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10/01/2014 08:24 CET | Actualizado 10/01/2014 09:55 CET

Tristán e Isolda en el Teatro Real: Las tinieblas de Wagner en tiempos del videoarte de Bill Viola

TEATRO REAL

"La ópera siempre es demasiada información, más de la que podemos llegar a comprender. Por eso me gusta, en comparación con una noche de televisión, que es muchas veces un insulto a la inteligencia".

Si, como dice el director de escena Peter Sellars, la ópera es un reto intelectual, Richard Wagner puede convertirse en un hueso, una asignatura en la que como espectador puede costar sacar nota aunque compense el esfuerzo. Desde este domingo, el Teatro Real acoge ocho representaciones de Tristan und Isolde (Tristán e Isolda, la ópera en tres actos estrenada en 1865). Con la dirección escénica de Sellars y la musical a cargo de Marc Piollet, la producción cuenta con Bill Viola, uno de los gurús del videoarte, responsable de unas imágenes que se reproducirán en paralelo a la representación.

Tristán e Isolda son dos amantes sometidos a todo tipo de presiones. Se pasan la obra sorteando peligros y situaciones extremas. La muerte por envenenamiento, los celos, el despecho, una cacería humana, una agonía horripilante. La obra es un ir y venir entre sentimientos opuestos. Sin embargo, en una ópera de contrastes no hay ninguna cadencia clara, ningún chimpún, ninguna cadencia o final claro que marque una separación. Eso, que los musicólogos llaman "suspense armónico", o "acorde irresuelto", es una de las aportaciones de Wagner a "la historia de la música, que cambió con Tristán e Isolda", según dice Sellars en una rueda de prensa celebrada este jueves.

El vídeo de Viola juega con ese fluir constante de la obra. "El mundo es una esfera con múltiples puntos de vista y lo puedes comprender desde cualquier ángulo", ejemplifica en tono solemne. "La vida continúa, no para, incluso cuando estamos durmiendo, incluso cuando estamos haciendo otras cosas". Para Viola, Tristán e Isolda es precisamente lo que no podemos comprender, una obra basada en un mito, que habla de lo espiritual, de lo desconocido. La música de Richard Wagner y "el paisaje interno del alma", una combinación de pura trascendencia, según el videoartista estadounidense.

HOGUERAS DE SIETE METROS

En el vídeo que se proyecta en paralelo y sincronizado con la acción, aparecen por ese motivo dos Tristanes, uno celestial y otro terrenal, y otras dos Isoldas. Grabado durante seis meses en bosques, bajo el agua, ante hogueras reales de más de siete metros de altura, es una creación que lleva el sello intelectual de Gerard Mortier, el anterior responsable del Teatro Real. La estrenó en 2005 en la ópera de la Bastilla de París y desde entonces ha sido representada también en Toronto (Canadá).

Hace casi una década, cuando Viola rodó con su equipo "material para tres películas", el videoartista sintió que Wagner hablaba a través de él, "que estaba en la sala, tomando notas". Según Sellars, el atrevimiento del reconocido videoartista, uno de los pioneros del género, es perfectamente posible.

La obra de Wagner es, para el director de escena, futurista, se adelantó a su tiempo y forma parte del capítulo de oro de la música clásica. "Aquella que no es como la pop, que no es la canción de un verano cuando tenías 17 años, sino que te acompaña durante toda la vida y va cambiando contigo".

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