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11/04/2014 07:04 CEST | Actualizado 10/06/2014 11:12 CEST

Nos la jugamos el 25 de mayo

El tiempo que ha pasado desde las últimas elecciones europeas ha sido suficiente como para comprobar la influencia que tiene Europa en nuestras vidas y lo importante que es que gobiernen los de centro-derecha o los de centro-izquierda. Estas próximas elecciones son importantísimas.

El día 25 de mayo se celebran elecciones europeas, unas elecciones donde tradicionalmente los votantes se han comportado de una forma distinta a municipales, autonómicas o generales, por la lejanía de las instituciones europeas. Todo esto les lleva a pensar que poco se decide allí que afecte a sus vidas o que los representantes en el Parlamento europeo tienen poco margen de maniobra.

Por esto siempre han sido unas elecciones donde la participación ha sido mucho menor que en cualquier otra y que han sido aprovechadas por los votantes que simpatizan con cada uno de los partidos para castigar a uno o a otro por las acciones llevadas a cabo recientemente o la gestión desde el Gobierno o desde la oposición.

El tiempo que ha pasado desde las últimas elecciones europeas ha sido suficiente como para comprobar la influencia que tiene Europa en nuestras vidas y lo importante que es que gobiernen los de centro-derecha o los de centro-izquierda.

Durante los años de crisis económica Europa ha estado gobernada por la derecha, concretamente por la señora Merkel, que ha impuesto sus recetas a todos los países, con la justificación de la crisis económica y la prioridad impuesta de que lo primero debía ser el pago de la deuda a los bancos.

Esto ha llevado a que a países como España se les hayan impuesto reformas como la laboral, que nos ha hecho perder derechos a los trabajadores. Derechos que fueron conseguidos durante muchos años de democracia y lucha. Recortes en la sanidad y la educación: dos elementos que identificaban como ninguno la sociedad del bienestar que habíamos construido en Europa y que nos hacía diferentes a otros continentes. Reformas en la jubilación que han llevado a que después de muchos años de trabajo nuestros mayores tengan que retrasar su merecido descanso. Se ha transformado nuestro sistema financiero, desapareciendo casi en su totalidad las cajas de ahorro que destinaban parte de sus ganancias a la sociedad a través de su obra social. Y lo más grave de todo: se ha puesto como prioridad a los mercados por encima de las personas. Se ha salvado a los bancos, verdaderos culpables de esta crisis, y se ha dejado que se hundan las personas.

Por todo lo anterior, estas próximas elecciones son importantísimas. Nos jugamos qué modelo queremos para Europa. Ahora que dicen que ha empezado la recuperación económica tenemos que decidir. Y lo tenemos que hacer diciendo si queremos una Europa que trabaje por recuperar los derechos que hemos ido perdiendo durante esta crisis por imposición de las instituciones europeas o si por el contrario queremos una Europa que consolide una nueva sociedad donde lo importante son los bancos por encima de las personas.

Yo quiero que en los próximos años Europa pase a ser una sola y no la suma de los estados, que sea la Europa de los ciudadanos por encima de la Europa de los gobiernos, que luche por la solidaridad entre regiones, buscando un equilibrio entre el desarrollo de los distintos territorios, evitando que siga habiendo regiones muy ricas y regiones muy pobres, reduciendo las brechas de desigualdad que se ha incrementado con esta crisis. Una Europa que tenga una única voz ante los distintos conflictos internacionales, donde la prioridad sea crear trabajo para los millones de parados que ha dejado esta crisis, en especial para los jóvenes que esperan su primera oportunidad. La creación de empleo que tiene que venir de la mano de la competitividad, la innovación y la garantía de un modelo de derechos laborales y una sociedad del bienestar que hemos ido perdiendo poco a poco, recorte tras recorte, y no de la búsqueda de la competitividad a base de menos salarios y menos derechos para competir con países con menores costes y la casi nula existencia de derechos laborales.