BLOGS
23/03/2013 10:16 CET | Actualizado 23/05/2013 11:12 CEST

Lobbying para dummies

Mucha gente me ha informado de que no existe el lobbying en España y más de una vez he sorprendido a los asistentes a conferencias al declarar que no todos los lobbies son malos.

De todo lo complicado que tiene la política, los lobbies son tan poco comprendidos como complejos e imprescindibles. Aplaudo a Salvados por dedicar tiempo al tema en su programa El lobby feroz el domingo 17 de marzo. Hace falta que la prensa explique más cómo funciona el Gobierno. Es un deber que tenemos todos los que tenemos el privilegio de expresarnos a través de los medios y quiero añadir unos puntos al debate público:

  1. Gestionar intereses: El lobbying tiene muy mala fama en España. Tampoco la tiene buena en EEUU, pero quizás su papel en el Gobierno sea mejor entendido y aceptado a regañadientes. El lobbying existe para promover intereses comunes al influir en la legislación. Desde las grandes empresas a las ONG e incluso países extranjeros, todos tenemos intereses que defender, algo que se hace mejor colectivamente. Alexis de Tocqueville señaló: "En países democráticos, el conocimiento sobre cómo asociarse es la madre de todas las otras formas de conocimiento; de su progreso depende el de todos los otros".
  2. Defensa vs. presión: En inglés llamamos advocacy a todas las actividades para la defensa o crítica de una posición. Algunos ejemplos son organizar activistas, conseguir espacio en los medios de comunicación o acciones jurídicas; el lobbying es otro método dentro del abanico de advocacy. Lobbying directo es cuando un lobbista se comunica con un político o un representante del Gobierno para influir en una legislación específica. Grassroots lobbying (lobbying de base) se refiere a animar a los ciudadanos a contactar con su representante en el Gobierno. Tanto un grupo de ciudadanos como una empresa puede hacer advocacy -de hecho, estamos organizando un taller gratuito sobre lobbying ciudadano el 13 de abril.
  3. Acceso: La defensa de los intereses es pura democracia; el problema es que unos tienen más acceso que otros al poder. Las grandes empresas pueden gastar grandes cantidades de dinero en profesionales y dado que estos se ganan la vida elaborando redes de contactos en el Gobierno, resulta que tienen más acceso que los grupos de ciudadanos o no profesionales. Entre las soluciones está ayudar a los grupos no profesionales a mejorar sus técnicas de presión, más regulación para los lobbies profesionales y transparencia en las relaciones entre políticos y sus partidos con los lobbies. Si los votantes supieran qué partido da acceso a quién, podrían tenerlo en cuenta a la hora de votar.
  4. Financiación de partidos y campañas: Tras tantos casos de corrupción en España ha surgido una idea increíblemente peligrosa: quitar la financiación pública a los partidos. Es precisamente la financiación privada de campañas en EEUU la que proporciona a los lobbies de las grandes empresas acceso sin límites a los congresistas y a la Casa Blanca. Los fundraisers (captadores de fondos) políticos venden acceso. ¿Cómo funciona? En los años 70 y 80, cuando hacía falta más dinero para campañas electorales cada vez más caras, las empresas de Wall Street donaban dinero y a cambio querían menos regulación de sus actividades. Durante los años 90 el Gobierno estadounidense les concedió este deseo, sobre todo el de revocar el acta Glass-Steagall en 1999. La financiación privada de las campañas políticas en EEUU estableció el escenario de la crisis económica que seguimos sufriendo hoy en día.

    Además, mucha gente no sabe que la financiación privada de los partidos y campañas en España ya existe. Está permitido por ley, pero tenemos poca información sobre las donaciones y los promesas hechas a cambio de estas.
  5. Transparencia: La transparencia es la respuesta ubicua a los defectos de la democracia, pero no es trivial. Es necesaria tanto en las actividades de lobbying como en la financiación de los partidos y sus campañas en España. El Lobbying Disclosure Act (ley de transparencia de los lobbies) de EEUU es bastante reciente; entró en vigor en 1995. Desde entonces, los lobbistas o consultarías de lobbing tienen que registrarse en la Cámara de Representantes y el Senado y entregar informes cuatrimestrales de los temas que llevan, los cargos oficiales con quienes tienen contacto, los intereses de entidades extranjeras y sus gastos. No es perfecto, pero es un paso adecuado y el Center for Responsive Politics hace esta información más accesible a través de su página OpenSecrets.org.

    Es desconcertante que el registro de lobbistas en Bruselas no sea obligatorio y es aun peor que no haya ningún tipo de registro en España. La Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) tiene un código de conducta para sus miembros y está a favor de un registro público voluntario de lobbistas (como en Bruselas). No hace falta ser un experto para concluir que es imposible regular los lobbies con un registro voluntario.

Es importante reconocer que nos parece bien que los lobbies defiendan los intereses con los que estamos de acuerdo -me encanta el trabajo del Sierra Club a favor del medio ambiente y por otro lado me indignan las actividades de la Asociación Nacional del Rifle, que defiende las armas- pero es como la libertad de expresión: hay que defender todas las voces.

Bueno o malo, el lobbying existe. Es mejor que seamos conscientes de ellos y de lo que están haciendo.

ESPACIO ECO