POLÍTICA
29/10/2014 16:37 CET | Actualizado 31/10/2014 12:47 CET

Por qué las elecciones de mitad de mandato en EEUU deberían preocupar a todo el mundo

Win McNamee via Getty Images
HAZARD, KY - AUGUST 06: U.S. Senate Democratic candidate and Kentucky Secretary of State Alison Lundergan Grimes (R) speaks at a campaign event with former U.S. President Bill Clinton (C) and United Mine Workers of America President Cecil Roberts (L) August 6, 2014 in Hazard, Kentucky. Grimes recently received the endorsement of the UMWA and a recent 'Bluegrass Poll' by the Louisville Courier-Journal shows Grimes in a virtual tie with the incumbent, Senate Republican Leader Mitch McConnell (R-KY). (Photo by Win McNamee/Getty Images)

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos suelen captar una audiencia internacional, pues espectadores de todo el mundo asisten entusiasmados a la obra teatral de las campañas, de los debates sobre el escenario y del tenso desenlace la noche de las elecciones.

En cambio, las elecciones de mitad de mandato, que tienen lugar cada cuatro años (en el punto intermedio entre las elecciones presidenciales), son mucho más triviales y constan de batallas regionales en las que los miembros del Senado y de la Cámara de los Representantes son elegidos para el Congreso.

No obstante, estas elecciones son imprescindibles para la conformación de la política interior y exterior de los años posteriores, y el Congreso determina hasta dónde puede llegar la agenda política actual y futura del presidente, sea quien sea.

Este noviembre, los estadounidenses (o el 40% de los que pueden votar) se dirigirán a las urnas; y es muy probable que uno de los resultados cause un gran impacto, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

Bienvenidos a la carrera por el Senado en Kentucky, un Estado famoso por su Bourbon, por las carreras de caballos y por las alitas de pollo fritas. A pesar de este particular panorama, las elecciones en Kentucky podrían determinar el enfoque de los Estados Unidos sobre el cambio climático en un futuro próximo.

La política estadounidense sobre el clima ha adquirido una gran relevancia en los últimos años. Sólo los políticos más ligados a la industria se atreven a poner en duda la existencia del fenómeno, pero el consenso científico es fuerte. Muchos republicanos prefieren no comprometerse y se limitan a contestar: "No lo sé, no soy científico".

Un informe bilateral publicado en junio detallaba que el cambio climático supondría un enorme coste para las empresas estadounidenses si se niegan a actuar. Aunque Obama no logró que se aprobara una amplia ley para registrar la subida de temperaturas, ha conseguido llevar a cabo el Clean Power Plan [Plan de energías limpias], que pone límite a las emisiones de carbono en la atmósfera de las centrales nucleares del país.

Mitch McConnell, líder de la minoría en el Senado, se dirige a los votantes durante una gira por Kentucky el pasado 7 de agosto. (Win McNamee / GETTY IMAGES)

La Environmental Protection Agency [Agencia de Protección del Medio Ambiente, EPA], cuya labor consiste en fortalecer este plan, es un organismo muy criticado por los republicanos y por los intereses corporativos a los que sirven. Se espera que el Clean Power Plan tenga un impacto significativo en la reducción de contaminantes en la atmósfera; en concreto, para el año 2020 se plantea una reducción del 17% con respecto a los niveles de 2005.

Mitch McConnell, actual senador en Kentucky, lleva 30 años en Washington trabajando para la industria del carbón. Si a partir del próximo mes revalida su escaño, el político podría convertirse en líder mayoritario de los republicanos en el Senado, y en el hombre encargado de que los últimos dos años de la presidencia de Obama sean lo más incómodos posible.

Los republicanos también tendrían que triunfar en otros Estados: las carreras están muy ajustadas en Dakota del Sur, Kansas y Georgia, pero si McConnell obtiene la mayoría, ya se ha comprometido a restaurar el límite de emisiones, tirando por tierra la lucha estadounidense contra el cambio climático en los próximos años.

En su camino, se encontrará con la demócrata Alison Lundergan Grimes, de 35 años, que ya ha alcanzado a su oponente más experimentado en los sondeos. Aunque la mayoría de los expertos piensa que McConnell lleva ventaja, no se sabe cómo acabará la votación.

¿Pero, cómo podría el líder del mayor partido en el Senado impedir que el Presidente reduzca las emisiones de carbono? La respuesta es: de forma indirecta. Obama vetaría cualquier ataque directo sobre su política, así que McConnell planea poner restricciones sobre la EPA en las rutinas presupuestarias. Cualquier veto desde la Casa Blanca conlleva un riesgo de ruptura en el Gobierno.

En un acto el pasado agosto para los donantes republicanos pudientes, una grabadora pilló a McConnell contando su estrategia: "Tanto en la Cámara como en el Senado, el presupuesto es nuestro. ¿Y qué significa eso? Que podemos aprobar la ley de gastos".

"Yo os aseguro que con la ley de gastos haremos retroceder a esta burocracia mediante varias cláusulas. No se puede gastar dinero para esto o para aquello. Vamos a ir a por ellos en la sanidad, en los servicios financieros, en la Agencia de Protección del Medio Ambiente, en todos los sectores".

En pocas palabras, McConnell podría obligar a Obama a elegir entre una crisis gubernamental y un fracaso en su política del cambio climático. Existen registros desde 1880, y los diez años más calurosos se han producido a partir de 1998, así que ni Estados Unidos ni el resto del mundo pueden permitirse que McConnell ponga tanto en peligro.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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