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30/09/2012 10:18 CEST | Actualizado 29/11/2012 11:12 CET

Quien siembra cemento recoge... medusas

La proliferación de puertos, espigones, boyas, plataformas petroleras, granjas de acuicultura y todo tipo de superficies artificiales en el océano está creando enormes cantidades de hábitat para el asentamiento de pólipos de medusas.

La semana pasada publicamos, un grupo internacional de investigadores (Japón, Canadá, EE UU, Argentina, Australia, Eslovenia) y yo mismo, un artículo en una revista científica internacional en el que argumentamos que la proliferación de estructuras artificiales sumergidas en la costa actúa como un caballo de Troya que facilita las proliferaciones de medusas.

La percepción de que las medusas están proliferando en muchas áreas costeras, particularmente en el Mediterráneo, ha llevado a apuntar al cambio climático y la sobrepesca, entre otras, como posibles causas. Hasta ahora todos los esfuerzos se centraban en la abundancia de las medusas, pero la mayor parte de estos animales tienen una fase de pólipo en su ciclo de vida que sigue siendo en muchos casos un misterio para la ciencia.

Muchas especies de medusas tienen un ciclo de vida con dos fases, la de medusa, que es la fase sexual, y una fase asexual que es la de pólipo. Estos pólipos, inclusos los de las medusas más grandes, como las de la medusa gigante japonesa Nemopilema noumurai que puede a alcanzar 2 metros de diámetro, son de tamaño mínimo, cercano a 1 milímetro, más pequeños que la punta de un bolígrafo, y se asientan en superficies duras del fondo marino. Tienen además preferencia por zonas oscuras, como las superficies inferiores de rocas o conchas. De hecho son extraordinariamente difíciles de detectar y muchos de estos pólipos, incluido el de la medusa gigante japonesa, nunca se han observado en la naturaleza.

La búsqueda de estos pólipos, que ha requerido un esfuerzo enorme por parte de los miembros de este equipo internacional, ha supuesto un esfuerzo de "búsqueda de agujas en pajares" submarinos en las costas de todos los continentes. Fruto de este esfuerzo, representando miles de horas de buceo en zonas más bien poco atractivos como puertos, hemos dado por fin con los lugares donde se esconden estos pólipos. Los hemos encontrado en grandes cantidades en pantalanes de puertos deportivos, pilares de cemento de muelles, soportes de plataformas petroleras, basuras y plásticos en el fondo marino, espigones y estructuras de granjas de acuicultura. Todos estos lugares tienen algo en común: se trata de estructuras artificiales sumergidas. Además, completamos dos experimentos, uno en España y otro en EE UU donde confirmamos la preferencia de estos pólipos por superficies artificiales, al menos comparable a la de sus hábitats naturales.

Mientras que las medusas, independientemente de su tamaño, solo viven unos pocos meses, los pólipos pueden vivir muchos años y se van segmentando para liberar al agua, de forma asexual, medusas pequeñas, llamadas ephyrae, que dan lugar a las medusas. Por ejemplo, la instalación de un pantalán flotante de unos 300 m2 en un puerto en la Bahía de Hiroshima, en Japón, permitió la instalación de hasta 50.000 pólipos por metro cuadrado, que liberaron en torno a 20 millones de medusas en un año.

Pólipos de Aurelia aurita en la cara inferior de un pantalán flotante en Japón. Foto: Shin-ichi Uye.

Pero se preguntarán, ¿dónde estaban estos pólipos antes de que empezásemos a llenar la costa de estructuras artificiales? Estos pólipos se asentaban sobre rocas, superficies de plantas o conchas de moluscos. Sin embargo, hay muchos otros organismos en el mar que también buscan asentarse en este tipo de superficies, con lo que rápidamente se coloniza toda la superficie disponible, de forma que la disponibilidad de este tipo de sustratos es un factor limitante en los fondos marinos. Además, en algunos litorales arenosos, como la Patagonia argentina, estas superficies eran muy escasas.

La proliferación de puertos, espigones, boyas, plataformas petroleras, granjas de acuicultura y todo tipo de superficies artificiales en el océano está creando enormes cantidades de hábitat para el asentamiento de pólipos de medusas. Esta puede ser una causa de las proliferaciones locales de medusas. De hecho, muchas de estas proliferaciones se han constatado en áreas donde ha aumentado el número de puertos deportivos, espigones y otras estructuras.

¿Tiene esto solución? No tiene solución fácil, pues evidentemente no podemos prescindir de estas infraestructuras. Sin embargo, podemos reducir el problema mediante el uso de estructuras con superficies rugosas, diseñadas para favorecer el establecimiento de otros organismos. Igualmente podemos mejorar la calidad de las aguas en torno a puertos y otras instalaciones, pues los pólipos de medusas son particularmente resistentes a una baja calidad de agua.

Mejorar la calidad de agua y el uso de superficies adecuadas permitirá que se instalen especies que ocupen el espacio impidiendo el asentamiento de pólipos y que se mantengan poblaciones de nudibranquios, o babosas de mar, que son los predadores naturales de estos pólipos.

Así que ya sabéis, quien siembra cemento y basura en el océano cosecha medusas.

SOMOS LO QUE HACEMOS