Paul Krugman, Nobel de Economía, sobre el bloqueo del estrecho de Ormuz: "El diésel ha subido un 70% más que la gasolina, y eso es lo que paga todo lo que compras, no el combustible de tu coche"
El reputado economista tiene muchas preguntas, pero también respuestas.

Paul Krugman (1953) es uno de los más destacados economistas del mundo, además de un divulgador, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2008, que siempre ayuda a poner pedagogía en el complejo mundo de los dineros. Sus previsiones y análisis son siempre esperados como agua de mayo, también ahora que la guerra en Irán ha superado el mes de muerte.
Desde su postura crítica con el neoliberalismo, el habitual columnista de The New York Times ha publicado ahora una viral reflexión sobre los precios del petróleo, una de las principales preocupaciones actuales del mundo, en especial por el cierro prácticamente completo del determinante estrecho de Ormuz. Viral por su contundencia... y por los datos que aporta.
La bolsa se ha disparado tras la noticia de una posible "rendición estadounidense", como la llama, de forma muy diferente a como lo vende el presidente Donald Trump. "Desafortunadamente, declarar la victoria y huir será mucho más difícil de lo que Trump cree. Para empezar, miles de tropas terrestres estadounidenses se dirigen al Golfo Pérsico, y será muy difícil resistir la tentación de utilizarlas, momento en el que habremos entrado en lo que Robert Pape denomina la 'trampa de la escalada'", arranca.
Al mismo tiempo, la afirmación de Trump de que el bloqueo de Ormuz es problema de otros países "es un discurso vacío", a su entender. "Trump les dice a los europeos que si carecen del coraje para apoderarse del combustible para aviones que necesitan -irónicamente, el Ejército estadounidense, mucho más grande, no está haciendo el trabajo-, simplemente pueden 'comprárselo a EEUU, tenemos de sobra'". Pero los datos niegan esa lectura. "¿Les parece que tenemos “de sobra”? A los ejecutivos de las aerolíneas no les parece así", expone, citando una información de Reuters que indica que United Airlines recortará el 5% de sus vuelos programados debido al aumento vertiginoso del precio del combustible. Sirva de muestra un botón.
Las materias primas para fertilizantes se fabrican principalmente a partir de gas natural, y los países del Golfo Pérsico eran importantes productores, exportando su producción a través del estrecho de Ormuz antes de la guerra. Y lo mismo pasa con el plástico. ¿Acaso no depende todo el mundo de lo que está pasando?, se pregunta como el que clama en el desierto ante la inacción general.
"Menos de la mitad del consumo estadounidense de productos derivados del petróleo correspondió a gasolina. Y el precio del gasóleo -principalmente diésel- ha subido un 70% más que el de la gasolina. Si a esto le sumamos el alza vertiginosa de los precios de los fertilizantes y las materias primas para la producción de plástico, el aumento de los precios de la gasolina, aunque acapara los titulares, representa menos de la mitad del panorama económico", resuelve.
¿Y quién paga el aumento de precio del diésel, el combustible para aviones, los fertilizantes y los plásticos? "La respuesta es que, si bien estos costos se reflejan inicialmente para los productores, se trasladan rápidamente a los consumidores en forma de precios más altos para el transporte y, de manera indirecta, para casi todo lo que compramos", dice el Nobel.
"¿Cuán grande es el impacto del aumento de precios de productos distintos a la gasolina? Consumimos alrededor de 4 millones de barriles de diésel al día, lo que equivale a unos 60.000 millones de galones al año (un barril contiene 42 galones). El precio del diésel ha subido 1.70 dólares por galón, por lo que, si los precios se mantuvieran en los niveles actuales, solo eso representaría un impacto de aproximadamente 100.000 millones de dólares para los consumidores. El aumento de los precios del combustible para aviones, los fertilizantes y los productos petroquímicos también tendrá un impacto considerable", añade Krugman en su seguido blog.
Y, por supuesto, está la gasolina, que también se ha encarecido mucho. "¿Sigues pensando que el estrecho de Ormuz es problema de otros países?", dice al lector menos avispado. EEUU produce mucho petróleo, y la industria petrolera nacional obtendrá "enormes ganancias inesperadas mientras los consumidores estadounidenses sufren las consecuencias". "¿Pero qué importa? No contamos con ningún mecanismo para captar y redistribuir esas ganancias extraordinarias, por lo que las familias estadounidenses comunes y corrientes sufrirán las consecuencias de la crisis petrolera mundial, a pesar de que Estados Unidos es un exportador neto de petróleo", recuerda.
Existe una razón adicional, "técnica pero importante", para preocuparse aún más por el alza vertiginosa de los precios del diésel, el combustible para aviones y los materiales industriales que por los precios de la gasolina. "Tiene que ver con la probable reacción de la Reserva Federal", desvela.
¿Cómo es esto? La Reserva Federal suele basar sus decisiones sobre si subir o bajar los tipos de interés en la inflación subyacente, es decir, la inflación sin tener en cuenta los precios de los alimentos ni de la energía. Esto se debe a que los precios de los alimentos y la energía son muy volátiles y, por lo general, no son un buen indicador de la inflación que se producirá en los próximos años. Por ello, la Reserva Federal intenta ignorar las fluctuaciones inflacionarias derivadas principalmente de los precios de los alimentos y la gasolina. Por ejemplo, no subió los tipos en 2011, cuando se produjo un repunte temporal de la inflación impulsado exclusivamente por los precios del petróleo.
"Existe un intenso debate entre los expertos en política monetaria sobre si la Reserva Federal puede centrarse con seguridad únicamente en la inflación subyacente e ignorar los efectos inflacionarios del bloqueo del estrecho de Ormuz, que, de no resolverse, constituirá la peor crisis energética de la historia. En cualquier caso, la inflación subyacente solo excluye la energía comprada directamente por los consumidores", concluye.
Las fluctuaciones de precios relacionadas con el petróleo, como el alza vertiginosa de los precios del combustible para aviones y el diésel, que elevan el coste de la actividad empresarial, "no se excluyen, lo que significa que incrementarán la medida de inflación preferida por la Reserva Federal. Esto la impulsará a subir los tipos de interés o, al menos, a posponer las bajadas".
En principio, explica qque la Reserva Federal "podría analizar los efectos de la crisis del estrecho de Malaca en los costes empresariales, así como sus repercusiones directas en los precios al consumidor". Sin embargo, dada la preocupación generalizada por el riesgo de una estanflación similar a la de los años 70, "probablemente no lo hará", pronostica.
Por lo tanto, la crisis del diésel, el combustible para aviones y los plásticos, en igualdad de condiciones, "conducirá a una Reserva Federal con una postura más restrictiva y a un mayor riesgo de recesión", augura. "La moraleja es que Estados Unidos conserva un interés vital en que se reabra el estrecho de Ormuz. Por mucho que Trump quiera proclamar la victoria e insistir en que el bloqueo es problema de otros países, la realidad no le dará la razón", concluye.
