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21/02/2013 08:23 CET | Actualizado 22/04/2013 11:12 CEST

Robbie Rogers y el armario del fútbol

No es ninguna súperestrella del fútbol mundial, pero su nombre ha salido en todos los medios. desde hace unos días, Robbie Rogers, californiano de Palos Verdes y de apenas 25 años, es ya exfutbolista. No lo deja por ninguna lesión, ni por ninguna adicción, ni por ningún delito. Lo deja porque es gay.

No es ninguna súperestrella del fútbol mundial, pero su nombre ha salido en todos los medios. Era propiedad del Leeds United, equipo histórico que ahora compite en The Championship, la segunda división inglesa, pero este último año estaba jugando en el Stevenage, que compite en el equivalente inglés a nuestra Segunda B. Había jugado hasta ahora 18 partidos con su selección, la de Estados Unidos, lo cual no es moco de pavo.

Pero desde hace unos días, Robbie Rogers, californiano de Palos Verdes y de apenas 25 años, es ya exfutbolista. No lo deja por ninguna lesión, ni por ninguna adicción, ni por ningún delito. Lo deja porque es gay. Rogers anunció su homosexualidad y su abandono de los terrenos de juego: "Es tiempo de descubrirme fuera del fútbol (...) La vida está tan llena de cosas sorprendentes", afirmaba Rogers tras salir del armario.

Es un caso raro. Muy pocos futbolistas homosexuales han salido del armario. Pienso en el caso de Justin Fashanu, el británico de origen nigeriano que salió del armario en 1990. Su historia es realmente desoladora. Tras anunciar públicamente su condición sexual, Fashanu vagó por diferentes equipos, no pudiendo estar más de una temporada seguida en un club. Sufrió el desprecio de aficionados (rivales y propios), compañeros e incluso de su propio hermano, John, también futbolista, que dijo que era "un paria". Abandonó el fútbol y tras un escándalo sexual en Estados Unidos, del que después se supo era inocente, se suicidó ahorcándose en un garaje en Londres.

Ante tales antecedentes, es difícil la tesitura de los futbolistas gais. Además, de vez en cuando aparece alguien con alguna declaración fuera de tono, como el pasado junio hizo el italiano Antonio Cassano, que, concentrado con su selección, afirmó esperar "que no haya ningún homosexual en el equipo". No obstante, han pasado unos días y no parece que Robbie Rogers esté siendo atacado, más bien al contrario: Ha recibido el apoyo de numerosos personajes del deporte y él mismo agradecía estos gestos a través de su cuenta de Twitter.

Pero no creo que sea un final feliz para esta historia. Desconozco los motivos reales que han llevado a Rogers a dejar el fútbol con 25 años, pero me da la impresión de que con su decisión, Rogers hace ver que fútbol profesional o de élite y homosexualidad declarada son incompatibles. Tengo mis serias dudas acerca de si salir del armario y seguir jugando con normalidad fuera posible. ¿Se imaginan ustedes un rifirrafe entre un jugador que ha declarado su homosexualidad con otro futbolista? ¿Qué se dirían? O imaginen ustedes a ese jugador gay en un estadio rival, lleno de orangutanes (de esos que aúllan cuando un jugador negro rival lleva el balón), después de hacer una falta o dispuesto a tirar un penalti. O imaginen que un club cualquiera anuncie en verano la contratación de un Robbie Rogers, prometedor jugador, internacional con su país y gay. ¿Irían los hinchas a su presentación, a hacerse fotos con él, a pedirle autógrafos? ¿Despertaría el mismo entusiasmo que si fuera un conquistador de top models de lencería?

Hasta que las respuestas a algunas de estas preguntas no estén claras, el fútbol seguirá encerrado en su propio armario. Lleno de polillas.