Blanca Hervás, de compaginar media jornada y entrenamientos a ser la imagen del atletismo español: "Flipo cuando me lo dicen"
Entrevista con la atleta madrileña, que tras sus cinco carreras y dos medallas en el Mundial de Torun (Polonia) se ha convertido en el nuevo rostro del deporte nacional.
No hay abuelo en España más orgulloso de su nieta que el de Blanca Hervás (Majadahonda, 2002). Las hazañas de la atleta madrileña mientras corría -o volaba- por el tartán del Arena de Torun (Polonia) son de esas que hay que contar en la cafetería, en el mercado o al vecino de enfrente. Y hay que hacerlo una y otra vez.
Con su zancada elegante por bandera, la atleta madrileña firmó un Mundial de pista cubierta para enmarcar con cinco carreras que acabaron en dos medallas en relevos mixto (plata) y femenino (bronce) y un sexto puesto en el individual, tras pasar la ronda de eliminatoria y la semifinal. Todo ello de viernes a domingo, una gesta física y mental.
Hervás, ya de vuelta a España y tras compartir los éxitos con sus compañeros de entrenamiento y su familia y amigos en Majadahonda, se bajó este pasado fin de semana a Ciudad Real para ver a su abuelo de 93 años y a llevarle las medallas que había conseguido.
"Se las he llevado y me ha hecho mucha ilusión a mí, pero es que a él más", afirma a El HuffPost. Cuenta que su abuelo se trasladó al mitin que se celebró el pasado mes de febrero en Madrid, algo que describe que fue "espectacular". "Fue de lo más especial que me ha regalado el deporte, es que ver que se desplaza solo para verme competir, con lo que le cuesta moverse... fue espectacular tenerle ahí. Estos momentos merecen la pena", reconoce la atleta, que repite durante toda la entrevista que está cumpliendo un sueño.
La madrileña, a sus 23 años, se ha convertido por méritos propios en uno de los rostros más reconocidos del atletismo español. "Flipo cuando me dicen eso. No es fácil de asimilar y me llama la atención tanto comentario positivo, que la gente esté contenta por ti, que te apoye tanto. Es raro, pero yo estoy encantada, aunque sí que impone un poco de cara al futuro que te digan tantas cosas positivas", confiesa la atleta con una sonrisa imborrable de oreja a oreja.
Además, lo ha hecho en un momento en el que el atletismo español goza de una salud casi inimaginable escasos años atrás. De Polonia el equipo nacional se volvió con cinco medallas (el oro de Mariano García, las platas de Quique Llopis y el relevo mixto 4x300 y los bronces de Mohammed Attaoui y el relevo femenino 4x400) logrando la segunda mejor actuación histórica en un Mundial de atletismo.
"A nivel de equipo ha sido increíble. Es un cambio en el atletismo mundial ver que España va escalando de esta forma. Los relevos ha sido un pleno, dos medallas en dos pruebas y se está empezando a normalizar, pero es muy difícil", explica Hervás.
Una espiral de correr, recuperar y correr
Esos tres días de Hervás en Polonia fueron un bucle de correr por la mañana, intentar recuperar y volver a competir por la tarde. Así lo hizo el viernes y el sábado. "Antes de empezar sabía que tenía que ir todo muy bien para hacer esas cinco carreras, era consciente de que estaba esa posibilidad, pero también de correr dos e irme para casa. Fui paso a paso, partido a partido y las fui haciendo según iban viniendo", relata.
Aunque tenía dudas de si el cuerpo le iba a acompañar en las sesiones vespertinas, era calzarse las zapatillas y salir la vena más competitiva: "Ese primer día cuando me sonó la alarma de la siesta no me lo podía creer, me levanté con esa sensación de tener que ponerme otra vez la ropa y calentar. No sabía si mi cuerpo lo iba a aguantar, pero luego con el café te empiezas a activar y el cuerpo responde, aunque en un primer momento tienes esa duda".
Hervás agradece a Mario, su nutricionista, el consejo que le dio de llevarse de España proteínas e hidratos de carbono en polvo para así meterlo de forma líquida. "Tenía el estómago bastante cerrado, así que me dio estos consejos. Lo primero que hice tras el campeonato fue escribirle y decirle que mil gracias porque eso me había salvado, si no me llego a llevar los botes de casa no tenía nada y tampoco hubiese comprado, pero si se te cierra el estómago tienes que meterlo de alguna forma y esto me sirvió", afirma la bimedallista, que también destaca el papel de su entrenador en la preparación o la rama psicológica.
Eso sí, bromea que menos mal no hubo una sexta carrera porque "ya estaba muerta". A pesar de su cansancio, los seleccionadores confiaron en ella para ser la última posta de las golden bulbbles en ese relevo femenino. Ella lo devolvió con una carrera que fue la guinda al lograr el bronce en la última recta tras superar a Polonia.
"Sabes que te han dado ese papel por algo y es una responsabilidad, pero confiaba mucho en que lo había hecho muchas veces bien y que cuando lo he hecho mal he sabido el motivo y salir de ahí. El año pasado en Tokio hice dos relevos, el mixto y el femenino, el mixto lo hice fatal, me precipité al adelantar al principio y al final lo pagué, así que de cara al femenino lo aprendí, lo hice al revés y me salió genial. Mis compañeras me lo decían mucho, yo decía que tenía mucha presión, pero ellas me decían que lo había hecho siempre bien, que sabía hacerlo, que confiara en mí y que para adelante. Y salió perfecto", subraya.
De trabajar media jornada a vivir del atletismo
El pasado mes de diciembre y tras un año en el que Hervás compaginaba media jornada laboral como Product Manager en una empresa con el atletismo de élite, decidió dejar su puesto de trabajo y centrarse en maximizar el rendimiento en el deporte.
"Me parece increíble no tener que hacerlo ahora porque para mí eso era lo normal. Me gradué en Comunicación en la Universidad de Florida (Estados Unidos) en diciembre del 2023 y me tenía que poner a trabajar porque para mí el recorrido de una persona es colegio, universidad y trabajo, no existía otra opción. El deporte es un plus, como lo he hecho toda mi vida, que competía al máximo nivel mientras hacía mi día a día", relata.
Así fue durante un año, hasta que tras el Mundial de Relevos de China del año pasado, en el que salieron campeonas, vio que tenía que dedicarse al deporte: "Ahí dije que igual era el momento de centrarme, exprimir este momento porque luego tendré toda la vida para trabajar, pero que igual tengo cuatro años buenos en el atletismo y hay que darlo todo. Estoy feliz, dedicada a lo que me gusta y me encanta esto".
"A veces pienso en lo que va a durar porque no quiero tener el currículum en blanco, pero tengo 23 años y ya tengo un año de experiencia, la carrera y no me quiero agobiar. Sé que voy por un buen camino, pero estoy alerta y tampoco quiero salirme mucho de ese mundo", añade.
Sobre ese año, agradece a su empresa la posibilidad de alterar horarios y de teletrabajar cuando tenía campeonatos. "No fueron muy exigentes conmigo, entendieron mi papel y lo respetaron. De hecho sigo teniendo buena relación con mi exjefe", indica Hervás, que siempre ha sido consciente de que a la vez que abrirse hueco en el atletismo tenía que mirar al futuro para tener un plan de vida cuando se retire.
Birmingham en el horizonte… con Los Ángeles 2028
Tras un invierno soñado para Hervás con este Mundial y el oro en el Campeonato de España de pista cubierta, ahora le toca afrontar la temporada de verano, aunque primero tendrá que disputar en mayo el Mundial de Relevos. "Me hace mucha ilusión porque es muy divertido, muy diferente, es en equipos y me encanta", describe.
Después de esa cita, le tocará pensar en el Europeo de Birmingham del próximo mes de agosto, donde sueña con hacer "un papel destacado y parecido a este Mundial tanto a nivel individual como en los relevos". "Ahora he sido sexta del mundo, pero es que eran todas europeas salvo una keniata. El nivel de Europa es el más alto del mundo y hay que ser consciente de donde nos estamos metiendo", asegura sin cerrarse ni una sola puerta.
De fondo, como para todos los atletas, están los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, que está preparando desde el primer día que terminó París y en los que fantasea con poder conseguir una medalla y tachar ese sueño que tenía de niña.