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06/12/2014 10:05 CET | Actualizado 06/12/2014 10:05 CET

La magia hecha a mano de 'La historia interminable'

Warner Brothers/courtesy Everett Collection

Tres décadas después de su estreno en España (el 6 de diciembre de 1984), La historia interminable sigue pareciendo mágica, en el sentido de que es impensable para una fantasía negra actual. Está trufada de imperfecciones, pero es parte de su encanto. Construir un universo entero no fue una tarea simple y, en cierto modo, el hecho de que no pueda recrearse con efectos especiales es lo que la hace tan particular.

Hace treinta años, la tecnología en el cine se limitaba a usar pequeñas repeticiones de la pantalla verde. Así se hicieron las películas de fantasía de los 80 -Regreso a Oz, Cristal oscuro, Laberinto- y aunque todas crearon magia con su reparto de muñecos diseñados a mano, ninguna tuvo el poder hipnótico de La historia interminable.

"En aquella época, sólo estaba la pantalla azul", cuenta el director Wolfgang Petersen al equipo del Huff Post Entertainment. "Ni siquiera se llamaba pantalla verde y era lo único que teníamos". Por supuesto, ahora, las imágenes generadas por ordenador han avanzado tanto que nos preguntamos si de verdad se necesitan humanos para crear un éxito de taquilla.

"La perfección puede bloquearlo todo. Te oprime y te pasa por encima".

Los efectos visuales se incorporaron para las secuencias de vuelo en La historia interminable, pero casi todos los demás aspectos fueron "hechos a mano", después de semanas y semanas de entrenamiento. Cada muñeco requería un equipo de expertos, que se encargaba de la coordinación previa a la producción. Petersen recuerda que había 25 responsables de Falcor, además de los encargados de las expresiones faciales. "Una persona era responsable de la nariz, otra de las cejas, otra del labio superior y otra del labio inferior", explica Petersen. "No os lo podéis imaginar. Era increíblemente ridículo verlo desde fuera".

Recuerda que mientras observaba el proceso, la magia surgió cuando los mecanismos de las figuras empezaron a funcionar. Grabaron las voces de las criaturas por adelantado, y pasaron mucho tiempo sincronizando los movimientos con las palabras. Sin embargo, siempre había algo que salía mal: una ceja fuera de lugar o un diálogo que no encajaba. Incluso con la práctica, era imposible borrar el error humano. Petersen siente que el desafío es lo que creó el verdadero arte.

"La perfección puede bloquearlo todo. Te oprime y te sobrepasa", comenta. "Se considera arte porque sabes que hay seres humanos detrás, en vez de tecnología… Es interesante que este tipo de humanidad tras la técnica funcione 30 años después".

Las técnicas rudimentarias también fueron útiles teniendo en cuenta que la mayoría del reparto era infantil. Se necesitó un montón de energía para encontrar a los niños adecuados. Petersen vio a más de 3.000 actrices antes de descubrir a Tami Stronach para interpretar a la Emperatriz infantil. Una vez que puso a Stronach, Bastián (Barret Oliver) y Atreyu (Noah Hathaway) en el escenario, la tarea de interactuar con las criaturas fue mucho más fácil.

"Había demasiados personajes en la novela como para incluir a todos en la película".

"En la actualidad, los actores se quejan a menudo de que no tienen nada con lo que trabajar en escena", relata. "Se lo tienen que imaginar todo. Esto no era así. Las criaturas estaban ahí y les hablaban. Parecía que tenían vida, lo cual facilitó la misión y le añadió calidez y humanidad. No tenía que decir, 'Mira, Atreyu, tú estás ahí y Comerrocas se te acerca'. Si Comerrocas se le acercaba, se acercaba de verdad".

Otro motivo por el que Petersen habla de "arte" es porque los artistas eran parte de la creación. El proceso de diseño se dividió entre el artista italiano Ul de Rico, el diseñador de producción Rolf Zehetbauer y Caprice Roth, el mimo profesional de E.T.. Petersen y su equipo se encargaron de seleccionar las criaturas que iban a utilizar de la novela de Michael Ende. "Las figuras llevaban demasiado trabajo", explica Petersen. "Había demasiados personajes en la novela como para incluir a todos en la película".

No obstante, ese no fue el único cambio que realizó Petersen al adaptar la novela en película, y a Ende le molestó. En abril de 1984, el escritor dio una conferencia de prensa sólo para distanciarse de "esa película repelente".

"Mucha gente creía que Michael Ende era un santo -el libro fue impresionante- y creo que se le subió un poco a la cabeza. Pensaba 'Puede que sea Dios', no sé", comenta Petersen entre risas.

"Había que hacerlo más internacional para una audiencia mundial. Fue un proyecto grande y caro. Tuvimos que simplificar las cosas y reducir los personajes", prosigue Petersen. "Además, el estilo tampoco podía ser tan oscuro. Hay que llegar a un amplio público. No era una película Disney, pero queríamos dirigirnos a un público familiar. En cambio, a Michael Ende no le gustó la idea en absoluto".

"Hay veces que da miedo, pero la vida es así".

El libro original hace honor a su nombre y, de hecho, llega a crearse un bucle infinito en el mundo imaginario. Para llegar al gran público, la historia tuvo que sintetizarse, pero también incluye una parte oscura, como la batalla entre Atreyu y Gmork y el paso por la puerta mágica. Seguro que los espectadores lo recuerdan bien.

"Hay veces que da miedo, pero la vida es así. Te enseña a superar ese tipo de momentos oscuros para conseguir algo al final. Creo que da fuerza y poder a los niños para hacer lo que quieren", continúa Peterson.

A la pregunta de si haría otra Historia interminable, Peterson responde con una reflexión sobre cómo sería hoy la película. Se basaría en la segunda mitad del libro de Ende, pero director sabe que estaría obligado a utilizar las actualizaciones tecnológicas surgidas en las tres décadas que han pasado desde el estreno de este clásico de culto.

"Tendríamos que utilizar la técnica actual", dice Petersen. "Aunque no sé si encontraríamos la forma de hacerla tan interesante, tan humana y con tanto encanto como la hicimos hace 30 años".

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de The Huffington Post y ha sido traducido del inglés.

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