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Qué supone que Trump abra de nuevo la puerta a la compra de petróleo ruso

Qué supone que Trump abra de nuevo la puerta a la compra de petróleo ruso

El presidente de EEUU levanta 30 días la sanciones con la excusa de rebajar los precios, al alza por su propia ofensiva contra Irán. Putin aplaude porque le supone un balón de oxígeno para su economía tocada y en plena negociación con Ucrania. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el de Rusia, Vladimir Putin, durante su reunión sobre la guerra en Ucrania en la base aérea de Anchorage (Alaska), el 15 de agosto de 2025.
El presidente de EEUU, Donald Trump, y el de Rusia, Vladimir Putin, durante su reunión sobre la guerra en Ucrania en la base aérea de Anchorage (Alaska), el 15 de agosto de 2025.Getty Images

Estados Unidos ha otorgado esta madrugada una exención de 30 días a los países para que compren petróleo ruso y sus productos derivados, que actualmente se encuentran varados en el mar porque sobre ellos pesan sanciones internacionales. Su pecado: pertenecer a un estado que decidió invadir Ucrania hace más de cuatro años, y ahí sigue, comiéndose lo que no es suyo. El secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, ha justificado que esta medida busca estabilizar los mercados energéticos mundiales, convulsionados por la guerra con Irán, guerra ilegal que inició su propio país, junto a Israel, el pasado 28 de febrero. 

La Administración de Donald Trump ha metido al mundo en este lío, con los precios del barril de petróleo llegando a los cien dólares, y ahora toma una medida para descomprimir que, sí, de inmediato ha funcionado, porque los precios han empezado a bajar este mismo viernes (levemente, un el 0,33 %), pero que supone, también, un duro golpe a la causa ucraniana y, por extensión, a sus socios europeos. 

Cuando desde Bruselas se defiende la imposición de más sanciones a los de Vladimir Putin y se apuesta por más presión, por ejemplo, a su flota fantasma (algo que se va a tratar en la cumbre comunitaria del próximo día 19), desde Washington se le da un balón de oxígeno al Kremlin, que se ha precipitado esta mañana a aplaudir el gesto. 

Desde que en febrero de 2025 Trump lanzó el proceso negociador entre Kiev y Moscú, escorado hasta ahora a los intereses del ocupante, el levantamiento de sanciones siempre ha estado sobre la mesa, para pesadilla del mandatario ucraniano, Volodimir Zelenski. Como no se veían progresos en los contactos, más allá de contados intercambios de prisioneros, EEUU ha mantenido ese castigo económico, pero prometiendo a Putin que, al primer gesto, podría levantarlas, porque los dos líderes tienen intereses económicos comunes, como dejaron claro en su encuentro en Alaska de agosto pasado, que van más allá de la contienda. 

Trump, porque no arrancaba nada a Putin y porque lo presionaba su propio partido, ha mantenido o prorrogado sanciones políticas y militares relacionadas con el conflicto en Ucrania, manteniendo una estrategia de presión intermitente. Sin embargo, la flexibilidad con el petróleo tiene un precedente, y no había ataque a Irán: en diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro ya había emitido licencias temporales para permitir que bancos rusos procesaran transacciones relacionadas estrictamente con el sector de energía nuclear civil.

El Departamento del Tesoro también emitió previamente una exención de 30 días el 5 de marzo, específicamente para India, lo que permitió a Nueva Delhi comprar petróleo ruso retenido en el mar. Es uno de los principales clientes del Kremlin, junto a China, una fidelidad que le ha permitido salir a flote de las sanciones durante mucho tiempo. 

El petrolero de bandera rusa Marinera, el 14 de enero de 2026, en la costa de Burghead, Escocia, (Reino Unido).
El petrolero de bandera rusa Marinera, el 14 de enero de 2026, en la costa de Burghead, Escocia, (Reino Unido).Peter Summers / Getty Images

El paso de hoy

La medida conocida esta pasada noche representa el último intento del Gobierno de Trump por controlar los precios de la energía, disparados por el ataque a Irán en sí, por las tensiones regionales tras saltar el conflicto a 13 países más y por la presión de Teherán, que amenaza con paralizar el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz. Se están interrumpiendo los flujos vitales de petróleo y gas en Oriente Medio y se están elevando los precios de la energía, como consecuencia lógica. 

Trump también ordenó a la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EEUU (IFCC) que proporcionara seguros contra riesgos políticos y garantías financieras para el comercio marítimo en el Golfo Pérsico, y afirmó que la Armada estadounidense podría escoltar buques en la región. Y en otro intento por controlar los precios, se plantea suspender temporalmente una norma marítima conocida como la Ley Jones para garantizar que los productos energéticos y agrícolas puedan circular libremente entre los puertos estadounidenses, según ha informado la Casa Blanca. 

La suspensión de esta norma permitiría a los buques extranjeros transportar combustible entre puertos estadounidenses, lo que podría reducir los costos y agilizar las entregas.

Ya hace dos días, el miércoles, Washington anunció la liberación de 172 millones de barriles de petróleo de la reserva estratégica de petróleo en un esfuerzo por frenar el vertiginoso aumento de los precios del crudo tras la guerra con Irán. Dicha liberación forma parte de un compromiso más amplio de la Agencia Internacional de Energía (AIE), integrada por 32 naciones, para poner en disposición 400 millones de barriles de petróleo. La AIE declaró el jueves que la guerra en Oriente Medio estaba provocando la mayor interrupción del suministro de petróleo de la historia, directamente. 

La licencia emitida por Washington autoriza la entrega y venta de crudo ruso y productos derivados del petróleo cargados en buques a partir del 12 de marzo y es válida hasta la medianoche (hora de Washington, seis horas más en Madrid) del 11 de abril, según el texto de la licencia publicado en el sitio web del Departamento del Tesoro.

Esta medida refleja la preocupación de la Casa Blanca de que el aumento de los precios del petróleo tras casi dos semanas de ataques estadounidenses e israelíes contra Irán perjudique a las empresas y consumidores estadounidenses de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que los republicanos, correligionarios de Trump, esperan mantener el control del Congreso. Y cuando la opinión pública y parte de sus propios correligionarios se oponen a esta guerra

Bessent, en un comunicado publicado horas después de que los precios de referencia del petróleo superaran los 100 dólares por barril, precisó que la medida era "limitada" y "a corto plazo", y que no proporcionaría un beneficio financiero significativo al Gobierno ruso, a su entender. "El aumento temporal de los precios del petróleo es una perturbación pasajera que, a largo plazo, redundará en un enorme beneficio para nuestra nación y nuestra economía", declaró, haciéndose eco de las palabras de Trump.

Según informó Fox News el jueves, había aproximadamente 124 millones de barriles de petróleo de origen ruso almacenados en 30 ubicaciones diferentes del mundo, y añadió que la licencia estadounidense proporcionaría entre cinco y seis días de suministro, teniendo en cuenta la pérdida diaria de petróleo en Ormuz.

Choque de posturas

Aunque lo esperado es que el levantamiento de las sanciones impulse la oferta mundial de petróleo, "también podría complicar los esfuerzos de Occidente por privar a Rusia de los ingresos de su guerra en Ucrania y generar tensiones entre Washington y sus aliados", avisa Reuters.

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y el del Consejo, Antonio Costa, tras participar el miércoles en una llamada con los líderes del G7 para analizar el impacto de la guerra de Irán en los mercados de petróleo y gas, ya afirmaron que este no era el momento de relajar las sanciones contra Rusia. Su apuesta fue por mantener los flujos de energía y aplicar límites a precios del petróleo, con vistas a estabilizar los mercados y perjudicar los ingresos de Rusia. "No es el momento de relajar las sanciones a Rusia”, enfatizaron ambos, según informa EFE.

Dos días antes, el comisario europeo de Economía y Productividad, Valdis Dombrovskis, dejó claro que no contemplan suavizar las sanciones impuestas a Rusia, a pesar del repunte en el que se apoya Trump. Recalcó, por contra, la necesidad de sostener la "presión" sobre el Kremlin para evitar "llenar su cofre de guerra", aprovechando la escalada de las tarifas energéticas. "Es importante que no relajemos ahora la presión sobre Rusia y que no ayudemos a Rusia a llenar su cofre de guerra utilizando esta situación de precios elevados del petróleo y el gas", señaló tras una reunión del Eurogrupo en Bruselas.

Sin embargo, ayer jueves, el enviado presidencial ruso, Kirill Dmitriev, declaró haber conversado sobre la actual crisis energética con una delegación estadounidense que incluía al enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y a su yerno, Jared Kushner, en una reunión en Florida. Ya esta mañana, visto el resultado de esas conversaciones, se ha mostrado feliz por el paso dado por EEUU, en contraposición a lo que siente Europa. 

"La energía rusa es indispensable para mitigar la mayor crisis energética mundial", escribió Dmitriev en la red social X tras el el anuncio del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sobre el levantamiento temporal de las sanciones impuestas al crudo ruso que esté en tránsito a fin de contener la escalada de precios de crudo, provocada por la guerra contra Irán.

Según Dmitriev, próximo al presidente ruso, Putin, la medida afecta a aproximadamente 100 millones de barriles de petróleo ruso en tránsito. "Estados Unidos prácticamente reconoce lo obvio: sin petróleo ruso el mercado energético mundial no puede mantenerse estable", escribió, por otro lado, en la red social rusa Max.

Un sector clave

Aunque Rusia depende menos del petróleo y el gas que muchos petroestados -y los ingresos por hidrocarburos representan actualmente aproximadamente un tercio de los ingresos del presupuesto federal, en comparación con el 50% en la década de 2010-, el petróleo y el gas siguen siendo la columna vertebral de la economía rusa. 

El petróleo, en particular, predomina, representando más de un tercio de los ingresos totales por exportaciones, y el sector genera importantes efectos indirectos en la economía en general. Al mismo tiempo, los gastos militares y de seguridad consumen más de un tercio del presupuesto estatal, cifra que llega al 40% si se incluyen todos los costos de seguridad, lo que subraya la importancia estratégica de los ingresos energéticos para sostener el esfuerzo bélico de Rusia, con Ucrania en el centro. 

Desde la invasión a gran escala del país vecino lanzada en febrero de 2022, la UE y sus socios han impuesto extensas sanciones dirigidas a las exportaciones energéticas rusas y a las tecnologías que sustentan la extracción, el refinado y el transporte. El pasado febrero, se presentó ya el 20º paquete de sanciones comunitario, dirigido principalmente a los sectores bancario y energético, que Hungría bloqueó. Pese a ese último fracaso, el consenso previo ha permitido cifrar en 48.000 millones de euros el valor de las exportaciones prohibidas a Rusia hasta ahora y en 91.200 millones el de las importaciones vetadas. 

Ain embargo, debido a los elevados precios mundiales del petróleo -en parte debido a la propia guerra-, Rusia ha seguido obteniendo ingresos comparables o superiores a los habituales hasta principios de 2025, a pesar de exportar menos energía que en 2022. Además, Europa ha seguido canalizando fondos significativos hacia Rusia: desde la invasión, los países de la UE han pagado aproximadamente 220.000 millones de euros por carbón, petróleo y gas rusos, lo que representa alrededor del 20 % de los ingresos energéticos totales de Rusia durante este período. Las importaciones de gas ruso no se vetarán hasta el año que viene

Veli-Pekka Tynkkynen, investigador del Centro Internacional de Defensa y Seguridad de Estonia (ICDS), en un análisis publicado ayer mismo, expone que "los esfuerzos occidentales para limitar la capacidad económica y tecnológica de Rusia han sido incompletos". Entiende que "las sanciones son menos rigurosas y presentan deficiencias en su aplicación, lo que limita su impacto general". Y ahora, incluso, se levantan. 

Sus recomendaciones van justo por otro lado: "hay que aprovechar este momento para reforzar las sanciones, acelerar la salida de Europa de la dependencia energética rusa y demostrar determinación geopolítica" y aplicar un tope al precio del petróleo occidental porque, "aplicado de forma conjunta y rigurosa por el G7, reduciría significativamente los ingresos rusos sin desestabilizar los mercados mundiales".

La UE, añade, "debería intensificar las medidas dirigidas a los productos petrolíferos reduciendo el precio máximo actual y cerrando la laguna legal del refinado. Una salida más rápida privaría a Rusia de miles de millones de euros anuales, con escasas alternativas para encontrar mercados sustitutos". Bruselas, al fin, "debería explorar mecanismos como impuestos o aranceles específicos sobre las importaciones de energía rusas restantes, destinando los ingresos directamente a Ucrania".

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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