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25/11/2018 12:16 CET | Actualizado 25/11/2018 12:16 CET

'El jovencito Frankestein', preparado para ganarse al público

Manuel de los Galanes
Foto promocional de Víctor Ullate Roche para 'El jovencito Frankestein' de Mel Brooks

Parece que la tendencia de transformar películas de éxito en obras de teatro ha llegado para quedarse. Sobre todo, para quedarse en forma de musical. A Anastasia, Billy Ellioty El Rey León se incorpora ahora El jovencito Frankestein en el Teatro de la luz Philips Gran Vía. Todas ellas son obras que crean mucha expectación entre las personas que vieron las películas comerciales de las que proceden. Sus productores saben que, incluso si esas personas no son aficionadas al musical, seguramente muchas atenderán al reclamo gracias al buen rato que pasaron viendo la película en su momento. Y en el caso del musical de este jovencito ¿cubre expectativas? Pues sí.

No solo porque mantiene la historia. La vuelta del Dr. Fronkostín (sí, está bien escrito y dicho) a Transilvania para liquidar la herencia que le ha dejado su abuelo. Viaje en el que descubre las técnicas y el laboratorio secreto de su abuelo, el amor y el sexo (o viceversa). Sino también porque se trata de una producción dispuesta a dar batalla a los otros musicales estrenados o por estrenar. Para ello recurre al humor. Su intención es divertir y hacérselo pasar bien al personal haciéndoles reír y, si es posible, infundirles las ganas de cantar y de mover los pies bajo las butacas. Incluso cuando ya se encuentren fuera del teatro. La maquinaria de esta obra suficientemente engrasada para ello.

Es como si quisieran que a la salida su público cantase: "Tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría..." Y es cierto que tienen todo para conseguirlo. Chistes procedentes de la calenturienta mente de Mel Brooks y de Esteve Ferrer, el director de escena de la versión española. A la que se añaden canciones, grandes hits que se quedan en la cabeza del espectador por sus tonadas y letras pegadizas. Y hay para elegir. Hasta incluye un estándar de Irving Berlin como es Puttin' on the Ritz en uno de los números más divertidos. Número que los Premios Max 2019, si fueran listos, deberían incluir en su gala como hicieron los prestigiosos premios Oliver londinenses en su momento.

Momentos musicales de 'El jovencito Frankestein'.

Tal vez se le pudiera criticar una escenografía menos exuberante de lo esperable para un musical (sobre todo si se piensa en "Anastasia"). Aun así, es suficiente. No hay impedimento para que se recree la Universidad Charles Manson y Hannibal Lecter, donde el protagonista da clases, al más puro estilo americano. O el puerto donde cogerá el barco que le llevará de Estados Unidos a Transilvania para liquidar la herencia que le ha dejado su abuelo. O el laboratorio secreto del abuelo. O el bosque transilvano donde suceden tantas y tantas correrías. Hasta el teatro en el que se presentará su mosntruosa creación.

También se le puede criticar que parezca una obra construida como una sucesión de buenos números musicales (como el baile sin tocarse que aprobarían la iglesia y las escuelas católicas, de antología), que no haya progresión dramática, o que todavía no tengan cogido del todo el tempo y la temperatura de los chistes. Cosas que serán peccata minuta a medida que se sucedan las representaciones y el producto ruede, se asiente y coja vuelo. Es decir, se pasen los nervios del estreno. Como le pasó a La familia Adams, otra producción musical de esta misma productora, que empezó igual y dejó la cartelera madrileña con llenos y ahora tiene una gira por España de las más exitosas.

¿Algo más? Sí. Víctor Ullate Roche como el Dr. Fronkostín (sí, así, recuérdenlo). Al que se le ha cambiado la caracterización de las fotos promocionales para que se parezca aún más a Gene Wilder, el actor que protagonizaba la película, lo que es un acierto. Y al que Víctor aporta los elementos que necesita todo musical. Es decir, su saber cantar, moverse y bailar por el escenario, como lo hacen el resto del elenco a sus personajes. Motivos para que la platea ruja con muchos de los números musicales.

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