POLÍTICA
26/09/2015 21:25 CEST | Actualizado 26/09/2015 21:25 CEST

La Ciutadella reflexiona

“Dime, qué culpa tengo yo de haber creído en ti”. Este desgarro flamenco retumba en mitad del parque de la Ciutadella. Vecinos y turistas palmean durante un concierto organizado por una asociación de familiares de afectados por el alzheimer en la Glorieta de la Transexual Sònia, que fue asesinada en ese mismo lugar por un grupo de neonazis en 1991.

Es sábado. Los padres juegan al fútbol con sus hijos, las parejas se besan como por primera vez, los japoneses se fotografían frente a las fuentes de dragones, los amigos reman en el pequeño estanque. Es la vida de Barcelona durante la jornada de reflexión, el día en el que los políticos deben guardar silencio, las horas en las que todos tienen que pensar sobre su futuro.

La Ciutadella es el corazón democrático de Cataluña, el hogar del Parlament. Las urnas decidirán en horas quiénes serán los 135 diputados que acudirán allí a diario durante los próximos cuatro años para escribir el siguiente capítulo de la historia.

Pero no todos están hoy de fiesta. Los equipos de televisión trabajan a destajo durante este sábado plomizo frente a la Cámara autonómica preparando los platós desde donde retransmitirán la noche más importante para Cataluña desde la vuelta de la democracia. Camiones, sillones de diseño embalados, focos que el domingo iluminarán el rosáceo rostro del Parlament. La política también es un show catódico y durante la jornada la audiencia reclamará sondeos, gráficos, datos, análisis, risas, broncas, sonrisas y lágrimas.

El Parlament ocupa un edificio que fue en su origen un arsenal militar mandado a construir por Felipe V en 1716 y por cuyos calabozos pasaron centenares de presos políticos durante más de un siglo. Siempre testigo de la historia de la ciudad, a finales del siglo XIX el ayuntamiento lo rehabilitó para que fuera un palacio real, aunque finalmente sirvió como museo de arte. El 6 de diciembre nacía su historia como sede de la representación popular cuando se celebró la sesión inaugural, con la asistencia del president de la Generalitat Francesc Macià.

Casi 83 años más tarde, los catalanes elegirán otro Parlament... y muchas cuestiones de identidad siguen sin resolverse tras décadas. Los candidatos aguardan este sábado nerviosos el resultado. Pero por imperativo legal deben sellar sus labios durante esa jornada. Es la hora de que hable la gente. Por eso, les damos a los barceloneses la palabra, son los protagonistas, y les preguntamos qué le dirían a los políticos tras estos extenuantes quince días de campaña.

"HA SIDO UN CIRCO"

“Les diría que desaparezcan, que hacen mucho daño. La política tiene que ser un servicio al pueblo y no un negocio”. Así de contundente responde Soraya, una office manager de 32 años que trabaja en una empresa sueca. Pasea junto a su perro por la zona flanqueada por el estanque y la estatua del Mamut, realizada en 1907 por Miquel Dalmau.

Para ella, “esta campaña ha sido un circo literalmente. Como no tengo tele no la he seguido mucho, pero escuchas comentarios y si lo ves, te cabreas”. “Creo que estamos tratando un tema muy serio para que se monten estos espectáculos entre el coletas y el indio. Me parece todo ridículo”, lamenta.

Muy cerca, Esteve y Maite, de 59 y 57 años, respectivamente, observan cómo se están montando los platós de televisión frente al Parlamento. Han aparcado por allí la moto y se adentran en el parque para pasar la mañana del sábado. Si tuvieran a los políticos delante, pronunciarían: “Volem la independència”. Esto sería, según explica él, para lograr un “Estado mejor, más justo, más libre, más solidario”. “No vamos contra nadie, pero queremos poder gobernarnos nosotros mismos”, apostilla. Ella le mira asintiendo y pone énfasis en que en la campaña se ha visto mucha “unión, todos juntos”.

"QUE LO SOLUCIONEN DE MANERA ADULTA"

Andreu y Daniel han quedado en el parque para tocar la guitarra y cantar. Se han conocido hace poco a través de un anuncio para formar un grupo de música. Su sueño es tener su propia banda, aunque por el momento aspiran a tocar en algún bar. Mezclan todo tipo de música, del rock al blues pasando por el folk. Esta mañana ensayan juntos en un banco temas de Joan Manuel Serrat, Estopa y Cultura Profética.

Interrumpen durante un momento la actividad de sus guitarras. Andreu es de Barcelona de toda la vida, Daniel llegó hace un mes desde Venezuela. El primero se atreve a responder: “Les diría que me gustaría que se solucionara el tema que estamos viviendo en Cataluña. Llevan muchos años con esto y no hay ningún comentario nuevo por parte de nadie. Debe solventarse de la forma más tranquila y agradable para todos, para los que están a favor y en contra”. E insiste en la idea: “Cosas nuevas, direcciones nuevas, hacerlo de una manera inteligente y adulta”.

En su opinión, “esto parece un colegio”. “La campaña ha sido tremendamente aburrida, se ha focalizado todo en la autodeterminación. Lo único que han hecho ha sido subir el tono y han continuado con sus cosas. Ha sido hasta infantil, estoy bastante decepcionado”, resume sobre sus sensaciones durante estos días.

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La música domina muchos rincones de la Ciutadella. Allí se organizan conciertos al aire libre de jazz durante el verano y en el mes de mayo la gente escucha, con un vermú en la mano, a grupos indies en las actuaciones matutinas del Primavera Sound. Rock, pop, electrónica… y también world music. En una parte del parque se escuchan timbales. Con este ritmo de fondo, Alex y Ana pasan la mañana tumbados sobre una manta de colores. Puro estilo barcelonés. Arrumacos de fin de semana. Por eso, suena triste lo que le solicitan a los políticos: “Que no piensen en ellos, en llegar al poder, que se interesen por los demás”.

Ella es periodista y trabaja en una agencia de comunicación. Se ha interesado por lo que se ha dicho en campaña, pero la ha vivido con “incredulidad”. “Hay un punto en el que no te crees lo que dicen y todos parecen iguales. Siento cansancio, no me siento identificada, no siento que hablen en favor de la ciudadanía”, comenta.

“Es complicado”, completa su pareja, que dice que si tuviera en frente a un político, “protestaría por muchas cosas que no se hacen bien”. “Les diría que reflexionen. Pero, por ejemplo, a Artur Mas se la soplaría”, dice con carcajadas que se tiñen de cabreo. Este profesor de informática de 34 años todavía piensa si irá a votar. Duda unos segundos. Al final reconoce que cree que al final acudirá, pero su voto será “en blanco”. Sigue el sábado para estos dos enamorados del barrio de Sant Andreu.

"MENOS MENTIRAS Y MÁS CUMPLIR LAS PROMESAS"

La Ciutadella es un pequeño oasis en mitad del centro atestado de turistas. Muchos barceloneses se refugian allí. Tiene ese punto de elegancia de jardín botánico que ha recibido centenares de pisadas históricas salpicadas por fuentes y bustos. Además, puede presumir de que fue el primer parque de la ciudad.

Marina ha ido con sus amigos a disfrutar del sábado. De una manera especial, día de slackline. Auténticos equilibristas, andando sobre una cinta. Y como en la vida, flotan durante unos segundos y luego caen. “Hoy mismo les diría que dejen de inventar cosas, que dejen de decir tonterías para influenciar a la gente y que reflexionen un poco”, responde.

Antes de volver a reír y a seguir su paseo por las nubes, confiesa que ha “escuchado poco” lo que se ha dicho en campaña, porque “cada palabra de uno es contraria a la del otro”. “Lo que deberían hacer -prosigue- es pensar el 28 de septiembre sobre lo que han prometido y no han hecho”. ¿Le harán caso?

En el otro extremo del parque un grupo de animalistas se han concentrado. Forman parte del movimiento 269 y protestan de manera festiva con los cuerpos pintados a favor de la liberación animal. Allí están Cristina y Lourdes, que rondan los treinta años, con sus vaqueros rotos y con falsa sangre por todo el cuerpo.

Cristina lo tiene claro: “Menos mentiras y más cumplir sus promesas de lo que van diciendo durante todo el año, especialmente cuando se acerca la época de elecciones. ¡Y que miren más por los derechos de los animales!”

A la vez confiesa que esta vez la campaña ha sido más “emocionante” y ha seguido los debates entre los candidatos. “Es verdad que nos estamos jugando algo diferente, la independencia de Cataluña”, dice mientras se disuelve la concentración. Son días de protesta, de reivindicación, de que se escuche la voz de todos en la Ciutadella.

Pasan las horas del sábado. Los políticos guardan silencio mientras eligen las chaquetas de la noche electoral. Un grupo de turistas cruza a toda velocidad el parque con bicicletas naranjas alquiladas. Varios niños ríen mientras hacen pompas de jabón. Una pareja se hace un selfie en la Gran Cascada. Dos amigas se hacen confesiones en una terraza con una cerveza fresca en la mesa. Y, mientras, el Parlament espera a sus nuevos 135 inquilinos.

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