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30/11/2014 19:06 CET | Actualizado 30/11/2014 19:06 CET

Amenaza en el baño: los microbios que habitan en los aseos públicos

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A nadie le sorprenderá que los baños públicos se describan como viveros de gérmenes. La actitud natural en estos lugares es la de tocar lo menos posible, algo que casi se convierte en una obsesión cuando los visitamos en compañía de nuestras inconscientes criaturas de corta edad. Pero cuando quien acude a un baño público es un microbiólogo con un proyecto de investigación bajo el brazo, podemos echarnos a temblar, porque sus revelaciones a buen seguro que no harán sino proporcionarnos nuevos motivos de inquietud.

Esto es lo que sucede con un nuevo estudio que se publica en el número de diciembre de la revista de la Sociedad Estadounidense de Microbiología Applied and Environmental Microbiology. Un equipo de investigadores de EEUU ha analizado la comunidad microbiana presente en cuatro baños públicos de la Universidad Estatal de San Diego, dos de mujeres y dos de hombres, dos con mucho tráfico y otros dos cerrados con llave y reservados solo a profesores. En concreto, los científicos muestrearon los asientos de los inodoros, el suelo frente a ellos y los pulsadores de los dispensadores de jabón.

La idea de los investigadores era estudiar cómo se establece y evoluciona el ecosistema microbiano en un baño público. Para ello, comenzaron limpiando los aseos con grandes cantidades de lejía, lo que aseguraba su esterilidad al inicio del experimento. A continuación utilizaron bastoncillos para recoger muestras a distintos tiempos en las horas siguientes, y después diariamente y semanalmente hasta las ocho semanas. Por último, los investigadores identificaron los microorganismos presentes a través de sus secuencias de ADN, para asegurarse de que así detectaban también aquellos que no pueden cultivarse en el laboratorio.

INVASIÓN RELÁMPAGO

La primera conclusión sorpresa es que la asepsia no duró mucho: solo una hora después de la esterilización, de nuevo los microbios ya se habían hecho dueños y señores de los baños, a razón de unas 6.200 bacterias por centímetro cuadrado; de acuerdo con los autores, lo máximo que aguanta este inhóspito hábitat. Según explica a El Huffington Post el coautor del estudio Jack Gilbert, ecólogo microbiano del Argonne National Laboratory, se trata de una invasión tozuda: "Lo más relevante es que, sin importar lo que se haga, la comunidad microbiana de estos baños siempre terminaba siendo la misma entre cinco y ocho horas después de la esterilización". "Es una asombrosa conservación de la sucesión; la ecología microbiana parece tener el hábito de repetirse a sí misma en este ambiente", deduce Gilbert.

En total, los investigadores identificaron 77.990 tipos distintos de microorganismos, una biodiversidad que aparentemente convierte a los baños en los bosques amazónicos de los microbios. En general, un 45% de las bacterias era de origen fecal y otro 45% de las asociadas a la piel, y esto se aplica sin diferencias a los asientos de los inodoros y a los dispensadores de jabón. Según los científicos, una clave de la repoblación es la descarga de agua de la cisterna, que dispersa las bacterias fecales en forma de aerosol.

Un resultado esperable fue que las bacterias no entienden de igualdad de géneros: en los asientos de los baños femeninos destacaban las bacterias vaginales Lactobacillus y Anaerococcus, mientras que en los masculinos abundaban más las intestinales Roseburia y Blautia. Por otro lado, en los asientos de los servicios de profesores prevalecían los microbios de la piel, mientras que en los de uso general dominaban los fecales. Curiosamente, en el suelo no se encontraron diferencias entre los aseos de alto y bajo tráfico. Cuando los baños se cerraban para excluir el tráfico humano y comprobar cómo evolucionaba el ecosistema, los microbios intestinales permanecían viables durante horas, a pesar de hallarse en un ambiente frío y oxigenado, dos condiciones que son letales para ellos.

Otro superviviente nato fue el patógeno oportunista de la piel Staphylococcus aureus, incluyendo sus formas resistentes a antibióticos conocidas como MRSA y que suelen medrar en los hospitales. Pero Gilbert advierte: "Aunque encontramos genes de MRSA, yo no sugeriría que los estafilococos dominantes los tenían". En cuanto a los virus, los del papiloma y el herpes se encontraron en abundancia.

MICROBIOS EN EL AIRE

Pero si alguien piensa que está a salvo siempre que no toque nada, y que para ello nada mejor que los secadores de manos de activación automática, debería ponerlo en duda: otro estudio publicado recientemente por científicos de la Universidad de Leeds (Reino Unido) en la revista Journal of Hospital Infection concluía que la dispersión de bacterias en el aire es 27 veces mayor alrededor de un secador de manos que de las tradicionales toallitas de papel. El dato se refiere a los secadores de nueva generación en los que se introducen las manos entre chorros potentes de aire; este modelo, afirmaban los investigadores, dispersa 4,5 veces más bacterias que los clásicos secadores de aire caliente. Según el director del estudio, Mark Wilcox, "la próxima vez que te seques las manos en un baño público usando un secador de manos eléctrico, puedes estar dispersando bacterias sin saberlo. También te pueden salpicar los bichos de las manos de otras personas".

Sin embargo, este estudio ha recibido críticas por estar financiado por European Tissue Symposium, la Asociación Europea de la Industria de las Toallitas de Papel, que anteriormente ya ha promovido investigaciones similares. En su web, la patronal de las toallitas publica un póster relativo al estudio para defender su opción como la más higiénica. Esto no necesariamente desacredita las conclusiones del estudio, pero existen resultados contradictorios sobre la dispersión de bacterias por los secadores de manos.

LOS CAJEROS, MÁS CONTAMINADOS QUE LOS RETRETES

Claro que, si a alguien el panorama de los baños públicos le parece tan amenazante como para no volver a visitarlos jamás, que considere también ausentarse del trabajo y no utilizar ninguna instalación de uso común. Estudios anteriores han revelado datos como que el puesto de trabajo medio en una oficina alberga 400 veces más bacterias que el asiento del retrete, o que teclados de ordenador, smartphones y tablets contienen más microbios peligrosos que ese mismo lugar, o que los botones de los cajeros automáticos y los teléfonos públicos están también más contaminados que los asientos de los inodoros. Valga decir que algunos de estos estudios han sido financiados por compañías que comercializan productos desinfectantes.

Pero si nos atenemos a los resultados, lo verdaderamente sorprendente sería descubrir que el asiento del retrete, esa vara de medida universal de la contaminación microbiana, es en realidad uno de los lugares más limpios de nuestra civilización. Gilbert no se atrevería a asegurar tanto, pero sí admite: "En conjunto, los baños públicos no son más peligrosos que los de cualquiera en su casa". "Tienes tanta probabilidad de contraer patógenos del asiento del inodoro como de pomos de puertas o de estrechar la mano a alguien. El mensaje es que los baños no son para asustarse, no son diferentes a cualquier otro entorno habitado; ¡así que mantenlos limpios, pero no esterilizados!", recomienda el científico. Y para concluir, nos ofrece un viejo consejo: "Recuerda lavarte las manos; no tanto por razones microbiológicas, ¡sino porque no me apetece estrechar la mano a los fluidos corporales de otra persona!".

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