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21/04/2018 09:54 CEST | Actualizado 21/04/2018 09:55 CEST

Samanta Schweblin y Juan Gabriel Vásquez o cómo ser autores del siglo XXI

Isabel Wageman-Páginas de Espuma
Samanta Schweblin

Por Winston Manrique Sabogal

La escritora argentina y el colombiano cuentan en este videorrelato cómo se ha desarrollado su carrera en la última década que coincide con su maduración como autores, prestigio y reconocimiento.

A los dos les une la exploración literaria incesante de nuevas formas de contar y de nuevos enfoques. A los dos los une el cuento. A los dos los une el haber tenido muy buena acogida crítica desde sus primeros libros de relatos, aunque luego Juan Gabriel Vásquez haya seguido con la novela y Samanta Schweblin siga con el cuento, pero con una exitosa incursión novelística. A los dos los une que han sido incluidos en las listas de los mejores o más prometedores narradores latinoamericanos de Bogotá 39, Vásquez en la edición de 2007 y Schweblin en la de 2017. Ambos son referencia para su generación y ambos son dos de los escritores hispanohalantes con muy buen prestigio internacional. Vásquez es colombiano y Schweblin es argentina, precisamente el país invitado de honor a la 31ª Feria Internacional del Libro de Bogotá.

En el pasado Hay Festival de Cartagena de Indias, en enero, aceptaron la invitación de WMagazín de charlar sobre cómo se ha desarrollado su carrera en la última década que coincide con la consolidación, prestigio y reconocimiento de sus carreras y maduración de las mismas.

Vásquez (Bogotá, 1973) ha publicado el volumen de cuentos Los amantes de Todos los Santos (2001), las novelas Los informantes (2004), Historia secreta de Costaguana ( 2007) El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara 2011), Las reputaciones (2013) y La forma de las ruinas (2015); la biografía Joseph Conrad. El hombre de ninguna parte y los ensayos El arte de la distorsión (2009) y este añoViajes con un mapa en blanco (todos sus libros en Alfaguara).

Schweblin (Buenos Aires, 1978) ha publicado los cuentos El núcleo del disturbio (2002), Pájaros en la boca (2009) Siete casas vacías (Premio Ribera del Duero, 2015), la novela Distancia de rescate(Penguin Random House, 2014) y recientemente uno de sus mejores relatos La respiración cavernariailustrado por las pinturas de Duna Rolando (Páginas de Espuma).

El siguiente es el recorrido de dos escritores y sus búsquedas e inquietudes literarias contadas por ellos mismos en una charla grabada en vídeo y fragmentada aquí en cinco capítulos temáticos:

Vásquez: "En 2007 exploraba nuevas maneras de contar la historia colombiana desde la ficción"

Juan Gabriel Vásquez: En 20017, cuando sale la primera lista de Bogotá 39, yo acababa de publicar Historia Secreta de Costaguana que era mi segunda novela, pero en realidad mi cuarta porque había escrito y publicado dos novelas en el 97 y en el 99 que luego he desechado, que en ese momento estaban completamente desechadas y desheredadas. Había, entonces, escrito un libro de cuentos, Los amantes de Todos los Santos... Luego una novela en el 2004 Los informantes, y luego esta, Historia secreta de Costaguana que se publicó, prácticamente, al mismo tiempo que la lista de Bogotá 39. Estaba leyendo a Peter Carey sobre Dickens y Los hijos de la media noche, de Salman Rushdie. Eran dos novelas que por razones distintas llegaron a colaborar o alimentar la escritura de Historia secreta de Costaguana. Estaba dedicado a tratar de explorar nuevas maneras de contar la historia colombiana desde la ficción. La novela es un libro montado sobre la idea de que Conrad hubiera podido visitar Colombia y escribir después cuando escribió su novela Nostromo, basado en conversaciones con un testigo colombiano que es mi narrador y que se siente entonces después violentado por la novela de Conrad. Siente que Conrad le ha robado su historia y mi propia novela es su intento por recuperar su propia historia y en esas estaba...

Schweblin: "En 2007 empecé a leer a la gente de mi generación que vivía fuera de Argentina"

Samanta Schweblin: En 2007 yo estaba en un evento que me recuerda un poco a este de alguna manera. Fue un encuentro de jóvenes narradores menores de 25.... (sonrisas) muy jóvenes en La Habana, que fue el único que se hizo y fue precioso. Recuerdo que tenía 24... justo 25 y dije ya no seré una autora joven, pero Bogotá 39 me demuestra que se puede ser joven mucho más tiempo (sonrisas). En 2007 yo estaba terminando los últimos cuentos de Pájaros en la boca y fue un año donde empecé, quizá por ese festival, a leer a los pares, a la gente de mi generación que está viviendo fuera de Argentina, el resto de Latinoamérica. Haciendo memoria, entre el 2005 y 2008 fueron años de muchísimos italianos. Por ejemplo, leí por primera vez a Dino Buzzati y me enloqueció, a Antonio Tabuchi... No sé por qué los leí todos juntos.

¿Se elige ser cuentista o novelista?

Schweblin: No sé si alguna vez tomé esa decisión... Vos sabés que me formé en talleres literarios. En Argentina hay muchísimos talleres literarios, casi todos nos formamos así y ahí se leía mucho cuento. No sé si sea eso, pero un día llegó un cuento

Vásquez: Adiestras la mirada y empiezas a mirar en términos de cuento y no de novelas...

Schweblin: De hecho, la novela Distancia rescate la escribí en el año en que me mudé a Berlín y, por primera vez, en mi vida tuve un año entero sin interrupción que me podía dedicar completamente a la escritura de algo. Luego se dio el cambio de género. Es interesante pensar cómo no sé hasta qué punto uno elgie el género. Depende las condiciones...

Vásquez: Creo que era Raymond Carver el que decía que él escribía cuentos porque la vida no le había dado tiempo para más, porque tenía que vivir, ganarse la vida. Tenía problemas con la bebida. Entonces las horas robadas para la escritura eran pocas y él muy pronto descubrió que el género que mejor combinaba con ese orden de su vida, o ese desorden si quieres, era el cuento.

Auge de cuentistas latinoamericanas

Vásquez: Hay un fenómeno que a mí me ha interesado mucho en estos últimos años y es el de las cuentistas latinoamericanas. El cuento latinoamericano está dando sus mejores resultados en un puñado de escritoras de tu generación. (...) No sé si a ti se te ocurre una razón por la que eso sea así, de por qué el género del cuento esté floreciendo en la escritura de las mujeres latinoamericanas.

Schweblin: Es una generación, y lo digo con muchísimo orgullo, siento como si hubiera llegado a la fiesta que siempre hubiera aquerido estar sin darme cuenta cuándo sucedió eso. Para mí no está tan claro por qué escribimos tanto cuento, pero son buenísimas. Me parece que hay algo alrededor no solo de la literatura escrita por mujeres, también alrededor de los temas. El tema, por ejemplo, de la maternidad... Si agarro las tres o cuatro mejores novelas que he leído en los últimos dos años han sido acerca de la maternidad. Hay algo al rededor del tema, como si por primera vez nos permitiera pensarlo de otra manera, o porque quizá hay que pensarlo de nuevo o porque han cambiado tantas cosas alrededor de eso...

Vásquez: Ha cambiado nuestra manera de pensar en estos asuntos, sobre todo la de los hombres... Hay una diferencia brutal entre mi generación y las generación de mi padre alrededor de cómo asumir el hecho de tener hijos y del papel que asumes en eso. ¿Y cuáles son esas novelas o algunas de ellas?

Schweblin: Por ejemplo, hace poquito terminé una novela de una sueca llamada Karolina Ramqvist. Increíble, es una belleza de novela, creo que la pulcó Anagrama, La ciudad blanca y gIra alrededor de la maternidad, con muy pocos personajes, es una novela de muchísima tensión, no podés parar de leerla.

Vásquez: ¿Tú has leído a Rachel Cusk? Escribe unas novelas que se notan que no tienen nada de ficción pero ellas las narra a partir de un narrador que es ficticio. Son novelas sobre su divorcio muy públicamente explicado, sobre su experiencia de maternidad que le parece que es uno de esos temas nuestros que generan toda suerte de mal entendidos porque en realidad la manera como hablamos de ellos es muy distinto a la manera como lo sienten las madres muchas veces.

Juan Gabriel Vásquez y Samanta Schweblin

Schweblin: Hay algo también con los personajes, que son personajes madres, como que la maternidad por fin se vuelve algo interesante... Esta Karolina Ramqvist decía algo que me dejó pensando, decía que leía a grandes autores de la literatura universal pasar por la escena en la que la madre le da la teta al hijo l hijo esta escena, lo he leído y entonces citaba estos autores todas estas escenas y las leyó y se dio cuenta que en realidad no es una sensación cuando uno pasa por las escenas no es una sensación especial, realmente no está ocurriendo, se pasa por arriba. Creo que también es un tema en el que por fin se puede leer en pausa, se puede leer en detalle por fin se vuelve algo material, tangible, es como si lo estuviéramos escribiendo por primera vez...

Vásquez: Sí, porque desde luego Madame Bovary y Anna Karenina tienen hijos en las novelas... pero esas escenas no están.... La posición, la visión o el discurso que hubiera podido tener Flaubert o Tolstoi está muy apartado de lo que nos puede contar esta escritora, claro...

...y volver al cuento

Al final de la charla en el Hay Festival, Juan Gabriel Vásquez y Samanta Schweblin vuelven al cuento, en la conversación y en sus vidas literarias:

Juan Gabriel Vásquez: Yo vuelvo al género del cuento como lector todo el tiempo. Es un género en el que nos formamos en Latinoamérica todos los latinoamericanos. La literatura en lengua inglesa que ha sido muy importante para mí es la otra gran tradición del cuento en el mundo y como escritor, es verdad que mi primer libro maduro, vamos a decir mi primer libro con cara y ojos, fue un libro de cuentos después de las dos novelas que deseché. A partir de ahí el género de la novela me ha secuestrado, me ha dado todo lo que necesito, me ha satisfecho todas las curiosidades, pero siempre he seguido coqueteando con el cuento, escribiendo un cuento al año, en los últimos 15 años. Y ahora, por primera vez, estoy pensando en la posibilidad seriamente de darle un poco de orden a los mejores o a los menos fallidos de esos cuentos que he escrito para publicar un libro. Creo que es un buen momento para el género en Latinoamérica, es posible que en el mundo.

Samanta Schweblin: Sí... Para mí el cuento es el lugar... hasta en el mal sentido de confort siento que en cuanto tengo una idea siempre voy hacia el cuento y cuando sale mal es que surgen otras formas; como puede ser la novela... Bueno otras en las que estoy investigando. Pero no sé, hay algo en la forma del cuento que a mí me hace sentir segura, me hace sentir que en principio cualquier idea podría ser mejor en un cuento, si es que realmente el cuento la puede sostener...

Vásquez: ¡Claro! A mí me pasa exactamente lo contrario (risas). Las ideas me vienen naturalmente con una intuición de novela, y para escribir cuentos es como si me tocara cambiar de cabeza, quitarme esta cabeza y ponerme otra, y empezar a ver el mundo desde cero con otras reglas, con otras estructuras...

Schweblin: Es que es muy distinto. Creo que uno podría sobre escribir una gran novela y un gran cuento y serían cosas muy distintas, incluso si se trata de la misma idea. La evolución es muy distinta.

Este artículo se publicó originalmente en la web de WMagazín, la revista literaria online dirigida por el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios

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