De suplentes a héroes en cinco minutos: Ferran Torres y Mikel Merino fabrican el gol que mete a España en cuartos del Mundial
Ingresaron en los minutos finales pensando en la prórroga y fabricaron el tanto del triunfo en el minuto 90.

España ya está en cuartos del Mundial. Y lo está después de una noche contra Portugal que parecía destinada a escribirse con los nombres de siempre, con los focos apuntando a Lamine Yamal, a Pedri, a Dani Olmo, a Oyarzabal... a los grandes protagonistas de un cruce de altura. Pero el fútbol, sobre todo en los grandes torneos, tiene una tendencia maravillosa a romper el guion. A veces no decide el que más se espera, ni el jugador que sale en todas las previas. A veces no lo hace la gran estrella. Hay ocasiones en las que, simplemente, el partido se bloquea, entra en ese terreno espeso en el que todo empieza a oler a prórroga, y, entonces, aparecen dos futbolistas que habían empezado la noche sentados en el banquillo para reventarlo todo.
Eso fue lo que ocurrió con Ferran Torres y Mikel Merino. Dos suplentes y dos jugadores que entraron cuando el partido ya estaba en el tramo final, cuando Portugal resistía y cuando España empezaba a necesitar transformar ese dominio, esa paciencia y esas buenas intenciones en algo más.
Y en apenas cinco minutos los dos fabricaron la jugada que cambió la noche y el curso mundialista de España: Ferran puso la asistencia y Merino apareció en el área para hacer el gol que mete a la selección en cuartos de final del Mundial.
La imagen resume muchas cosas de esta España de Luis de la Fuente. Resume su fondo de armario, su fe en el grupo, su manera de entender los partidos como algo que no pertenece solo a los titulares. Y también resume el valor de un banquillo que vuelve a ser decisivo.
Porque España no derrotó a Portugal únicamente desde el balón, ni solo desde el plan inicial, ni siquiera desde el talento evidente de sus mejores futbolistas. España ganó desde la paciencia de quienes esperaban su momento. Entraron para la prórroga y lo ganaron antes de ella.
Una decisión que no parecía evidente
La jugada del gol tuvo un origen que, en directo, no parecía tan claro. Luis de la Fuente movió el banquillo y retiró a Dani Olmo cuando el futbolista del Barça estaba siendo uno de los mejores, quizá el mejor, del partido. Olmo encontraba espacios, recibía entre líneas, amenazaba a la defensa portuguesa y daba la sensación de estar muy cerca de romper el encuentro. Por eso el cambio tuvo algo de apuesta. Incluso de riesgo. Pero De La Fuente sabe cosas. O las intuye, qué más da.
El seleccionador lleva tiempo gobernando esta selección desde una convicción muy marcada: los partidos los ganan las plantillas. Y su fe en Mikel Merino, por ejemplo, no es ningún secreto.
Apareció Ferran Torres como solamente debe hacer alguien que necesita reivindicarse, siendo más decisivo que nunca y filtrando un pase que solo vio él. Inmerso en esa frontera incómoda entre la titularidad y el banquillo, el delantero del Barça no necesita demasiadas presentaciones en la selección: ha marcado goles importantes, ha pasado por momentos de ruido y de duda, y aun así siempre ha encontrado la forma de volver a ser útil.
Ante Portugal lo fue de la manera más directa: recibiendo, pensando rápido y ejecutando de maravilla.
Y ahí estuvo Merino.
Merino, el hombre al que De la Fuente decidió esperar
Lo de Mikel Merino tiene ya algo de relación especial con las grandes noches de España, por lo que este gol contra Portugal no puede entenderse solo como una aparición aislada. También habla de la fe de Luis de la Fuente en él. Merino es una apuesta casi personal del seleccionador, uno de esos futbolistas en los que un técnico cree incluso cuando el contexto invita a dudar.
Llegó al Mundial entre algodones, con más incertidumbre que certezas, y hubo un momento en el que la decisión más sencilla habría sido no esperarlo. Asumir que el torneo llegaba demasiado pronto, reordenar el centro del campo sin él y mirar hacia otros nombres, pero De la Fuente eligió otra cosa: esperar.
Lo esperó porque tiene una confianza enorme en lo que Merino le da a esta selección. No siempre es el jugador más vistoso, ni el más mediático, ni el que aparece primero en el escaparate, pero ofrece una mezcla que el seleccionador valora de forma casi obsesiva: físico, lectura, llegada, inteligencia para ocupar espacios, capacidad para sostener al equipo y gol. Mucho gol.
Y el tiempo ha terminado dándole la razón. Otra vez. Merino volvió a aparecer cuando España más lo necesitaba y lo hizo como ya lo había hecho en la Eurocopa de 2024, cuando su cabezazo contra Alemania en la prórroga abrió una puerta que parecía cerrada y se convirtió en uno de los momentos más recordados del camino hacia el título. Entonces fue Alemania. Esta vez fue Portugal. Dos partidos de máxima exigencia en dos escenarios únicos. Y en las dos apareció Merino, que celebró con su clásica vuelta al banderín del córner, en homenaje a su padre.
Los héroes que nadie esperaba
Aunque muchas estrellas parecían reclamar el protagonismo de la noche, el partido terminó perteneciendo a Ferran y Mikel. A Torres y Merino.
Pero el partido terminó perteneciendo a Ferran y Merino.
A dos futbolistas que empezaron fuera, pero que son dos piezas que explican por qué esta España parece tener algo más que un buen once. Hay soluciones dentro y fuera. Hay equipo y hay margen de mejora. España tiene varios planes y tiene futbolistas capaces de aceptar un papel secundario hasta que, de pronto, el partido les pide ser protagonistas. Eso es oro en un Mundial.
Porque los campeonatos de este tamaño no se ganan solo con once nombres, se ganan con los que salen de inicio, con los que entran después, con los que se quedan sin jugar y siguen empujando, con los que llegan tocados y terminan siendo importantes, con los que no siempre son portada pero acaban apareciendo en la foto decisiva.
España eliminó a Portugal con una jugada nacida desde el banquillo. Y eso dice mucho de la selección. Dice que De la Fuente acertó con los cambios, que Ferran sigue teniendo un papel importante y que Merino era una espera que merecía la pena.
Bélgica, el siguiente escalón
La victoria, además, ya tiene consecuencia inmediata: Bélgica será el rival de España en los cuartos de final. Un cruce de enorme nivel, ante una selección belga que llega con talento, con pegada y con la experiencia suficiente como para exigir otra versión grande del equipo de De la Fuente. Aunque parece que la mejor generación belga se agotó o se está agotando, sin la presión del favorito, la selección de Lukaku, Courtois o De Bruyne está yendo de menos a más.
