Cómo la crisis China-Taiwán pone en peligro los chips que mueven el mundo

Esto no es como el gas o el petróleo de Rusia, que se puede buscar en otro lado: si no son 'made in Taiwán', casi no hay nada que mueva tu teléfono o tu lavadora.
Visitantes del stand de TSMC en una feria de tecnología en Nanjing, China, el pasado febrero.
Visitantes del stand de TSMC en una feria de tecnología en Nanjing, China, el pasado febrero.
Future Publishing via Getty Images

China y Taiwán, con Estados Unidos de por medio, viven estos días su mayor crisis en décadas. No ha llegado a mayores, los analistas coinciden en que sería catastrófico que acabase en guerra abierta. Por eso, los movimientos que se producen se miden al milímetro. Lo que pasa es que los dirigentes de Pekín y Washington han dado pasos al frente de los que ya es complicado arrepentirse, porque a la espalda tienen la bayoneta del poder, la presión, los intereses, el qué dirán.

La inquietud va más allá de lo puramente geopolítico, de lo defensivo. Afecta también, de lleno, a la economía. Primero, porque el Indo-Pacífico es una zona estratégica por la que circula el 30% del comercio mundial y quien lo controle, manda. Y segundo, más concretamente, porque puede dejar al mundo sin microchips, esos pequeños cuadraditos con los que se mueve todo. La mayoría vienen de la isla en disputa y casi no se hacen en otros lugares del mundo. No es como el gas o el petróleo de Rusia, al que se trata de buscar una alternativa por la invasión de Ucrania. Aquí no hay otro caladero al que acudir.

Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU cuyo viaje a Taiwán ha iniciado esta escalada, se reunió durante su estancia en Taipei con Mark Liu. No es un político, sino el presidente de la compañía taiwanesa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company Limited (TSMC), que es el mayor fabricante de chips del mundo y que abastece de semiconductores a la economía mundial: desde chips de alta calidad para la industria aeroespacial hasta productos domésticos como lavadoras o frigoríficos. Si la producción de chips se paraliza en Hsinchu, la metrópoli de semiconductores de Taiwán, en algún momento en Occidente los fabricantes de coches tendrán que detener sus líneas de ensamblaje y enviar a sus empleados a casa. Por ejemplo. Y así en cadena hasta nuestros teléfonos, tabletas, relojes...

En la zona libre de impuestos alrededor de la ciudad de Hsinchu, que tiene menos de 500.000 habitantes, la industria de los semiconductores ha sido el centro de atención desde la década de 1980. Allí, a menos de 150 kilómetros de la China continental, se encuentran dos de las universidades más importantes de la isla, que forman especialistas para las empresas del Parque Científico de Hsinchu, donde tienen su sede la mayoría de las firmas tecnológicas de Taiwán.

El corazón de este parque son los 20 fabricantes de semiconductores que producen chips para las grandes tendencias digitales de la economía mundial. Desde allí, los dos mayores fabricantes de semiconductores del mundo, TSMC y UMC, suministran al mundo sus productos de alta tecnología.

La primera de estas empresas es la que más preocupa porque es líder indiscutible del sector planetario, con unos 65.000 empleados en diversos países. La empresa fabrica más de 10.000 productos diferentes y son pioneros del mundo digital. El logotipo de la empresa no es visible en ninguno de los productos porque TSMC se encarga de la “fundición”, esto es, son fabricantes que producen semiconductores de alta calidad por encargo de grandes compañías. No los vemos, pero están en casi todo. Casi no se oye hablar de ella, pero sin ella no podemos hablar.

TSMC domina más de la mitad del mercado mundial de semiconductores (54% según Visual Capitalist), con clientes como Appel, Qualcomm e Infineon. Los gigantes estadounidenses Intel y Broadcom también encargan la producción de sus semiconductores a TSMC, al igual que el especialista en procesadores gráficos Nvidia. Todos los pesos pesados tecnológicos que están involucrados actualmente en la digitalización, la inteligencia artificial o la conducción autónoma dependen de TSMC. Si buscas en las pegatinas de tu portátil o tu torre seguramente salgan algunos de los nombres citados.

La empresa también es líder mundial en procesos de fabricación de chips de alta gama, para las industrias aeroespacial y de defensa, entre otras. En EEUU, los chips de TSMC se instalan en los aviones de combate F-35 o en el sistema de armas antitanque Javelin, con el que Ucrania fue capaz de derribar tanques rusos. Los componentes de TSMC también alimentan las supercomputadoras de los Laboratorios Nacionales de Estados Unidos, donde se llevan a cabo investigaciones pioneras de interés nacional.

Difícil de recuperar

Poco antes de la visita de Pelosi a Taiwán, el jefe de TSMC advirtió en la cadena de televisión norteamericana CNN que una invasión china provocaría la “paralización” de la producción de chips en las fábricas de su firma. “TSMC dejaría de ser operativa. Nuestras instalaciones de producción muy sofisticadas dependen de la conectividad en tiempo real con el exterior, con Europa, Japón y Estados Unidos”, sostuvo. Y añadió que, cuando el sector arrastra ya dos años y medios de crisis en gran parte provocada por el coronavirus y la falta de materias primas, “le costaría mucho recuperarse” si llega la guerra.

China lo sabe, porque ellos mismos importan el material que se fabrica en Taiwán, supone el 10% del negocio de TSMC (Estados Unidos es el 65% y Europa el 6%), por lo que “perdería el suministro de sus componentes más avanzados, así que la gente se lo pensará dos veces”, según Lui. Por eso los analistas entienden que puede ser un freno para una respuesta armada. Hasta el momento, Pekín está llevando a cabo ejercicios militares sin precedentes, con uso de fuego real y bloqueo del espacio aéreo y marítimo de la isla, lo que sus autoridades denuncian como una agresión a su soberanía.

En la diana de EEUU

Históricamente, el apoyo de la Casa Blanca a Taiwán se ha basado en la oposición de Washington al gobierno comunista en Pekín, desde la Guerra Fría, y la resistencia de Taiwán a la absorción por parte de China, que la trata como una provincia rebelde, pero territorio propio. En los últimos años, la autonomía de Taiwán se ha convertido en un interés geopolítico vital para EEUU, debido al dominio de la isla en el mercado de fabricación de semiconductores, además de por su posicionamiento geográfico, ideal para mantener su poderío en todo el sureste asiático. De ahí que sea el mayor proveedor de armas de Taipei.

El Internet 5G ultrarrápido y transformador está habilitando un mundo de dispositivos conectados de todo tipo (el ” Internet de las cosas ”) y una nueva generación de armas, señala The Conversation. “Con esto en mente, los funcionarios estadounidenses comenzaron a darse cuenta durante la administración Trump de que las empresas estadounidenses de diseño de semiconductores, como Intel, dependían en gran medida de las cadenas de suministro con sede en Asia para la fabricación de sus productos”, y eso influye también en su apuesta actual por la “vibrante” democracia de Taipei, como la llama Pelosi.

Un informe sobre la cadena de suministros de EEUU sostiene que “depende en gran medida de una sola empresa, TSMC, para producir sus chips de vanguardia”. El hecho de que apenas esta firma y Samsung (instalada en Corea del Sur) puedan fabricar los semiconductores más avanzados “pone en riesgo la capacidad de satisfacer las necesidades de infraestructura crítica y seguridad nacional actuales y futuras [de EEUU]”.

La de Taiwán lleva siendo una guerra tecnológica abierta desde hace años. Si hay una militar, también, está por ver.

Nancy Pelosi y su polémica visita a Taiwán