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01/04/2016 07:04 CEST | Actualizado 01/04/2016 07:04 CEST

Las sinsombrero

2016-03-31-1459440826-6465404-lassinsom.jpg A la vuelta de un viaje a Paris escribí, sorprendida de ver que en la visita a su famoso Panteón, situado en pleno corazón del Barrio Latino como lugar enterramiento, en su frontispicio dice: "A los grandes hombres, la patria agradecida". Es un magnífico monumento histórico que alberga los féretros de sesenta y cinco personalidades, entre ellos Voltaire, Víctor Hugo, Rousseau -el autor de El contrato social, que fijó las bases de la convivencia moderna, estableciendo esa división de dos mundos: publico-masculino, privado-femenino, y cuyas consecuencias todavía arrastramos-, y otros muchos, pero solo hay dos mujeres: Marie Curie y Sophie Berthelot, esta "en homenaje a su virtud conyugal" (sic). En tantos siglos, en Francia, cuna de "la libertad, la igualdad y la fraternidad," las mujeres casi no existieron.

Recuerdo esta anécdota al leer el magnífico libro de Tania Balló, Las Sinsombrero, precisamente porque recupera a algunas de nuestras mujeres olvidadas. "La historia merece ser contada entera", y una historia sin mujeres es una historia incompleta. El libro es consecuencia de un documental que, con el mismo título, emitió TVE en 2015. Visto este, hecho con Serrana Torres y Manuel Jimenez-Núñez, se entiende que la autora haya tenido la necesidad de "recuperar la memoria y los avatares de varias mujeres, artistas y pensadoras de la generación del 27 cuyo legado resulta determinante en la historia de nuestro país, al igual que el de sus compañeros pertenecientes a esa ineludible generación literaria".

La historia se ha escrito en masculino, las mujeres han sido invisibles. Cuando afirmas esto, te responden, inmediatamente, con una excepción. "La dinámica de las excepciones, dice Amelia Valcárcel, es perversa. Si en buena lógica debemos siempre afirmar que una excepción echa por tierra a la regla que no la contemplaba, en la lógica peculiar de los estereotipos esto nunca ocurre".

Libros como este nos permiten descubrir a nuestras antecesoras, mujeres libres e iguales, aunque el silencio haya caído como una losa sobre la mayoría.

"La nueva mujer en Europa va de la mano de dos realidades históricas que tienen lugar durante la segunda mitad del siglo XIX: el afianzamiento de los primeros movimientos feministas y la revolución industrial que incorporó a la mujer al mundo laboral", fundamentales para que en el siglo XX, el siglo de las mujeres, se consiguiera el derecho al voto, la condición de ciudadanas.

En la España finisecular, escribe Tania Balló, "llevar sombrero era, tanto para los hombres como para las mujeres de las clases pudientes, un signo de jerarquía social". El origen del movimiento sinsombrerista se inicia en la década de los años 30, marcando un hito de una anécdota muy contada en la que un día, Lorca, Dalí, Margarita Manso y Maruja Mallo se quitan el sombrero paseando por la Puerta del Sol de Madrid, siendo objeto de toda clase de insultos, y del cual se dice que constituyó el primer acto público de esta tendencia, que fue muy simbólica e importante en su época.

Ellos, los de la generación del 27, son sobradamente conocidos, pero sin ellas, la historia no está completa. "Las sinsombrero fueron muchas, cada una de ellas con una hazaña que les pertenece, y que forma parte de una Historia que es de todos, a pesar de que durante años les dimos la espalda".

Son, por orden de aparición en el libro: Margarita Manso, rompedora, a la que García Lorca dedica su poema Muerto de amor, con una vida muy desconocida; Marga Gil Roësset, escultora, ilustradora, poeta, que se suicidó a los 24 años, parece que por estar enamorada de Juan Ramón Jiménez, un hombre casado; Concha Méndez, poeta, novia de Luis Buñuel durante casi siete secretos años y mujer de Altolaguirre, que escribe: "Ibas a nacer, yo sola/ iba contigo a esperarte./ (La madre va siempre sola,/quien quiera que la acompañe;/ el mundo es como un desierto/y el hijo en él un oasis"); la pintora surrealista "más original, moderna y transgresora", Maruja Mallo; la centenaria y también pintora y artista gráfica, Ángeles Santos; la más conocida, la filosofa María Zambrano; la extraordinaria María Teresa León, cuya Memoria de la melancolía debería ser de obligada lectura; la también gran escritora Rosa Chacel; la poeta Ernestina de Champourcin y la poliédrica actriz Josefina de la Torre. Todas grandes.

Sus vidas y sus obras, como la de tantas otras, anteriores y posteriores, son desconocidas, incluso por l@s más cult@s: haced la prueba. Por eso son necesarios libros como este, que nos permiten descubrir a nuestras antecesoras, mujeres libres e iguales, aunque el silencio haya caído como una losa sobre la mayoría; por eso es imprescindible hacerlas visibles. Y quedan más.

Este post fue publicado originalmente en el Diario de Cádiz

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