Un grupo de economistas con dos premios Nobel lanza una alternativa al trumpismo y al neoliberalismo: defienden los sindicatos, el Estado fuerte y la igualdad de género en el trabajo
Expertos de la London School of Economics proponen un nuevo modelo bautizado como Consenso de Londres.

El modelo económico dominante desde los años noventa está en cuestión. Y no solo por razones ideológicas, sino por los datos acumulados tras crisis financieras, desigualdad creciente y tensiones geopolíticas. Ante esta situación, un grupo de economistas —entre ellos varios premios Nobel— ha presentado una propuesta alternativa al neoliberalismo clásico y al actual giro proteccionista asociado a Donald Trump.
Lo han bautizado como el Consenso de Londres, un marco económico que busca redefinir el papel del Estado, los mercados y el trabajo en el siglo XXI. El proyecto se recoge en el libro The London Consensus. Economic Principles for the 21st Century, coordinado por los economistas Andrés Velasco y Tim Besley.
Del Consenso de Washington al de Londres: qué cambia
Para entender la propuesta, hay que mirar atrás. El llamado Consenso de Washington, formulado en 1989 por John Williamson, defendía una receta clara: liberalización económica, privatizaciones y reducción del papel del Estado. Ese enfoque, respaldado por instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, marcó las políticas económicas durante décadas.
Pero tras la crisis financiera de 2008 y el aumento de la desigualdad, ese modelo empezó a ser cuestionado incluso dentro de la academia. El nuevo Consenso de Londres no rompe completamente con aquel marco, pero sí introduce cambios de fondo: más intervención pública, mayor peso de la cohesión social y una visión distinta del crecimiento económico.
Cinco principios para una nueva economía
Los economistas que impulsan esta propuesta resumen su enfoque en cinco ideas clave:
- El bienestar importa tanto como el crecimiento: no basta con producir más, importa cómo se distribuyen los beneficios.
- El crecimiento debe ser inclusivo y territorial: no todas las regiones ni sectores se benefician igual.
- El Estado actúa como asegurador: debe proteger frente a crisis económicas, tecnológicas y climáticas.
- No hay economía sin política: las instituciones son clave para el desarrollo.
- Un Estado fuerte es esencial: no solo regula, también impulsa innovación y productividad.
En palabras de Velasco: "Crecer exige mucho más que sacar al Gobierno de la cancha".
El papel de los sindicatos y la igualdad de género
Uno de los puntos más llamativos del nuevo enfoque es su defensa explícita de los sindicatos. Lejos de verlos como un obstáculo, los autores los consideran herramientas para mejorar la productividad y las condiciones laborales.
El economista Christopher Pissarides, especialista en mercado laboral, es uno de los firmantes que respaldan esta visión. Además, el documento introduce con fuerza la igualdad de género en el trabajo como eje económico, no solo social. Propone medidas concretas como:
- Políticas de conciliación.
- Permisos de paternidad y maternidad.
- Acceso universal al cuidado infantil.
La idea es clara: sin igualdad laboral, no hay crecimiento sostenible.
Innovación, Estado y empresa: un nuevo equilibrio
Otro de los pilares del Consenso de Londres es la relación entre sector público y privado. El economista Philippe Aghion lleva años defendiendo que la innovación —clave del crecimiento— depende de un ecosistema donde el Estado juega un papel activo.
No se trata de sustituir al mercado, sino de actuar como socio: invertir en educación, infraestructuras y tecnología, y crear reglas que favorezcan la competencia y la productividad.
En esta línea, el economista Dani Rodrik propone un nuevo paradigma llamado "productivismo", centrado en reforzar la economía real frente al peso excesivo de las finanzas.
Un contexto global marcado por la incertidumbre
La propuesta llega en un momento de fuerte inestabilidad. La guerra comercial, el auge del proteccionismo y conflictos geopolíticos —como las tensiones en Oriente Próximo— han cambiado las reglas del juego.
Instituciones como el Fondo Monetario Internacional han advertido en los últimos informes de un crecimiento global más débil y fragmentado. Además, la propia Unión Europea reconoce obstáculos internos: el FMI estimó en 2024 que las barreras dentro del mercado único equivalen a un arancel del 45% en bienes y del 110% en servicios.
¿Puede convertirse en el nuevo modelo dominante?
Esa es la gran incógnita. El economista Branko Milanovic duda de que un nuevo consenso pueda imponerse sin el respaldo de EEUU, como ocurrió con el de Washington. El reto es doble: ofrecer una alternativa viable al neoliberalismo sin caer en el proteccionismo extremo.
Mientras tanto, el diagnóstico sí parece compartido: el modelo anterior ya no funciona igual. Y la economía global necesita nuevas reglas.
Menos dogma, más pragmatismo
Los autores del Consenso de Londres insisten en que su propuesta no es ideológica, sino práctica. Hablan de "pragmatismo" y "gradualismo". Pero el cambio de fondo es más Estado, más cohesión social y más atención a la desigualdad.
En un momento en el que el sistema económico global busca equilibrio, esta propuesta intenta llenar el vacío. Y lo hace con una idea central: sin estabilidad social, tampoco hay crecimiento económico sostenible.
