Un ciclista de 55 años pedalea hasta los Juegos Olímpicos: "Las rutas más bonitas son extenuantes"
El hombre, residente en Sömmerda, Alemania, ha recorrido 750 kilómetros, logrando cruzar los Alpes y cuatro duras subidas de montaña.

Un hombre de 55 años que vive en la ciudad alemana de Sömmerda decidió emprender un agotador viaje en bicicleta de 750 kilómetros a través de Coburgo, Núremberg, Innsbruck y el Paso del Brennero. Se trata de un empresario que cuenta con una compañía de taxis de esta localidad y que quiso hacer este viaje ciclista a los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina como reto personal, según ha publicado Thüringer Allgemeine.
Al principio, una enfermedad que padece le hizo dudar de sí mismo, no sabía si lo lograría. Pero, ahora que su viaje ciclista a los Juegos Olímpicos ha terminado asegura haber encontrado gracias a este reto todo lo que llevaba tanto tiempo buscando. "Ha sido lo más difícil que he hecho en los últimos años", afirma Peter Leischner, quien, entre los pasados 5 al 12 de febrero, logró conquistar los Alpes con su bicicleta, viajando desde Turingia hasta el valle de Antholz en camino a los Juegos Olímpicos.
La ruta incluía cuatro subidas importantes, la más notable, la ascensión final de casi 1.000 metros en el valle de Antholz. "El Paso del Brennero y la subida final fueron extremadamente desafiantes", dijo Leischner. Al llegar, se llevó una gran decepción: no había competición, sólo entrenamiento. Por lo tanto, el acceso a las instalaciones estaba restringido a atletas y entrenadores.
En ese momento, Leischner dudó de la viabilidad de su vuelta por todos los impedimentos, pero su espíritu olímpico y las palabras de un amigo, que le dijo: "Tú puedes, eres un luchador", lo animaron. "Sin mi esposa, mi hermana y mis compañeros, no lo habría logrado", enfatiza agradecido el ciclista.
"Las rutas más bonitas por las que pasé siempre eran las más extenuantes", recuerda Leischner. Nunca superaba los cinco grados centígrados, pero siempre lograba superar la lluvia y la nieve pedaleando. Peter Leischne ni en el Paso del Brennero ni en las oficinas de turismo encontró una bandera de los juegos. Pero, poco antes de llegar a su destino, el destino le dio una grata sorpresa: en un hotel pudo presenciar la carrera de trineo doble.
Cuando el equipo italiano ganó el oro, estalló la alegría. "Todos se abrazaban; muchos conocían personalmente a los atletas, pues son de esta zona", recuerda Leischner. Y, al final, el espíritu olímpico que él buscaba lo encontró inesperadamente en la exuberante alegría de los locales por el oro en trineo.
"No ha sido una vuelta loca, para nada", dijo después. "El 90 % de quienes me dicen eso lo habrían logrado hacer también. Quizás les habría llevado un poco más de tiempo. Lo único que importa es la fuerza de voluntad", dice entusiasmado del ciclismo . Si nada se interpone físicamente, ya tiene la vista puesta en su próximo objetivo: los Juegos Olímpicos de 2030 en Francia. Cogió ya el tren de vuelta a casa el fin de semana de los pasados 14 y 15 de febrero. Y, unos días después, se fue de vacaciones, a dos valles de Antholz. Un merecido descanso.