POLÍTICA
28/09/2015 17:27 CEST | Actualizado 28/09/2015 17:27 CEST

27S + 1

ANTONIO RUIZ

BARCELONA.- En la década de los sesenta Xavier Miserachs captó el alma de Barcelona a través de su cámara. Era una ciudad marcada por el franquismo, en la que todavía paseaban burros por las calles, de marineros por el Barrio Chino, de señoronas de negro con abrigos de piel, de fondas, de espuma de barbero. Pero también había chicas yeyés, estudiantes con corbatas británicas y vespas que transportaban a parejas traviesas.

Barcelona, blanco y negro es una obra maestra de la fotografía, un relato sentimental de aquella ciudad. Y este retrato protagoniza una de las exposiciones más esperadas de la rentrée artística. Cuelga desde el 17 de septiembre en las paredes del MACBA, se inauguró en mitad de la campaña electoral, momento en el que los fotógrafos prefieren los mítines y las portadas de periódico.

Un día después del 27-S, la ciudad vuelve a su rutina, a sus escenas. Barcelona es ahora en color, con brillos digitales, de filtro de Instagram. La plaça dels Angels -donde está el museo- sufre los saltos de los skaters y las pisadas de los viandantes que corren haciendo recados o a recoger a sus hijos y nietos en la Escola Vedruna, mientras los estudiantes de la facultad de Geografía e Historia se toman una cerveza en una terraza. Por allí pasa también el eurodiputado Ramon Tremosa (Convergència) camino de un debate. Instantáneas de 2015.

¿Cómo están digiriendo los catalanes los resultados electorales? ¿Qué piensan? ¿Qué creen que va a pasar? ¿Qué harían ellos a partir de ahora?

“NI LAS AMENAZAS DE RAJOY NI LAS MARAVILLAS DE MAS”

“Mas no se acabó de salir con la suya y Rajoy no se entera”. Este análisis lo hace Eduardo, un comercial que lleva toda la mañana visitando locales para ofrecer sus productos de refrescos. Se ha sentado un momento frente al MACBA y ha dado una tregua al pedaleo. Y mira al futuro: “No sé, creo que estamos en una situación muy complicada. O la dos partes ceden o esto no tiene arreglo”.

Antes de volver a anotar sus cálculos en una libreta se atreve a decir lo que haría si fuera político: “Un estado federal o confederal”.

Mari Carmen es vecina del barrio y va a recoger a su nieto. Ella interpreta el resultado como “el deseo de ser independientes”, aunque advierte de que “la gente se ha volcado más por las últimas reacciones del PP tan en contra, ha sido como un revulsivo”.

“No sé lo que va a pasar, no lo veo claro, la independencia me parece bien, siempre que no sea extremista, por narices. Se tiene que hacer todo como se desea, pero de manera coherente, tranquila y siempre diciendo la verdad”, reflexiona. Aquí incide: “No se ha dicho la verdad ni por un lado ni por otro. Unos han ido en contra con su ‘no, no, no’ y ‘toma, toma, y otros con sus promesas”.

Si ella pudiera decidir, “antes de tomar decisiones drásticas hablaría mucho porque un país no son los políticos, sino los ciudadanos”. Hay mucha gente, prosigue, que tiene “miedo” a lo que pueda venir por temas como la pensiones o casos como el de la empresa donde trabaja su marido, que exporta el 80% al resto de España. “Hasta ahora han sido amenazas y maravillas. No me creo ni las amenazas de Rajoy ni las maravillas de Mas”, apostilla.

Ella, como mucha gente, dice que está un 70% a favor de la independencia, pero que le queda un 30% de duda. “No me imaginaría que votara tanta gente que sí, lo bueno hubiera sido que para ganar más escaños tuvieran que pactar con otros que no piensa como ellos”, agrega.

“UNA PARTICIÓN EXACTA”

En uno de los desniveles de hormigón de la plaza está sentado Javier, estudiante de Geografía, con una amiga. Como si fuera un cartógrafo, dibuja el mapa de la situación: “El Gobierno central no se está encargando del asunto, de la cosa independentista, es un problema que hay en España y se debería asumir”.

Este 27-S “se ha visto perfectamente que hay una partición exacta”, dice, a la vez que considera que “a partir de ahora empieza un periodo de negociación”. “Es lo que tiene que ser cuando hay un problema, se tiene que hablar, resolver”, dice con ahínco.

¿Y qué haría él? Javier responde: “No creo ni en fronteras ni en banderas. Estoy de acuerdo en que Cataluña necesita más autogobierno, sobre todo a nivel fiscal. Si se resolviese como en el País Vasco y Navarra, todos se solucionaría”.

Toman unas cervezas y patatas bravas Ana y Sergi mientras conversan sobre las elecciones del domingo. “Ha sido un éxito por parte de las izquierdas cuando ves la evolución, yo voto a la CUP, ya son mayoría en el Parlament y se pueden poner las cosas sobre la mesa”, indica él. Su postura es que se haga ahora un Gobierno de coalición con Junst pel Sí y la Candidatura d’Unitat Popular para que haya un Gobierno provisional y se empiEcen a sentar las bases de un nuevo país. “Se puso un límite de 18 meses, pero cuanto antes, mejor”, remacha.

“La CUP”, aclara, “no apoya a Mas, en todos los mítines ha dicho que no lo investirá. Pueden meter a Oriol Junqueras o a Raül Romeva”.

“NO VA A CAMBIAR NADA”

Las dudas sobre la CUP y su postura respecto a Mas también asaltan a Carmen, la cartera del barrio. “No sé si estarán dispuestos a pactar con el presidente, espero que se mantengan en su posición”, relata. Dos cosas le sorprendieron a ella este domingo por la noche. Por un lado, “Ciudadanos subió más de lo que esperaba”, y, por otro, que tuviera “tan poco seguimiento Catalunya Sí que Es pot”. Además, reflexiona sobre cómo va a reaccionar ahora la parte que defiende el ‘no’ a la independencia. No tiene pistas.

Nos regala su recta para solventar el problema. “Habría que dar más autogobierno a Cataluña y evidentemente, hacer una consulta directa. Y que no se olvide la política social”, explica.

También se llama Carmen, pero hoy no trabaja. Acaba de salir del museo tras disfrutar de las fotografías de Miserachs. Ella está “contenta” porque el PP “se ha ido arrinconando”, pero cree que ha pasado lo que todos temían: “no va a cambiar sustancialmente nada”. “Esto es un montaje de los de fuera, ya ves la tranquilidad que hay”, añade.

Lo que vendrá a partir de ahora es que se “enzarzarán con más de lo mismo, los poderes lo tienen claro”. “Es evidente que el pueblo quiere manifestarse porque está hasta aquí, está la cosa muy mediatizada”, reflexiona. Su análisis incide en que “no es un sentimiento ultraindependentista, sino de querer cambiar porque se está ninguneando a Cataluña, se quieren quitar muchas cosas de en medio”. “Si fuera política, intentaría trabajar, dejarnos de hostias, para cambiar lo que nos está ahogando a todos, dejarnos del ‘y tu más”, finaliza.

Un día después de las elecciones. 27S+1. Escenas de Barcelona.

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