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01/03/2018 07:28 CET | Actualizado 01/03/2018 07:28 CET

7 cosas que aprendí trabajando en una tienda de cerveza

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Quiso el azar que hiciese una suplencia en una tienda especializada en cerveza. Abrir, vender, cobrar... Son labores básicas de cualquier negocio. Sin embargo, descubrí una serie de detalles que todos los aficionados a la cerveza deberían saber ¿De verdad somos un país cervecero? ¿Qué es lo que en realidad nos seduce de esta bebida maltosa?

1. No sabemos qué cerveza queremos

A las tiendas especializadas entran muchas personas que no son expertas, así que más de la mitad de la venta es dirigida. Mientras que unos buscan el regalo perfecto, otros emprenden la aventura de descubrir nuevas sensaciones. En cualquier caso, no volveremos a esa tienda si nos cuelan una mala cerveza o una cerveza que no queríamos.

2. No podemos beber cerveza sin panchitos

Si vamos a tomar una cerveza, más vale que nos pongan pachitos. De lo contrario, la reacción será cataclísmica. Pueden insultarnos, y nos dolerá menos que si no nos ponen aperitivo. Beber sin comer es una modernidad que no casa con nuestra cultura.

3. ¿Tenéis la cerveza de mi pueblo?

No, mire, su pueblo no es el epicentro del universo. Lo más seguro es que su pueblo ni aparezca en los mapas. En España se producen más de quinientas marcas de cerveza; depende de quién las cuente. La persona se marchó con gesto compungido.

4. Hay tres tipos de clientes

El primero es el que no tiene un gran conocimiento sobre cerveza, así que pregunta. Casi siempre pide "una cerveza rubia" o "una cerveza normal" -si existen las cervezas anormales, quiero beberlas-. Es la persona que ha descubierto el placer adulto en una cerveza de trigo alemana. El segundo tipo de cliente es el que sabe a lo que va. Resulta fácil distinguirle porque entra con cara de concentrado, similar a cuando Cristiano Ronaldo tira un penalti. No quiere que le ayudes. No quiere que le hables. Déjale en paz. El último es el peor. Tiene aires de catedrático de cerveza; o eso cree. Te pregunta para dejarte en evidencia porque no sabes qué tiempo hacía cuando recogieron el lúpulo de tal cerveza.

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5. Existen cervezas con ingredientes inverosímiles

Entró una señora que pidió una cerveza asiática con jengibre ¡Vendíamos esa cerveza! Luego otra preguntó por una cerveza hecha con jamón, que no la teníamos, pero existe. Los estilos de algunas cervezas no son fáciles de entender ¿Qué diablos es una Imperial Russian Barrel Aged Cocoa Coffee Smoked Rye Stout? De locos, vaya.

6. Las cervezas bonitas son las que mejor se venden

Puede que sea la mejor cerveza del mundo, pero pasará desapercibida si la etiqueta es negra sobre vidrio marrón. En cambio, una buena etiqueta asegura la primera venta de casi cualquier cerveza. Lo mismo ocurre con el escaparate. Un escaparate bonito es un cebo.

7. Las mejores cervezas son las que peor se venden

Es simple. Las cervezas más complejas son más costosas de elaborar ¿Llevan más lúpulo? Son más caras ¿Llevan puré de fruta? Son más caras ¿Están envejecidas en barrica? Son más caras. Salvo excepciones puntuales, no asumimos la diferencia de precio.

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