INTERNACIONAL
11/08/2018 10:28 CEST | Actualizado 11/08/2018 10:28 CEST

Las claves para entender el choque diplomático entre Canadá y Arabia Saudí

Una crítica a las violaciones de derechos humanos hechas por Riad, medidas de castigo por parte de los saudíes y Occidente, de perfil.

Canadá y Arabia Saudí están viviendo un choque diplomático sin precedentes. ¿Por qué? Básicamente, porque el Gobierno del liberal Justin Trudeau ha hecho lo que ningún otro Ejecutivo occidental hace: criticar las violaciones de derechos humanos de Riad, ese gran aliado petrolero y comercial al que nadie quiere incomodar.

Los saudíes han replicado al toque de atención con una oleada de medidas contra los canadienses, pero los de Ottawa ya han dicho que no les van a responder con la misma moneda. Mientras se conoce el impacto que la reprimenda puede tener, mientras esperamos -mejor sentados...- a que otros países se sumen a la censura a Arabia, mientras se recomponen o no los lazos, estas son las claves para entender el choque, hasta hoy.

El origen de la disputa

El viernes de la semana pasada, la embajada de Canadá en Arabia saudita publicó un comunicado en su cuenta de Twitter en el que dijo estar "gravemente preocupada" por una nueva ola de arrestos de militantes proderechos humanos en el reino. "Pedimos a las autoridades sauditas que los liberen inmediatamente, así como a todos los demás activistas pacíficos pro derechos humanos", declaró.

El ministerio saudita de Relaciones Exteriores expresó entonces su queja respecto al comunicado de la embajada. "Es muy lamentable que las palabras 'liberación inmediata' figuren en el comunicado canadiense -indicó- (...). Es inaceptable en las relaciones entre los dos países".

Días antes ya el ambiente se había calentado, cuando Chrystia Freeland, ministra de Relaciones Exteriores canadiense, pidió en un tuit la liberación de Samar Badawi y de su hermano Raif, ambos activistas saudíes y encarcelados por las autoridades del país.

Quiénes son los Badawi

Badawi es una activista reconocida internacionalmente por su trabajo en favor del derecho de las mujeres a votar, conducir y lograr justicia social. También pelea por el reconocimiento de los derechos de la minoría chií en Arabia Saudí y fue galardonada con el International Women of Courage Award de Estados Unidos en 2012. La semana pasada fue arrestada. Su hermano es un importante bloguero, cofundador de la web Liberal Saudi Network, un espacio de debate, condenado a diez años de prisión y a recibir mil latigazos por "insultar el islam". Recibió el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2015, que ofrece el Parlamento Europeo. En España, está apadrinado por Reporteros Sin Fronteras.

El Ministerio saudí de Asuntos Exteriores consideró que la queja canadiense supone una "injerencia flagrante en los asuntos internos del reino" y subrayó que ésta carece de fundamento, que "no se basa en ninguna información precisa o verdadera". "Las personas mencionadas fueron detenidas legalmente por la Fiscalía por cometer delitos punibles por la ley, que también garantizaba los derechos de los detenidos y les proporcionó el debido proceso durante la investigación y el juicio", se indica en el comunicado.

Junto a Samar Badaui fue detenida su colega Nasima al Sadah. Todas ellas son "las víctimas más recientes de una campaña de represión sin precedentes por parte del gobierno" saudita, había declarado el miércoles la ONG de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch. Esos arrestos se produjeron unas semanas después de las detenciones de militantes de los derechos humanos acusadas de atentar contra la seguridad nacional y de colaborar con los enemigos del Estado. Ya se han producido algunas liberaciones.

La respuesta saudí

Arabia Saudí, ahora comandada en gran medida por el príncipe heredero Mohamed bin Salman, anunció el lunes su decisión de expulsar al embajador de Canadá en Riad y de llamar a consultas a su embajador en Ottawa, debido a esta supuesta "injerencia" cometida en sus asuntos soberanos.

Además, ha congelado las relaciones comerciales y financieras con Canadá, ha cancelado las compras de bienes canadienses, ha obligado a la salida del país de 7.000 estudiantes saudíes becados en Canadá, la suspensión de todos los programas de tratamiento de pacientes saudíes en hospitales de Canadá y su traslado a otros países, y también ha ordenado la venta de activos canadienses en posesión de los fondos de inversiones y compañías estatales de Arabia Saudí. Igualmente, se han suprimido temporalmente los vuelos de la compañía Al Saudia, un veto que entrará en vigor el 13 de agosto.

Cómo evoluciona el conflicto

Unas horas después del anuncio de la expulsión del embajador canadiense en Riad, Ottawa reafirmó con fuerza las bases de su política exterior desde que Trudeau llegara al poder, en 2015: la intransigencia en la defensa de los "valores" humanistas y progresistas del país aunque ello pueda costar una crisis diplomática.

"Que las cosas sean bien claras para todo el mundo (...): Canadá defenderá siempre los derechos humanos, en Canadá y en el resto del mundo", declaró la ministra de Relaciones Exteriores en su primera reacción tras la sorpresiva medida saudita.

No obstante, el ministro de Finanzas de Canadá, Bill Morneau, ha confirmado este viernes que no se plantean tomar represalias contra Arabia Saudí por lo que calificó como acciones "sin precedentes" adoptadas por Riad. "No estamos considerando ninguna respuesta" a Arabia Saudí, dijo Morneau.

Aunque reconoce que es pronto para conocer si las medidas de castigo del reino pondrán en peligro la economía patria, Morneau llama a la calma. Sin embargo, confirman que están muy pendientes de la evolución del caso. Por ejemplo, la venta de vehículos blindados ligeros a Riad por Ottawa, firmada en 2014 por una cuantía cercana a los 11.500 millones de dólares norteamericanos (casi 10.000 millones de euros), podría estar amenazada.

Por derecho

Trudeu no es el salvador del mundo y, pese a su elevada popularidad mundial, su gestión también tiene sombras. Sin embargo, es cierto que en materia de derechos humanos no tiene problemas en perder un buen negocio si están en juego. A comienzos de año, un contrato de venta de 14 helicópteros destinados a las Fuerzas Armadas de Filipinas ya fue congelado por las críticas de su gabinete a las continuas violaciones a los derechos humanos por el gobierno del presidente Rodrigo Duterte.

"Llega un momento en el que políticamente se debe hacer una opción", explica a la agencia AFPFerry de Kerckhove, exdiplomático y politólogo en la Universidad de Ottawa."Es evidente que a los ojos del mundo se percibe a Canadá como uno de los últimos bastiones de la defensa del orden liberal internacional, tanto en el plano político como en el económico y el social", junto a países como Alemania, Francia o Suecia, apuntó.

Bessma Momani, profesora en la Universidad de Waterloo, en Canadá, piensa que a largo plazo esta política exterior "ética" puede serle beneficiosa a Ottawa, incluso si en lo inmediato le cuesta caro. "Cuando firman un contrato con Canadá, los propios hombres de negocios árabes saben, por un tío o por un sobrino, que Canadá es una sociedad multicultural que respeta los derechos humanos", dijo a la AFP. "Creo que aunque perdamos contratos con algunos gobiernos autoritarios conseguiremos más en otros países, precisamente porque respetamos los derechos humanos".

Algunos dudan, sin embargo, que el tema humanitario haya sido el verdadero detonante de la crisis actual. "No tiene nada que ver con los derechos humanos", dijo a la citada agencia Amir Attaran, profesor en la Universidad de Ottawa. "Es un pretexto muy débil. Aquí hay problemáticas geopolíticas, como la rivalidad estratégica y teocrática entre Arabia Saudita e Irán", su gran rival regional. En su opinión, Riad le estaría haciendo pagar a Justin Trudeau su negativa a respaldar las recientes sanciones estadounidenses a Irán.

David Chatterson, exembajador canadiense en Riad, piensa de manera similar. A su juicio, la diplomacia canadiense ha fracasado. "Creo que perdimos de vista el objetivo de la defensa de los intereses" nacionales, dijo a AFP. "¿Ese objetivo era mejorar la suerte de Badaoui? Si lo era, fracasamos. ¿Queríamos incidir en la orientación general de Arabia Saudita? No creo que lo hayamos logrado. ¿Pretendíamos promover los intereses canadienses? Tampoco lo conseguimos. Un fracaso total".

Lo cierto es que, a día de hoy, Occidente sigue de perfil y ningún gobierno poderoso se ha pronunciado a favor de la crítica canadiense. Manda el silencio ante el aliado saudí.

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