me gusta que cuando vas a un concierto sepas donde estás porque hay muchas bandas que se parecen porque ya hay una fórmula que funciona y se sigue la fórmula, pero a nosotros la fórmula nos la suda.
Tras el fallecimiento de Robe, Leiva tuvo que emitir un comunicado diciendo que no había dicho nada porque estaba dolido, ¿existe la sensación que los artistas tienen que hablar prácticamente de todo?
Nuestra única responsabilidad es hacer canciones y cantarlas en directo. Esa es nuestra única responsabilidad. Ni somos políticos, ni somos conferenciantes, ni somos nada. Ahora, si puntualmente te apetece pronunciarte con algo, se hace. Nosotros, por ejemplo, con la muerte de Robe también lo pasamos mal. A mí siempre me gustó y fue una referencia, igual que para el resto de la banda, pero en el caso de Coque era algo muy fuerte. Él se había criado con Extremoduro y con Robe, era una de sus bandas preferidas y recuerdo al hablar con él por teléfono ese día que lo había pasado mal.
Decidimos no pronunciarnos también en redes sociales porque de alguna manera vimos que se había convertido un poco en un circo al haber alguna gente que se autorreferenciaba más a sí misma y se ponía en valor a sí misma y a lo que había vivido y a lo que eran ellos o a si habían coincidido con Robe que en valorar el trabajo del propio Robe. Y luego un circo porque al final la lías, te critican y un día te mueres y empiezan a ensalzar lo visionario que fuiste. Entonces, no quisimos formar parte de eso. Sí que hicimos un pequeño homenaje interno. Me parece bien que la gente lo haga, no criticaría absolutamente a nadie salvo igual alguno de estos que te decía, pero en general la gente yo entiendo que lo ve y lo comparte. Nosotros sí lo pensamos, pero dijimos que esto no va a hacer nada y no ayuda a nadie, así que lo llevamos nosotros internamente en nuestro corazón y ya está.