Una española relata el día que le tocó ser jurado popular con 21 años y lo que muchos no saben que suele pasar allí
"No tenía una mentalidad madura y adulta".
La popular creadora de contenido Paula Baena, que cuenta con más de 300.000 seguidores en redes sociales (@paula.baena) ha relatado cómo es ser jurado popular y todo lo que se vive desde dentro, revelando además lo mucho que le afectó al tener tan solo 21 años y ser la más pequeña del grupo.
"No tenía una mentalidad madura y adulta, en casa de mis padres llega una carta certificada y veo que me había tocado completamente al azar ser jurado popular de un homicidio", ha relatado al principio del vídeo. Comprobó que era algo completamente obligatorio, y el único justificante para no participar era médico.
Además, ha revelado que en el trabajo tienen que permitírtelo al 100% y era completamente pagado, sin necesidad de pedir libranzas o vacaciones. El primer día fue un sorteo en el que elegían a un número concreto de los asistentes, ya que no todos iban a ser elegidos.
"Entró el acusado y me dio muy mal rollo, tenía pánico de que esta persona se quedase con mi cara. Era un tipo que mató a otro por la calle totalmente al azar; estaba borracho y un señor que iba a trabajar por la mañana, acabó con su vida. Me da una pena terrible", ha contado.
Cinco días de asistencia
También ha recordado lo mucho que sufrió al ver a la familia de la víctima. Al jurado popular le enseñan todas las pruebas, algo que muchos no logran soportar. De hecho, para Paula fue "muy desagradable". El juicio duró cinco días y al final llegó el día de la liberación, y lo ha descrito como una "película".
De ese día avisan que hay que llevar una maleta, ya que los van a incomunicar y, en el caso de pasar una serie de horas dentro, se tendrán que quedar a dormir allí. "Juro que soy una persona responsable, pero fui al juzgado ese día y no me llevé la maleta", ha lamentado, aunque su madre pudo llevarle una pequeña maleta.
A la hora de elegir quién va a leer la redacción con la conclusión final, le tocó, por sorteo, a la propia Paula, que se puso a llorar de los nervios y un hombre decidió sustituirla. Además, también ha informado de que le pagaron unos 50-70 euros cada día, un dinero que para ella en aquel momento era oro.