ECONOMÍA
03/07/2015 09:40 CEST | Actualizado 25/08/2015 23:54 CEST

Estos economistas piden el fin de la pesadilla de austeridad de Grecia

El único consenso que existe sobre la dramática situación que padece Grecia es que su economía se desmorona. El empleo del país, los salarios y el producto interior bruto han caído en picado desde la crisis financiera de 2008 y el país apenas se ha recuperado a pesar de los dos rescates de acreedores internacionales que comenzaron en 2010.

Muchos economistas culpan a las políticas de austeridad del fracaso de Grecia en su intento de recuperación económica. “No se me ocurre ninguna otra depresión, ninguna, que haya sido provocada de forma tan deliberada y haya tenido unas consecuencias tan catastróficas”, escribía Joseph Stiglitz, galardonado con el Nobel de Economía, en The WorldPost esta semana. Stiglitz argumenta que la denominada Troika de acreedores internacionales para Grecia (el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) no han podido reconocer este hecho en sus negociaciones para un nuevo rescate:

Es alarmante que la Troika se haya negado a aceptar cualquier responsabilidad en este asunto o admitir cuán malos han sido sus predicciones y modelos. Pero lo que ha resultado más sorprendente es que los líderes europeos no hayan aprendido nada. La Troika sigue exigiendo que Grecia alcance un superávit presupuestario primario (excluyendo los intereses de los pagos) del 3,5% de su PIB para 2018.

[¿Y se preguntan por qué los griegos quieren un cambio? ¿Es que su devaluación y el Grexit pueden ser más catastróficos?]

Según Stiglitz, los acreedores internacionales han estado imponiendo modelos fallidos en el mundo desarrollado durante años; Grecia es sólo la última iteración.

“La disparidad entre lo que la Troika pensaba que ocurriría y lo que ha sucedido es sorprendente, y no porque Grecia no hiciera lo que le habían pedido, sino precisamente porque lo hizo y porque los modelos eran erróneos, muy erróneos”. De esta forma argüían Stiglitz y el investigador asociado de la Universidad de Columbia Martín Guzmán en un artículo recogido por El Huffington Post España, abordando la idea de que la recuperación de Argentina de su suspensión de pagos podría ofrecer un ejemplo esperanzador para Grecia.

Stiglitz, además, junto con el prestigioso académico francés Thomas Piketty, manifestaron en una carta publicada en el Financial Times: "Es equivocado pedir a Grecia que se comprometa con un viejo programa que ha resultado fallido, ha sido rechazado por los votantes griegos y que muchos economistas hemos denunciado como erróneo desde el principio".

Ya a mediados del año pasado, Piketty valoraba, en una entrevista publicada en El Huffington Post España, propuestas alternativas a la austeridad que él mismo recogía en sus escritos. Explica que hay medidas muy efectivas para recaudar dinero “sin afectar en absoluto al grueso de la población”, como por ejemplo, aumentar los impuestos a los grandes patrimonios privados. Afirma que, incluso instituciones muy conservadoras como el FMI o el Bundesbank “han indicado recientemente que esta solución (impuestos al capital privado) es una que hay que considerar seriamente”, debido a la rapidez y facilidad con la que permite reducir la deuda y a la evidente lentitud y poca eficiencia de las medidas de austeridad:

“La austeridad funciona solamente en el muy largo plazo. Con una inflación tan baja como la actual y con crecimiento casi nulo es complicadísimo disminuir el nivel de endeudamiento. El Reino Unido lo hizo a lo largo del siglo XIX, funcionó pero el proceso duró un siglo: 100 años durante los cuales el Estado gastó más en pagar a los rentistas que en educación”.

El analista financiero Clive Crook se preguntaba en una pieza para Bloomberg cómo puede ser que el fracaso de las políticas de austeridad en Grecia no se encuentre siquiera en la agenda de los acreedores internacionales mientras presionan por alcanzar un nuevo acuerdo.

“Sí, el programa ha fallado”, escribía Crook. “No, no podría alcanzar sostenibilidad en su deuda. De ninguna forma, así que era un sinsentido machacar aún más el nivel de vida de los griegos. ¿Qué tenían que ver una cosa con la otra?”

Los acreedores, según sostiene, han puesto muy poco de su parte a la hora de hacer concesiones, al mismo tiempo que culpaban el estancamiento de un Gobierno griego frente a una economía en hundimiento y unos niveles de vida desesperantes.

Una mujer camina frente a pancartas en las que se lee 'NO' en Atenas, el 2 de julio de 2015. (Arris Messinis/AFP/Getty Images)

El profesor de ciencias empresariales de la Universidad de Maryland razona que no hay ninguna prueba de que aplicar más austeridad en Grecia vaya a sacarla de su aprieto.

“Ni el ministro de Economía de Alemania, ni de ningún otro gobierno europeo, ni institución privada competente alguna ha puesto sobre la mesa un análisis que demuestre cómo un aumento de la austeridad y de las reformas laborales y de mercado (entiéndase, más despidos y recortes salariales) desencadenarían crecimiento y no unas pérdidas mayores para los titulares de bonos”, escribía el profesor para la CNBC. “Una ronda más de austeridad sólo podría apalear aún más la economía griega e imponer un aislamiento económico del que los líderes europeos deberían avergonzarse”.

Para el profesor de Economía de Harvard, Ken Rogoff, la imposición de más austeridad en Grecia sería inútil si el país no es capaz de implementar las políticas o si sigue mostrándose dudoso de su efectividad. “Para que las reformas arraiguen, el Gobierno griego y su electorado debe tener fe en ellas”, articulaba para Project Syndicate.

Rogoff continúa diciendo que no todos los programas de reforma estructural son malos. Además, critica a los economistas de izquierdas por descartar su utilidad, aunque afirma que, en el caso de Grecia, tal vez no hubieran sido la mejor respuesta.

En un mundo ideal, ofrecer ayuda financiera a cambio de reformas podría ayudar a aquellos en el país que quieran moldearlo como un estado europeo moderno. Pero vista la dificultad que ha tenido Grecia hasta ahora para realizar los cambios necesarios para alcanzar ese objetivo, tal vez sea hora de reconsiderar totalmente esta forma de abordar la crisis. En lugar de un programa que ofrezca más préstamos al país, quizás tendría más sentido ofrecer ayuda humanitaria directa, sin tener en cuenta si Grecia permanece por completo en la Eurozona.

Ancianos avanzan en exigencia de sus pensiones completas durante una protesta en Atenas, el 1 de julio de 2015. (Daniel Ochoa de Olza/AP)

Otros economistas señalan que Grecia se ha visto atrapada en un ciclo vicioso de deuda. El dinero que se prestó a Grecia sirvió para compensar a los acreedores privados, en lugar de cubrir las arcas del Gobierno griego.

“El rescate que se produjo en el sector bancario fue más bien un rescate de las instituciones de la Europa del norte que se habían sobreexpuesto en Grecia”, declaró a The WorldPost el consejero económico jefe de la empresa de análisis Centro de Economía e Investigación Empresarial, también autor de un libro sobre la economía griega. “El problema con esta deuda en particular es que no ha hecho otra cosa que transferir todo su peso sobre los griegos”.

Jared Bernstein, un antiguo consejero económico del Presidente Barack Obama, sostiene que Europa podría haber ayudado a la economía griega de una forma más astuta y sostenible. Escribía para MSNBC que, a pesar de que parte de la culpa fue del despilfarro griego, las políticas crediticias han sido desastrosas.

Una razón por la que la deuda del Gobierno griego creció de una forma tan rápida fue que Alemania, el centro de poder económico que ha estado imponiendo austeridad sobre los griegos, no usó el dinero de su superávit comercial para comprar las importaciones de economías periféricas más débiles, como la griega, cosa que habría fomentado un crecimiento más equilibrado y un descenso de la deuda en la región. En vez de eso, compraron deuda griega, financiando así la situación con la que nos encontramos hoy en día.

El Primer Ministro griego Alexis Tsipras se dirige a la nación en un discurso televisado desde su oficina en Atenas, el 1 de julio de 2015 (Oficina del Primer Ministro griego via Getty Images)

Varios analistas señalan que Syriza, el partido de Tsipras, fue elegido democráticamente para luchar contra las exigencias de los acreedores y que los últimos deberían haber tenido esto en cuenta.

“Está claro que la Troika le aplicó un Corleone al revés: le hizo a Tsipras una oferta que no podía aceptar y, presumiblemente, lo hizo a sabiendas”. Así se expresaba el economista y premio Nobel, Paul Krugman, en una pieza sobre la oferta final de rescate de los acreedores. “Así que el ultimátum fue, en efecto, una jugada para reemplazar al Gobierno griego. E incluso si no te gusta Syriza, este hecho tiene que ser perturbador para cualquiera que crea en los ideales europeos”.

TE PUEDE INTERESAR

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno