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25/09/2013 07:39 CEST | Actualizado 24/11/2013 11:12 CET

Los tiempos adelantan que es una barbaridad. O no

Ingenua y ciberutópica como es una, quiero pensar que algo debemos estar haciendo bien los que nos dedicamos a esto de las TIC. Estamos cambiando la sociedad a mejor, parece. Pero la duda me asalta cuando paso de las páginas de Tecnología a las páginas de Actualidad.

Leyendo las novedades en el sector tecnológico, me siento un poco como don Hilarión en La Verbena de la Paloma. ¡Los tiempos adelantan que es una barbaridad! Los relojes ya no son relojes, ahora son smartwatches. Como el Samsung Galaxy Gear, equipado con un procesador de 800 MHz y memoria RAM de 512 MB. Entre otras muchas cosas, con el Galaxy Gear puedes responder y hacer llamadas con sólo acercar la muñeca al oído. Del tic-tac al click.

O sea, que de reloj sólo le queda que lo llevas en la muñeca. En realidad el smartwatch es un complemento de tu smartphone. ¡Ah, el teléfono inteligente! Y es que los teléfonos tampoco son ya simples teléfonos. Vivimos pegados al smartphone, lo mantenemos a menos de un metro de nosotros, y lo consultamos más de 150 veces al día para mirar el tiempo, las noticias, Tuenti, WhatsApp.., y cada vez lo utilizamos menos para llamar. Si alguien habla de tabletas, la asociación mental que solíamos hacer era chocolate; hoy es iPad. Hace un par de semanas descubrí en el maletero de mi coche una Guía Campsa del 2008. ¿Quién la necesita hoy teniendo un TomTom? Hasta tendré que tirar mis gafas de miope si las Google Glass llegan a popularizarse. Ok, Google.

Y todo ello conectado vía 4G. Todo es súper nuevo, súper bueno, súper rápido. Vivimos en el #wow. Life is Good, dice LG. La música la pone Louis Amstrong, What a Wonderful World (espacio patrocinado por Spotify).

Ingenua y ciberutópica como es una, quiero pensar que algo debemos estar haciendo bien los que nos dedicamos a esto de las TIC. Estamos cambiando la sociedad a mejor, parece. Pero la duda me asalta cuando paso de las páginas de Tecnología a las páginas de Actualidad.

El pasado 4 de septiembre, Vinton Cerf, uno de los padres de internet, declaraba en la Campus Party Europa 2013 que "Internet facilita vivir en un ambiente democrático". Ovación cerrada. Titular destacado en todos los periódicos. Sería muy bonito si no fuese porque el día anterior conocíamos que entraba en efecto en Vietnam el Decreto 72, una ley que impide a los internautas de ese país hablar en webs y redes sociales sobre cualquier tema que no sea de índole personal. Es decir, se prohíbe hablar de política en Vietnam. Cuando veo las imágenes de las revueltas en Egipto, me pregunto dónde se fueron la Primavera y los tuits. ¿Con qué hashtag detendremos la guerra en Siria? ¿Si hacemos que #Al-AsadEntregaLasArmasQuimicas sea trending topic mundial cinco días seguidos conseguiremos que entregue el arsenal químico? No, pero al menos tranquilizaremos nuestra conciencia biempensante. Uno se siente mejor si has firmado una petición en Change.org a favor de que Al-Asad detenga la masacre. Un retuit. Dos likes. Sí, hoy hice algo por cambiar el mundo. Me siento mucho mejor ahora. Rebeldía de salón.

No sé por qué me voy fuera. Me quedo en España. Según los datos del estudioLa importancia del móvil en el proceso de compra, el smartphone es ya utilizado por más de la mitad de los españoles: 22 millones de personas navegan por Internet con frecuencia desde su smartphone. Un 55% de los españoles, recordemos. La cifra muestra el aumento espectacular de un 25%, respecto al año anterior. El mundo a tus pies. O en tu mano. Desde internet puedo elegir entre miles de artículos, miles de tiendas y escoger qué vendedor quiero que me venda tal cosa. Sin embargo, #poralgunarazónquesemeescapa, no puedo seleccionar a las personas que quiero que me representen en el Congreso. Puedo escoger el color del hilo del pespunte del último botón del puño de una chaqueta en BuyVip, pero no puedo escoger a mi senador.

Si el artículo que he comprado no me gusta, puedo reclamarle a la tienda, y puedo solicitar la devolución de mi dinero y de la compra en 15 días. Pero si la lista electoral que he escogido (ya que no me han dejado escoger a mi representante) me decepciona o no está a la altura de mis expectativas o de sus promesas, #poralgunarazónquesemeescapa me dicen que no se puede hacer nada, que me espere cuatro años para volver a votar otra lista. Igual de cerrada, blindada, opaca y sorda que la anterior.

Ocho millones de españoles consultan a diario Facebook y el 72% lo hacen vía móvil. Cifra en continuo ascenso. Sin embargo, #poralgunarazónquesemeescapa, nos dicen que no podemos opinar acerca de cómo queremos ser gobernados, que para eso ya están nuestros representantes en las instituciones. Que sería un caos, complicadísimo, inasumible. Curioso ver que los habitantes de San Francisco podrán votar a través de internet en qué se gastará la ciudad los 100.000 dólares de los que dispondrá cada distrito de la ciudad estadounidense. Presupuestos participativos o sociedad abierta son palabras que aun escribiéndose en perfecto español, aquí suenan a chino.

¿No habrá al menos un libro de reclamaciones para ejercer mi legítimo -e inútil- derecho al pataleo? Sí; se llama Twitter. Es un desahogo verter ahí nuestra frustración y además tener la (falsa) sensación de que nuestra voz es escuchada. El Ministerio de Sanidad debería darle una subvención como agradecimiento a la cantidad de ansiolíticos que el pajarito azul les está ahorrando.

Paro aquí. Iba a hablar de crowdsourcing o plataformas de microfinanciación colectiva, Paypal o pagos por NFC, pero no merece la pena, que ya sabemos que aquí los métodos que han triunfado son los sobres y los EREs. Les iba a animar a implantar plataformas de facturación electrónica, pero no termino de ver cómo habría que registrar una factura por una comilona de langostinos. Igual hay que ponerle un código QR en el lomo a cada langostino. También les iba a contar lo mucho que las redes sociales y los portales de búsqueda de empleo nos están ayudando para salir de esta situación agónica de paro, pero cada vez estoy más convencida de que los que tienen su CV en Infojobs, lo que no tienen es un pariente bien situado. Que esto es España, y aquí funciona mejor la consanguineidad o las amistades que los másters o los méritos. También les digo que no quiero estar en Madrid el día que el nuevo iPhone salga a la venta en España, para no tener que ver a decenas de personas haciendo cola para comprarse su flamante iPhone5S, mientras dos calles más abajo hay otra cola de personas, éstas frente a la puerta del banco de alimentos, esperando a ver si les pueden dar algo para que en sus casas coman caliente ese día.

Etc. Decía Jean Paul Sartre que, "como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad". Quizá sea eso lo que me esté pasando, no sabría decirles.

Siempre que puedo, cuando voy a Atocha a coger el tren para volver a casa, intento sacar un rato y busco alguna cafetería donde quedarme leyendo. Solía ir a Starbucks, que tiene wifi y la foto de la taza mola mucho en Instagram. He vuelto a ir al bar de toda la vida, y siempre que puedo, me llevo algún libro rescatado de la Cuesta de Moyano en vez de la tablet o el ereader. Cafeterías hipster o de bocata de calamares, había y sigue habiendo personas con menos suerte que yo que se acercan a pedirte una limosna. No te piden Bitcoins. Ayer y hoy, te siguen pidiendo unas monedas para poder comprarse un bocadillo. Los veo alejarse con su hato revuelto y no puedo evitar pensar que, después de todo, quizá no hayamos avanzado tanto.

DE EXPERTO A EXPERTO