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20/04/2013 10:44 CEST | Actualizado 19/06/2013 11:12 CEST

Juan Manuel Santos: "Con las FARC, nada está acordado hasta que todo esté acordado"

Consumado jugador de póquer, Santos es un hombre al que le gusta correr riesgos. Como sucesor de Uribe, decidió cambiar la baraja y jugarse a fondo por la paz. Y, contra la voluntad de su antiguo jefe, inició un proceso de diálogo, que empezó en firme en diciembre pasado y que ha generado muchas críticas y no pocas suspicacias.

EFE

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, habla en exclusiva con el director de Un Pasquín, periódico que reaparece -luego de un coma inducido de aproximadamente 18 meses-, con un número especial dedicado a la paz.

Cuando entro a la sala adjunta a su despacho, el presidente Juan Manuel Santos me dice que está acabando de firmar varias órdenes de extradición, entre ellas la Daniel Barrera, un narcotraficante conocido como El Loco Barrera, solicitado por las autoridades judiciales de Estados Unidos.

Consumado jugador de póquer, Santos es un hombre al que le gusta correr riesgos y los suele sortear exitosamente. Como ministro de Hacienda del presidente Andrés Pastrana, hizo un severo y ortodoxo ajuste que le permitió al país sanear la economía en una etapa crítica, no sólo en Colombia, sino en buena parte del mundo.

Como ministro de Defensa de Álvaro Uribe, propinó a las FARC los más duros golpes militares de toda su historia, al aniquilar prácticamente a toda la cúpula de ese grupo guerrillero. Sin embargo, como sucesor de Uribe, decidió cambiar la baraja y jugarse a fondo por la paz. Y, contra la voluntad de su antiguo jefe, inició un proceso de diálogo, que empezó en firme en diciembre pasado y que ha generado muchas críticas y no pocas suspicacias.

Sin más preámbulos, el mandatario saludó amablemente y nos sentamos a conversar sobre la paz en Colombia.

Foto: Andrés Piscov/Presidencia de Colombia.

Pregunta: ¿Por qué se metió usted en el proceso de la paz? ¿Por qué la paz?

Respuesta: La paz debe ser el objetivo máximo de cualquier sociedad y lo ha sido a través de la historia. La paz es lo que une a las sociedades y este país ha vivido demasiado tiempo en guerra. Nos acostumbramos, casi que nos acostamos y nos levantamos con la guerra, y eso nos está deteriorando como sociedad y como seres humanos, aparte del dolor y de la sangre que esto ha representado. Entonces, creo que el deber de cualquier mandatario, cualquier gobernante, es buscar la paz, que, entre otras cosas, es una obligación constitucional. Yo vi que las condiciones estaban dadas e hice la siguiente reflexión: ¿Qué tal que el día de mañana, viendo que había condiciones para la paz, piense que yo no tomé la decisión de buscarla? La historia sería mucho más severa; y yo, conmigo mismo, sería muchísimo más crítico.

A mí me ha tocado hacer la guerra y fui, en esa parte, bastante efectivo; hacer la guerra es, relativamente, fácil y es muy popular. Tratar de hacer la paz es mucho más difícil, mucho más ingrato, pero mucho más satisfactorio.

¿Por qué cree usted que era el momento para la paz?

R: Porque han confluido muchas circunstancias que antes no estaban presentes. El país de hoy es diferente al país de hace 10 años; hay una correlación muy diferente de fuerzas con la guerrilla, en materia militar; la participación de países como Venezuela y Cuba -que están genuinamente ayudando a buscar esa paz- es muy importante; el respaldo unánime de la comunidad internacional es algo también muy importante, y la convicción interna de mucha gente de las Farc, de que la vía de las armas ya, definitivamente, no es el camino para buscar sus objetivos; de que cada vez, por esa vía se ven más y más lejos, de lograr lo que ellos, supuestamente, quieren. En fin, uno puede enumerar otras circunstancias. Todo se alineó.

¿Usted qué les dice a los escépticos, a los pesimistas, a los que dicen que no se ve ningún avance...?

R: Nunca supuse que esto iba a ser fácil, que estuviéramos conversando en medio del conflicto y yo entiendo la confusión que eso genera. La gente me pregunta: ¿cómo así que están conversando por un lado y se están dando bala por el otro? Pero esa es la forma de garantizar que, si hay voluntad, sí llegamos a la paz. Por otro lado, el escepticismo es normal por los fracasos que hemos tenido. Nadie cree en las FARC y yo tampoco creo en las FARC; pero estoy ensayando y me estoy cubriendo para que no me vuelvan a engañar. Esa es la razón fundamental para no aceptar un cese el fuego. Hay muchas complejidades, yo sabía que iba a ser complejo, que iba a ser cuestionado; pero tengo la íntima convicción de que el camino que tomamos es el camino acertado y el más eficaz.

Cuando usted dice "yo no les creo a las FARC" está hablando como todos los colombianos que hemos visto y conocemos la trayectoria funesta de las FARC y, además, uno evidentemente, no negocia con los amigos sino con los enemigos. Por lo que le cuentan a usted los negociadores, ¿usted está confiado, está optimista, de cómo va el proceso?

R: Lo que le puedo decir es que yo esperé un tiempo para convencerme que sí existía una voluntad de la contraparte y hoy puedo decir que esa voluntad existe.

¿En este momento en términos de negociación usted les cree a las FARC?

R: En este momento, creo que las FARC están sentadas para buscar un acuerdo y eso para mí era importante poderlo verificar en la mesa de negociación. Eso no quiere decir que lleguemos a un acuerdo...

No hay que llegar a un acuerdo por llegar...

R: Ni creo que es sano a estas alturas elevar mucho las expectativas. Es mejor la sorpresa positiva que la sorpresa negativa; para una sociedad y para un proceso como estos.

Cuando Álvaro Gómez estaba secuestrado, en el periódico El Siglo hablábamos con la familia de él, con el actual ministro de Medio Ambiente, Juan Gabriel Uribe, y el ambiente que había en el periódico con el director secuestrado era: esperamos lo mejor pero estamos preparados para lo peor. ¿Usted cree que se puede decir algo así?

R: Sí, yo creo que esperamos lo mejor y eso es lo que estamos trabajando para obtenerlo, pero el hecho de no darle ningún tipo de ventaja militar a las FARC, y de no hacer ningún tipo de concesión en materia territorial, nos cubre de que si pasa lo peor pues tenemos que estar preparados para eso.

No va a haber ningún tipo de concesión territorial. ¿Qué tipo de concesiones hará, o hasta dónde está usted dispuesto a llegar, para conseguir la paz?

R: Eso es objeto de la negociación y hay que verlo en la mesa de negociación. Toca medir el aceite en un momento dado, tener en cuenta no solamente las pretensiones de las FARC, sino también las líneas rojas que tenemos frente a la comunidad internacional y frente al pueblo colombiano mismo.

Andrés Piscov / Presidencia de Colombia.

Yo entiendo que usted no me puede mostrar las cartas; un jugador de póquer no hace eso. Pero, ¿qué no está dispuesto usted a hacer por conseguir la paz?

R: He dicho clarísimamente que yo no estoy dispuesto a hacer la revolución por decreto, no estoy poniendo en juego la estructura del Estado, no estoy poniendo en juego nuestras Fuerzas Militares, no estoy poniendo en juego nuestro Estado de Derecho, no estoy poniendo en juego la propiedad privada, no estoy poniendo en juego nuestro modelo de desarrollo; nada de eso está en la mesa de negociación. Lo único que hemos aceptado, en ese sentido, es la parte de la política agraria donde, curiosamente, coinciden en muchas cosas la propuesta de las FARC y la política agraria que este Gobierno ha querido hacer. Que es la política progresista y avanzada.

Indudablemente la paz no nos va a salir gratis. La paz es costosa pero es más costosa la guerra. ¿Qué clase de sacrificios nos esperarían a los colombianos en aras de la paz?

R: Yo pienso que el sacrificio sería pequeño frente al inmenso beneficio que obtendríamos y que, cuando la gente vea el paquete entero y entienda las implicaciones positivas frente a los sapos que tenemos que tragarnos, la gente va a decir: por supuesto que queremos la paz.

¿Cuál cree usted que ha sido el principal obstáculo en este proceso?

R: Yo diría que la cantidad de desinformación que mucha gente en forma deliberada ha venido propiciando alrededor del proceso de paz. Están diciendo que ya se negoció la impunidad, la paz con impunidad; están diciendo que ya se negoció la reducción del número de efectivos de las Fuerzas Militares; que ya se negoció que la tierra de las reservas campesinas va a quedar en manos de las FARC, incluso, con autonomía política... Una cantidad de cosas sobre las cuales ni siquiera se ha comenzado a discutir. Para minar el proceso y quitarle la ilusión a la gente, están preparando este tipo de informaciones aquí y en el exterior.

En el periódico El Tiempo salió en días pasados una serie de testimonios de distintos periodistas. Unos decían que había mucho hermetismo, otros abogaban por la discreción, etcétera. ¿Usted cómo cree que hay que responderles a esos colegas -colegas suyos también- que están ávidos de información, que quieren historias, que quieren la crónica?

R: Yo les diría lo siguiente: Yo los entiendo porque esa es la esencia del periodista: conseguir más información y obtener más información. Pero en este caso sí tengo la certeza de que en un proceso discreto, como el que estamos adelantando -en donde nada está acordado hasta que todo esté acordado-, el hecho de que no estemos negociando a través de los micrófonos y de los medios de comunicación va a tener muchas más posibilidades de salir adelante. Y le voy a dar un ejemplo: si nosotros comenzamos a divulgar los acuerdos parciales, es lo mismo que cuando a un artista que está pintando un cuadro, lo juzgan por una de las esquinas.

O por el boceto en lápiz...

R: Exacto, el artista va a decir: "No me juzguen por eso, que me juzguen cuando la pintura esté completa". Aquí hay que juzgar esto cuando tengamos el paquete completo.

Buen ejemplo. Aquí no estamos jugando póquer sino pirindola, aquí es todo o nada.

R: Tenga la seguridad que lo que estamos jugando es el futuro, y yo estoy convencido de que los astros están alineados. Tengo la íntima convicción de que si trabajamos bien y si esa voluntad que yo estoy comenzando a ver en la contraparte existe, vamos a poder cambiar este país.

Hay gente que dice que la reelección va atada al éxito del proceso de paz. Yo escribí una columna en El Huffington Post diciendo que no necesariamente. Si hace una negociación mala, no hay reelección que valga y si se rompe el proceso en un momento dado, porque toca, es más fácil que lo reelijan. ¿Cree que es usted es imprescindible para que esto llegue a feliz término, a puerto seguro?

R: Yo, afortunadamente, y le doy gracias a Dios todos los días, nunca me he creído imprescindible para nada. Este proceso puede seguir sin mí y en ese sentido, no tengo en absoluto, y todos los días hago ese esfuerzo, la intención de amarrar mi posible reelección -todavía no he decidido si me lanzo a la reelección o no- con el proceso de paz. Los que me acusan de estar dispuesto a entregar más en aras de la reelección, están totalmente equivocados, porque sería lo contrario: si yo entrego demasiado y decido lanzarme a la relección, pues no me van a reelegir.