El problema lo tienes tú si ves algo malo en que un niño se pinte las uñas o se disfrace de princesa

Las redes sociales se vuelcan con Jon, un niño del que se reían sus compañeros por llevar las uñas de colores.

“A Jon le encanta pintarse las uñas, pero en el cole han empezado a decirle que eso es de chicas”.

Con esta frase la usuaria de Twitter @Megachix abrió este martes un hilo para reivindicar el derecho de su hijo a no ser juzgado por llevar las uñas de colores. ”Él sabe que eso es una tontería pero aún así le da miedo y me gustaría que todos los que queráis, nos enviéis fotos y vídeos de vuestras uñas pintadas y le deis vuestra opinión 💙”.

El mensaje lo publicó un poco antes de las 21:00 horas y 24 horas después ya había acumulado más 13.400 retuits y cerca de 85.900 me gusta. Entre los más de 3.900 comentarios recibidos hay muchos como éste de hombres mostrando sus uñas pintadas.

“Lo que te haga feliz que no te lo impida nada ni nadie”. Es lo que repiten una y otra vez los usuarios de la red social que se han hecho eco de la historia.

La misma idea la defienden los psicólogos infantiles. “Para un niño pintarse las uñas es un juego. Somos los adultos los que juzgamos”, explica Rocío Perera, psicóloga sanitaria de Activa Psicología, que apunta que si otros niños juzgan al protagonista de esta historia es porque hay adultos que antes les han dicho que eso está mal.

“Si le doy una connotación negativa le estoy transmitiendo a mi hijo que es algo malo… En la mente inocente de un niño no hay ningún problema por pintarse las uñas o disfrazarse de princesa, para él es sólo un juego”, insiste la especialista, para la que esto podría extrapolarse a otras situaciones.

“Personalmente no creo en los que se denominan disfraces de niño o de niña. Cada uno debe expresarse como sienta y quiera y ponerse un disfraz u otro es cuestión de gusto y apetencia”. No olvides que es el mundo adulto el que pone etiquetas y decide qué género debe usar uno u otro, y ése es el mensaje que trasmitimos”, añade la también psicóloga Alicia G. Acosta, coautora junto a Luis Amavisca del cuento ¡VIVAN LAS UÑAS DE COLORES!.

“Es el mundo adulto el que ponemos etiquetas y decidimos qué género debe usar uno u otro, y ése es el mensaje que trasmitimos”

- Alicia G. Acosta, psicóloga

“Impedir a un niño que se pinte las uñas o convencerle de que está mal o de que hará el ridículo conseguirá únicamente que se sienta mal y niegue sus verdaderos sentimientos, obligándoles a llevar sus emociones a escondidas y causándoles un profundo dolor”, continúa.

Ésa es la idea que ha expresado en Twitter el profesor Nando López al compartir la historia de Jon. “Nadie debe sufrir por ser ni por expresarse. Y menos que nadie, nuestros menores”, escribe.

El problema lo tienen los demás

El cuento ¡VIVAN LAS UÑAS DE COLORES! nació en enero de 2018 de la necesidad de normalizar episodios como el de Jon, y en esa normalización los adultos juegan un papel clave. “No olvidemos que hace nada el pelo largo, el rosa o los pendientes eran exclusivamente femeninos”, apunta Acosta con esperanza.

A estos autores les inspiró el post viral de Jesús Fernando Ruiz Moneo, un padre con un hijo fan de las uñas pintadas.

“Yo lo apoyo dejando que me las pinte a mí. Lo hago porque últimamente pide que se las limpiemos antes de ir al colegio porque algunos de sus compañeros de clase de 5 AÑOS se burlan y comentan que es una niña o un mariquita y él se pone triste. Intentamos convencerlo de que el problema lo tiene el que mira sin ver, pero es duro verlo así”, aseguró en la publicación que dos años después cuenta con 9.800 comentarios y 57.000 compartidos.

Esa última frase lo resume todo. “El problema está en los otros, los que miran y juzgan, no en el niño que se pinta las uñas”, insiste Rocío Perera. Porque probablemente ese niño está haciéndolo por imitación.

Su consejo es dejarles hacer, convertir su juego en algo normal, darles libertad y, ahora que llega el Carnaval, permitirles “elegir el disfraz que les guste y que disfruten”. Ella misma se vistió de la Bestia con seis años: “Y todas mis amigas iban de princesas. Cada uno tiene que disfrazarse de lo que quiere”.

“El problema está en los otros, los que miran, no en el niño que se pinta las uñas”

- Rocío Perera, psicóloga

Lo importante, según Alicia G. Acosta, es “mostrar apoyo y cariño a nuestros hijos” cuando alguien lo juzga por vestir de una manera o llevar las uñas de otra. “Hablar de ello todo lo que necesiten y reforzar su autoestima”, insiste. “Explicarles que no todo el mundo mira el mundo con cristales del mismo color, pero que lo importante es que él o ella crean y confíen en su propia mirada y respeten a quien lo ve de otro modo. Quien se quiera pintar las uñas que lo haga y quien no, no”, añade.

A situaciones similares se han tenido que enfrentar también actrices como Charlize Theron o Megan Fox, que no se han librado de ser juzgadas por dejar que sus hijos usen vestidos. “Va a un colegio muy hippie y muy liberal pero incluso allí hay niños que dicen que ‘los chicos no llevan vestidos’ o ’que no visten de rosa”, explicaba en septiembre Megan Fox sobre su hijo Noah, de seis años. “Trato de enseñarle a tener confianza en sí mismo sin importar lo que digan los demás”, aseguró en People.

No hay que buscarle un significado

No es fácil en un mundo lleno de estereotipos donde rápidamente se juzga a que actúa de forma diferente y hasta se habla despectivamente de un comportamiento “mariquita”.

“El hecho de que un niño se vista de princesa garantizaría que sea gay en la misma medida que garantizaría que sea heterosexual el hecho de que se vista de bombero”, apunta Acosta con ironía. “Eso es algo que no tiene absolutamente nada que ver. Por más que nuestro hijo se vista de Superman me temo que no va a salir volando”, añade.

Tampoco tendría nada malo que el niño o la niña manifestasen su sexualidad con gestos así. Al fin y al cabo cada uno es libre de elegir su orientación y vivirla libremente, aunque lo cierto es que a esas edades todavía no se ha producido el desarrollo sexual. “La sexualidad es algo que se explora ampliamente a lo largo de la vida, hay estudios que hablan de los 5 o 6 años en adelante, aunque normalmente tomar conciencia y aceptar la propia orientación sexual puede llevar un tiempo”, concluye Acosta.

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