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11/12/2018 07:24 CET | Actualizado 12/12/2018 00:14 CET

La economía según Steve Keen

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Steve Keen.

Todo lo que nos enseñaron sobre economía está equivocado. Según el economista australiano Steve Keen, ni siquiera se sostiene la ley de la oferta y la demanda, que es una parte central del catecismo económico neoclásico. Keen desmonta todo lo que sabíamos sobre teoría económica en su libro La economía desenmascarada. Hace un tiempo le hice una entrevista y ahora vuelvo a hablar con él para tratar de entender algo mejor cuál es su visión general de la vida económica:

ANDRÉS LOMEÑA: Cree que la próxima recesión llegará en 2020 por culpa de la deuda privada. Si tan fácil es la explicación, ¿cómo es que nadie hace nada?

STEVE KEEN:Los economistas ortodoxos no comprenden el papel de la deuda privada en la economía porque se aferran a un modelo falso sobre el comportamiento real de los bancos. Los economistas no ortodoxos como yo hemos hemos señalado este error durante cincuenta años y nos han ignorado. Muchos bancos centrales (como el Banco de Inglaterra o el Bundesbank) han dicho recientemente que la ortodoxia está equivocada y que mi grupo crítico está en lo cierto.

En el modelo ortodoxo, los bancos son solo intermediarios de los ahorradores y los prestatarios. Los préstamos simplemente indican quién tiene dinero para gastarlo, y esto no afectaría sustancialmente a la demanda agregada. El nivel de deuda podría cambiar sin afectar a la economía demasiado, y sería bastante razonable ignorar a los bancos, la deuda y hasta el dinero cuando se modela la macroeconomía. Eso es lo que hacen los economistas ortodoxos: sus modelos macroeconómicos no tienen bancos, ni deuda... ni siquiera tienen dinero. Ben Bernanke ignoró la explicación de Irving Fisher sobre la deflación de la deuda de la Gran Depresión y lo justificó de esta forma: "La idea de Fisher fue menos influyente en círculos académicos gracias al contraargumento de que la deflación de la deuda no representaba más que una redistribución de un grupo (los deudores) a otro (los acreedores)". Por muy inverosímil que resulte, al no encontrar grandes diferencias en el gasto marginal de esos grupos, se sugirió que la simple redistribución no tendría efectos macroeconómicos significativos.

En el mundo real, los bancos crean dinero y deuda simultáneamente cuando conceden un préstamo. El dinero creado se añade a la demanda agregada cuando el prestatario lo gasta. Del mismo modo, cuando las deudas quedan saldadas, el dinero se destruye y la demanda cae. Aumentar el crédito causa un incremento en la actividad económica, pero también aumenta la relación entre la deuda privada y el PIB. Cuando los niveles de deuda son muy elevados (por encima del 150 por ciento del PIB), un descenso en la tasa de crecimiento de la deuda puede causar una crisis económica. Así es como un puñado de economistas no ortodoxos y yo pudimos predecir la crisis económica.

En una disciplina científica de verdad, la disputa se tendría que resolver con datos, que son abrumadoramente favorables a mi posición crítica y desfavorables hacia la ortodoxia. Mi explicación consiste en afirmar que la crisis se produjo porque la deuda privada había alcanzado niveles sin precedentes, y empezó cuando la tasa de crecimiento de la deuda privada se desaceleró, lo que resulta bastante obvio si miramos los datos:

Lejos de que el crédito no tuviera efectos macroeconómicos significativos, como decía Bernanke, la correlación entre el crédito y el desempleo en Estados Unidos desde 1991 es reveladora: cuando el crédito sube, el desempleo baja y viceversa.

La economía neoclásica es más una religión que una ciencia, por eso los economistas ortodoxos descartan los datos y aún sostienen que la crisis era impredecible.

A.L.: ¿Deberíamos proteger el trabajo o al trabajador?

S.K.: No creo que sea posible parar la tendencia a usar cada vez menos trabajo para producir bienes. Esa ha sido la fuerza subyacente del capitalismo y ahora se acelerará aún más con la inteligencia artificial y la fabricación por adición (impresión 3d), que reemplazará la necesidad del trabajo cualificado. Tenemos que asegurarnos de que quienes no tienen su propio capital al menos tengan unas condiciones básicas de existencia. Por esa razón estoy a favor de una Renta Básica Universal.

A.L: Leí que William Nordhaus, el padre de la economía verde, estaba en contra de las subvenciones porque son medidas ineficientes y distorsionan el mercado.

S.K.: Que alguien se tome en serio a Nordhaus sobre el calentamiento global es un signo de lo averiada que está la economía. Su modelo concluye literalmente que un aumento de seis grados en la temperatura media del planeta reduciría el bienestar humano global en solo un 8,5 por ciento: "Si incluimos todos los factores, la estimación final es que los daños serán del 2,1 por ciento de la renta global con tres grados centígrados de calentamiento y un 8,5 si son seis grados". Esto es completamente absurdo. Los climatólogos reputados creen que un aumento de la temperatura de dos grados podría ser catastrófico para la civilización humana y Nordhaus viene a decir que un incremento tres veces superior reduciría el bienestar humano en menos de un diez por ciento.

En realidad, un aumento tan drástico de la temperatura acabaría con los glaciares, sumergiría los continentes hasta ochenta metros de agua, haría inhabitable grandes partes del planeta y seguramente nos llevaría a la extinción, debido al colapso de la agricultura.

Al aumentar la deuda que se paga, aumenta la parte de ingresos que va a los bancos, no a expensas de los capitalistas, sino de los trabajadores.

A.L.: ¿Podría explicarnos qué papel desempeña la energía en su visión económica? Parece que quiera rescatar a los viejos fisiócratas.

S.K.: Sí, veo a los fisiócratas como los verdaderos padres de la economía, y a Adam Smith como el hombre que la extravió. La creencia fisiócrata de que toda la riqueza viene de la tierra es una forma válida, para su época, de decir que toda la producción se basa en transformar la energía en trabajo útil. El argumento de Smith de que la riqueza viene de la división del trabajo ha llevado a doscientos años de sin sentido tanto por parte de la izquierda (los marxistas y su teoría del valor-trabajo) como de la derecha (los economistas neoclásicos y su teoría del valor meritocrático basada en la productividad marginal); ambas partes ignoran por completo el papel de la energía en la producción, fingiendo que la producción se generaba conjuntamente por el trabajo y el capital.

En realidad, nada se puede producir sin energía. El trabajo y la maquinaria la necesitan para poder operar: el trabajo sin energía es un cadáver, la maquinaría sin energía es una escultura. El trabajo y la maquinaria son los medios con los que convertimos la energía disponible en trabajo útil. Eso es el PIB. Eso significa que los ingresos, más que ser meritocráticos (la posición neoclásica) o basados en la explotación del trabajo (la posición marxista), se fijan en base a poderes de negociación relativos, y explotamos colectivamente la energía, no unos a otros.

Todo lo que disfrutamos como civilización se produjo usando energía para obtener trabajo útil. Por otra parte, siempre hay energía desperdiciada, y esa parte desechada se lanza al medio ambiente, ahora a una escala que está afectando nuestra habilidad para producir bienes. La retroalimentación entre la economía y la ecología es esencial, pero como los economistas aún no han incorporado la energía a sus modelos de producción, queda por explorar ese vínculo.

A.L: ¿Qué valor asigna usted a la desigualdad?

S.K: La desigualdad es muy importante para mí porque en mis modelos de inestabilidad financiera, el aumento de la desigualdad es el preludio de las crisis económicas. Algo que me mostraron mis modelos es que al aumentar la deuda que se paga, aumenta la parte de ingresos que va a los bancos, no a expensas de los capitalistas, sino de los trabajadores, cuya parte del PIB cae cuando el nivel de deuda privada crece. Si el nivel de deuda no se estabiliza, tampoco lo hace la desigualdad y finalmente habrá una crisis económica terminal como la de 2008 (que no fue la última para el capitalismo porque tuvo lugar el mayor rescate gubernamental de la historia).

Piketty sostuvo que acontecimientos como la Primera y la Segunda Guerra Mundial redujeron drásticamente la riqueza acumulada y crearon, de esa forma, más igualdad. Peter Turchin dice algo similar usando modelos dinámicos no lineales para entender la historia. Aunque creo que ambos aciertan, es una forma abominable de superar un problema. Preferiría reducir la desigualdad reduciendo el nivel de deuda privada.

Los seres humanos siempre han usado drogas, y se causa más daño criminalizándolas que tratando los casos de adicción como un problema médico.

A.L: Ann Pettifor ha escrito que el precio de la vivienda es un problema del sistema financiero, no algo relacionado con la escasez de propiedades. ¿Se puede hacer algo para conseguir un alquiler a un precio decente?

S.K.: Tenemos que detener el préstamo basado en el aval o garantía de pago. En lugar de esto, habría que limitar la acción de los bancos y que solo presten un determinado múltiplo de los ingresos del alquiler (reales o imputados) de la propiedad. Eso frenaría la espiral creciente que hay entre la concesión de hipotecas y los precios del hogar, que son prohibitivos y también conducen a crisis económicas.

Una vez más, los datos dejan muy claro que el préstamo excesivo de los bancos ha causado una burbuja en el precio del hogar. El argumento básico es simple. La demanda monetaria de casas viene fundamentalmente de la deuda de nuevas hipotecas, lo que yo defino como crédito hipotecario: si divides la deuda de nuevas hipotecas por el nivel del precio de la vivienda, obtienes el flujo de demanda de casas por año. Hay una relación entre el cambio en el crédito hipotecario y el cambio en el precio de la vivienda.

Esto hace que sea posible sacar algo de sentido a los datos que siguen. Hubo una correlación entre la deuda hipotecaria total y el precio de la vivienda hasta 2006, pero luego se terminó. Sin embargo, si miras el cambio en el crédito hipotecario y el precio de la vivienda, la relación es tan fuerte como evidente.

A.L.: ¿Qué me dice de la obsolescencia programada? Hay productos como el Fairphone 2 que están hechos para ser duraderos y para que se puedan reparar, pero su precio es prohibitivo.

S.K.: Los bienes manufacturados tienden a tener una alta fiabilidad hoy en día, gracias los sistemas de gestión de calidad, como en el ciclo de Deming. Es difícil que los bienes producidos no sean duraderos cuando se ha logrado un proceso libre de errores. La fabricación por adición está reduciendo el total de componentes de los productos de alta tecnología en varios órdenes de magnitud: menos partes significa menos fallos... y un aumento de la durabilidad.

Me preocupan las cosas duraderas, pero que no deberían serlo: los plásticos. Si pudiéramos reemplazar los plásticos con productos biodegradables, le haríamos un enorme favor al planeta. Necesitamos más obsolescencia programada, no menos.

A.L.: Dígame algo sobre las siguientes ideas, personas y libros...

- La economía rosquilla de Kate Raworth y The value of everything de Mariana Mazzucato.

S.K.: He pasado bastante tiempo con ambas. La visualización de Kate de una economía sostenible es muy poderosa, aunque le he dicho que la metáfora que usa debería ser una rueda, más que una rosquilla o dónut. La razón es que esta misma metáfora visual (puedes estar en la llanta o en el borde) enfatiza que, sin energía, no habría economía: la rueda solo gira si se le aplica energía.

La obra de Mariana, junto a la de Bill Janeway, ofrece una perspectiva realista sobre dónde se produce la innovación. Gran parte de la innovación se ha dado en instituciones del gobierno o con financiación del gobierno. Su obra explica que esto es así porque el gobierno es lo suficientemente grande como para permitirse errores.

- Rutger Bregman y Guy Standing.

S.K.: Como ya he dicho, estoy a favor de la Renta Básica Universal, así que me dan buenas vibraciones.

- Un plato de comida rico y barato.

S.K.: Tom Kha Gai [una sopa tailandesa de pollo]

- Un viaje caro que le gustaría hacer.

S.K.: Ir a Marte... y volver.

- Su opinión sobre las drogas.

S.K.: Los seres humanos siempre han usado drogas, y se causa más daño criminalizándolas que tratando los casos de adicción como un problema médico. Dicho esto, hay buenos motivos para restringir el acceso a algunas sustancias a ciertas edades. La marihuana, por ejemplo, puede dañar el desarrollo de los circuitos neuronales (los del escepticismo, por decirlo amablemente) desde los 12 a los 22 años.

- La última compra que haya hecho de la que se sienta orgulloso.

S.K.: Un piso en Amsterdam.

- Un deseo.

S.K.: Que la humanidad, por una vez, se anticipe a una crisis y tome acciones contra ella, sin tener que experimentarla primero.

A.L.: ¿Tendrá nuevo libro en 2019?

S.K.: Mi próximo libro será otro cómic: Funny Money. Explicaré el papel de los bancos, el dinero y la deuda en el capitalismo en una novela gráfica. Es una continuación de la colaboración que hice con el dibujante Miguel Guerra, eCONcomics: Taking the Con out of economics. También estoy trabajando en la tercera y última edición de La economía desenmascarada, antes de ponerme con mi magnum opus, que tratará de redefinir la economía desde los fisiócratas, evitando el daño que han hecho a esta disciplina tanto Adam Smith como los neoclásicos.

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