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09/11/2015 11:41 CET | Actualizado 09/11/2015 11:41 CET

¿Qué demonios hace esto en la nevera?

"Aparato electrodoméstico, cámara o mueble que produce frío para conservar alimentos u otras sustancias". Es la tercera acepción —y la más popular— que recoge el diccionario de la Real Academia Española para el término frigorífico. Como vemos, la RAE deja la puerta abierta a introducir "otras sustancias", aunque los garantes de nuestra lengua probablemente no imaginaron algunos de los usos que vamos a comentar aquí.

Según un estudio de ámbito europeo, más de una cuarta parte (26%) de los usuarios guarda las medicinas en el frigorífico. Además, el 6% también deja el pegamento en la nevera, el 3% el esmalte de uñas y un 1% pinturas y pilas. Por si fuera poco, algunos admitieron refrigerar el protector solar, tabaco o plastilina.

MEDICINAS, SOLO CUANDO PROCEDE

Vamos por partes. Quien más y quien menos ha guardado alguna medicina en la nevera. Se trata de una práctica necesaria solo cuando el fármaco lo requiere (suele indicarse en el envase), y, en general, es aplicable a los medicamentos termolábiles (insulinas y ciertas vacunas, colirios y antibióticos), que deben conservarse entre 2 y 8º C. Si no es el caso, lo más recomendable es guardarlos a temperatura ambiente y en lugares secos donde no les de luz de forma directa.

Algo parecido pasa con los cosméticos. Se acepta que, en general, el peor enemigo de ellos es el calor, pero eso no quiere decir que el frío sea lo más conveniente. Las neveras domésticas suele estar a una temperatura entre 2 y 6º C, demasiado baja para la mayoría de estos compuestos, aunque en casos concretos como mascarillas de tratamiento, tónicos o lacas de uñas el frío potencia el efecto del producto.

DESTRUYE OLORES, DESPEGA TODO

En los trucos domésticos nos encontramos con los usos más insólitos que se suele dar a un frigorífico. Pero ojo, mientras unos pueden funcionar, otros son solo leyendas urbanas. Respecto a pilas convencionales y/o baterías de litio se extendió durante unos años la teoría de que su carga y vida útil duraban más previo paso por el congelador, un extremo que el tiempo ha ido disipando. Tampoco está tan claro que, como dijo en su día un alto ejecutivo de Levi’s, sea mejor congelar unos vaqueros que lavarlos para acabar con sus gérmenes.

Eso sí, como destructor de mal olor el congelador es infalible. Y sí, es cierto que las velas duran más —y gotean menos— después de haber pasado unos minutos en el congelador. ¿Y que hay de la flores cortadas? Efectivamente, se conservan mejor en la nevera. Por último, esa ‘manía’ que tiene el congelador de convertir todo en materia ultrasólida es perfecta para cuando hay que despegar ese maldito chicle del jersey, o esas gotas de cera de tus pantalones. ¡Ay si hubieras congelado antes esa vela!

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