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18/04/2014 08:57 CEST | Actualizado 17/06/2014 11:12 CEST

El cine que me gusta

El cine que me gusta habla sobre la verdad de la gente. Aquel cine sin maquillaje, crudo, real. Me gustan los(as) directores(a) como María Gamboa, aquellos que son auténticos, versátiles, originales y talentosos. Me gustan los directores desconocidos, aquellos que están ocultos.

El cine que me gusta habla sobre la verdad de la gente. Aquel cine sin maquillaje, crudo, real, que muestra la vida cotidiana a través de los personajes. Se me viene a la memoria Mateo de María Gamboa.

Esta película revela la historia de una masacre, sin mostrarla, revela la historia de unos desaparecidos sin acudir al amarillismo. Mateo muestra cómo un pueblo trata de ser sometido por el crimen, pero el mismo pueblo a través de los individuos que lo conforman se revela y se organiza para combatir la violencia, sin violencia, utilizando el arte como elemento catalizador del dolor y del perdón. Mateo es una cinta que en Colombia todos deberían ver, es una película sanadora que exorciza las tristezas más profundas y que cuenta la historia de miles de Mateos.

Me gustan los(as) directores(a) como María Gamboa, aquellos que son auténticos, versátiles, originales y talentosos. Me gustan los directores desconocidos, aquellos que están ocultos, que han hecho con profesionalismo un buen trabajo, pero que han carecido de oportunidades para darse a conocer.

Me gustan películas como Default, de Simón Brand, que contradicen las convenciones, que echan mano de los recursos menos esperados para contar una historia, con un lenguaje que valida lo videográfico y denuncia las más grandes intrigas del sistema a partir de seres humanos simples. Default es un concepto internacionalista de nuestro cine que lo saca de los rincones y lo pone a la altura de las grandes producciones internacionales.

Me gusta Juan Zapata con su película Simone, que demuestra que el cine está por encima de las geografías. En Brasil, este director ha logrado encontrar un espacio para sus narraciones sin moralismos, dejando de lado las problemáticas amarillistas y acudiendo a una estética poderosa que rememora a grandes directores como el recientemente fallecido Alain Resnais en su muy reconocida película Hiroshima Mon Amour.

Me gustan los directores que le dan oportunidades a las historias sin discriminar, aquellos con grandes sueños y corto presupuesto, aquellos a quienes el reto no les queda pequeño y que aspiran a lo grande. Aquellos que se atreven a contar historias reales, ficticias y de todos los colores.

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