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Del FOMO al JOMO: por qué los viajeros de lujo han dejado de querer verlo todo y aprenden a "perderse" cosas a propósito

Del FOMO al JOMO: por qué los viajeros de lujo han dejado de querer verlo todo y aprenden a "perderse" cosas a propósito

"Los pasajeros se están relajando, no hay tanta ansiedad por verlo todo".

Una azafata de un jet privado sirviendo una copa a un cliente, en una imagen de archivo.
Una azafata de un jet privado sirviendo una copa a un cliente de lujo.Getty Images

El lujo está cambiando. A diferencia de las vacaciones cerradas por el resto de los mortales, los ricos reservan sus vacaciones con cita previa y en entornos decorados con delicadeza. Cinco Días ha podido contactar con una de estas agencias de viajes, Pangea, cuya sede en España se encuentra en el barrio de Salamanca. El director de marketing de la compañía, Abraham Martín, asegura en conversación con el periódico que quien entra en uno de los 30 puntos repartidos en España con intención de viajar, se acaba gastando de media unos 7.000 euros.

Eso sí, "para ellos es frustrante que les mandes muchas propuestas porque se atoran", dice el alto ejecutivo. Para evitar esta mala sensación, el asesor les va haciendo preguntas para tratar de averiguar "lo que ni ellos mismos saben que quieren". "La gente disfruta en el proceso de preparación. Y cuanto más les ayudas en esos momentos iniciales, más satisfechos se quedan", señala.

El sector cambia

Como cualquier otro sector económico, el turismo de lujo ha sufrido sus propios cambios. La sobreinformación ha sido culpable de esto. "Hoy en día estamos muy informados y a la vez desinformados. En internet todo es bonito y el cliente llega con una serie de ideas. Por ejemplo, te pide ir en agosto a Perú sin saber que allí en ese mes es invierno, y cuando se lo cuentas te dice que a él no le gustan los destinos de frío. Nosotros, como especialistas que somos, intentamos aclararles las dudas", asegura, por su parte, Pilar Vivet, directora ejecutiva y cofundadora de Atlàntida Travel, otra agencia del sector del lujo.

Pero, uno de los cambios más destacables en esta industria, es, según señala Vivet en el diario económico, que "los pasajeros se están relajando. Hay tanta ansiedad por verlo todo". De esta forma, sostiene que frente al FOMO (miedo a perderse algo por sus siglos en inglés), llega el JOMO (alegría de perderse algo). 

"Cuando vamos a Kenia, no hace falta visitar todos los parques. Hay que hacer un viaje bien planificado, estructurado y que cumpla las expectativas que tienes", explica la asesora de lujo en su conversación con el medio de comunicación. "En tiempos en los que hay tanta cantidad de gente viajando por el mundo”, para Vivet es un lujo poder llegar a un lugar remoto y que el viajero lo disfrute solamente con sus acompañantes, sin nadie más a su alrededor.

"El lujo es el acceso"

Karem Pérez, socia de la agencia Speriencial Journeys y también en declaraciones al medio especializado, considera que el lujo en un viaje "no es el exceso, sino el acceso que tienes a ciertos territorios, a los guardianes de esos lugares y a rutas recónditas".

"En la era de la conectividad, el tiempo y el silencio, son un lujo para el tipo de cliente, como el Speriencial Journeys, que ya ha visto casi todo y está buscando que lo sorprendan de otra forma", dice Pérez. Ella pone de ejemplo experiencias exóticas como vivencias en comunidades nativas en Latinoamérica, "que no tienen ni luz ni agua", y predomina en el contacto con la naturaleza. 

Pero también otras experiencias inaccesible para el resto de los mortales: "Un cliente invitó a toda su familia y amigos por su 70 cumpleaños en Florencia. Y una de las cosas que quería hacer era cenar frente al David de Miguel Ángel. Pagando, no hay problema", termina.

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