Javi Martín: "Cuando quise quitarme la vida me daban cita para dentro de 3 o 4 meses. No tiene sentido"

Javi Martín: "Cuando quise quitarme la vida me daban cita para dentro de 3 o 4 meses. No tiene sentido"

El actor y ex 'Caiga Quien Caiga' publica 'Bipolar y a mucha honra'.

“En una ocasión estuve asomado a mi terraza, en un séptimo piso, con la firme intención de saltar y estamparme contra el suelo. Al final no lo hice y pude agarrarme a una barandilla”. Estas palabras tan impactantes pertenecen al primer capítulo del libro que acaba de publicar Javi Martín (Madrid, 1972).

El mismo día en el que su Bipolar y a mucha honra (Espasa) llegaba a las las librerías, el actor y presentador —muchos se acordarán de él como del ‘guapo’ de Caiga Quien Caiga— abría a El HuffPost las puertas tanto de su casa como de esa misma terraza, soleada y llena de plantas, para hablar sobre salud mental, su trastorno y la televisión.

Martín, de 49 años, relata momentos tan crudos como ese intento de suicidio, sus dos ingresos en sendos psiquiátricos o sus elevaciones, como él las llama, y depresiones con tanta naturalidad como humor. Porque, desde su dolor, reivindica el reírse hasta que los problemas de salud mental “se desestigmaticen del todo”.

No puedo empezar de otra manera que no sea preguntándote por el lugar en el que estamos. ¿Ésta es ‘la terraza’?

Esta es ‘la terraza’. La terraza donde, en un momento dado por mi trastorno bipolar, en esa fase de depresión, yo pasaba aquí horas y horas y horas mirando por el patio y en mi cabeza siempre había esa frase: ‘Tírate por la terraza, tírate por la terraza’. Fue el momento más duro de mi vida, no hay nada que se le compare al sufrimiento que vives en esa situación y, gracias a Dios, pues aquí estoy, sigo aquí.

¿Cuántos años hace?

Pues como 10 años de aquello. Y bueno, poco a poco vas saliendo. Lo que tienes que hacer es ponerte en manos de profesionales. El entorno, tus amigos, tu familia, te pueden ayudar muchísimo y, si es necesario, tomar medicación y quitar todo ese estigma y ese dramatismo de tomarla. Son conexiones neuronales que no funcionan muy bien y la medicación lo que hace es ayudarte a que se regulen.

¿Hoy en día cómo estás? Esta terraza es una estancia más, ¿no?

Sí, esta terraza ya no es el demonio que tenía en casa. Es el sitio donde subimos a relajarnos, a disfrutar, a hacer fiestas, y ya todo eso quedó atrás. Sigue estando en mi memoria, lo tengo muy presente. Y bueno, a mí me ha dado una manera de ver la vida de otra forma. Al haber pasado por casi quitarte la vida, de repente ves que la vida es un auténtico regalo. Y que nos vamos a ir, mejor irse de viejecitos. Te van a pasar muchas cosas pero lo que hay que hacer es disfrutar, aprovechar cada momento, vivirlo intensamente, y sonreírle a la vida siempre que se pueda.

Comenzamos esta entrevista hablando de suicidio, que es un tema duro, que a veces se esconde o no se trata, pero tú en el libro defiendes hablar de él y los expertos también. ¿Por qué?

Creo que cuando algo no se habla es un problema que sigue estando ahí, escondido. No hablamos de ello y parece que no ocurre, ¿no? Hablar de suicidios previene los suicidios. Tenemos que hablar de que hay 3.941 personas que se quitan la vida cada año, son 11 personas cada día, 200 personas que lo intentan cada día. No podemos esconder debajo de la alfombra toda esta información, tenemos que hacer algo.

Tenemos que hablar de que hay 3.941 personas que se quitan la vida cada año, son 11 personas cada día, 200 personas que lo intentan cada día

Hay que hablar de suicidio y también de cómo prevenirlo. Necesitamos ya un Plan Nacional de prevención del suicidio, necesitamos campañas, muchíiisimos psicólogos, miles de psicólogo. Tenemos tres veces menos psicólogos en España que en el resto de Europa. Y necesitamos educación emocional en las escuelas para enseñarles a los chicos y a las chicas que van a tener problemas mentales. Uno de cada cuatro personas va a tener algún tipo de problema mental a lo largo de su vida, entonces, que estemos preparados para eso. Que no nos pille de nuevas y, sobre todo, a lo mejor no te toca a ti, pero le va a tocar a tu padre, a tu hermano, a un amigo, a tu hijo... Que sepamos gestionar nuestras emociones es importante.

Se ha visto además con la pandemia. Nos ha abierto los ojos, ¿no?

Sí, ha aflorado un problema que ya estaba ahí. La salud mental ya era un problema antes de la pandemia, lo que pasa es que de repente con el confinamiento la gente se ha sentido muy agobiada, gente ha perdido el trabajo, a seres queridos... ha aflorado más. Ya faltaban muchísimos recursos en la sanidad pública. Yo tuve un accidente con la bici, me partí una costilla y me atendieron en 3-4 horas en el hospital, pero cuando quise quitarme la vida me daban cita para dentro de 3-4 meses. No tiene sentido. El sistema sanitario en cuanto a salud mental en España es muy deficitario.

En la parte pública, porque el que puede...

Claro, yo pude permitirme ir a una psicóloga privada y a un psiquiatra privado, pero echando cálculos me salía más o menos como a 500 o 600 euros al mes. No mucha gente se lo puede permitir. Y, sobre todo, ¿cuánta gente se habrá quitado la vida por no poder acceder a un sistema de salud mental, público, gratuito, que te tiene que atender enseguida? Te tiene que atender, además, con una constancia semanal, porque es un problema que hay que tratar cada semana. Faltan muchísimos recursos. Se habla de un dinero que se ha invertido, es absolutamente insuficiente. Está bien, menos es nada, pero falta muchísimo.

Pude permitirme ir a una psicóloga privada y a un psiquiatra privado, pero echando cálculos me salía como a 500 o 600 euros al mes

Titulas el libro Bipolar y a mucha honra. ¿Te ha costado llegar a ese ‘a mucha honra’, a la aceptación?

La verdad es que no. Soy una persona que tardo poco tiempo en aceptar lo que me pasa. De repente me encontré con una etiqueta, la de trastorno bipolar, que la iba a llevar, la iba a ver mi familia, mis amigos... Para mí el humor es absolutamente indispensable en mi vida y de repente tengo esta etiqueta, que no me la he puesto yo, es un trastorno que me ha venido y me han dado esa etiqueta los profesionales. Yo la tengo que aceptar, la recojo y me río de ella. Yo soy el primero que se ríe de mi trastorno bipolar, me cachondeo de haber estado dos veces en un psiquiátrico. Entiendo que hay gente que está en un momento doloroso de su vida y todavía no está en el tema de reírse con lo que le pasa, pero cuando ya has superado todo eso que yo superé, miro para atrás y a mí el humor hace que me sienta sano. Que me pueda reír de todo aquello me hace sentir que lo he superado más. Si me quedo en la vergüenza, el dolor, la pena, la tristeza... es una carga que no quiero llevar. Prefiero llevarlo con humor, con alegría, y soy bipolar... ¡y a mucha honra!

Lo condensas en una frase que dice algo así como ‘me voy a reír de esto hasta que los problemas de salud mental se desestigmaticen’.

Hay mucho estigma y muchísimo dramatismo y yo entiendo que hay momentos evidentemente que son dramáticos, sobre todo con el suicidio, pero pasado un tiempo las cosas hay que aligerarlas un poco. Sobre todo romper ese estigma que hay: cuando hablamos de personas con trastorno esquizofrénico tiene una carga negativa ese nombre terrible. Los medios de comunicación a veces solo muestran la cara oscura de los trastornos mentales, pero yo he aprendido muchísimo y he sacado cosas muy positivas de todo lo que me ha pasado.

Muchas veces hablamos de la bipolaridad y hay mucho malentendido con esas frases como ‘fulanito es bipolar, me dice A y luego me dice B’. ¿Cómo explicarías de manera sencilla qué es este trastorno?

Como bien dice su nombre son dos polos: uno es la manía. Ésta es una fase muy curiosa, yo por lo menos vivía todo muy espiritualmente. Tenía conexiones con el universo, con Dios, con espíritus, con mi yo superior, con un amigo mío que se murió, podía hablar con las plantas, con los animales... Tenía una necesidad de ayudar a la humanidad, de salvar al mundo, de limpiar el planeta... Duermes muy poco muchas veces y te levantas con una energía impresionante. Haces cosas muy raras, a veces no se te entiende y tu entorno se pone muy nervioso por esa situación. Hay fases también, hay hipomanía, manía...

Tenía conexiones con el universo, con Dios, con espíritus, con mi yo superior, con un amigo mío que se murió, podía hablar con las plantas, con los animales...

Y luego está la depresión, que también tiene sus grados. La conoce mucho más la gente: es un momento de tristeza pero más alargado en el tiempo y más profundo. Sientes muchísima ansiedad, muchísima angustia. Yo tenía mucho miedo al futuro: ‘mis amigos me van a dejar, quién va a querer a una persona así de triste, mi marido me va a dejar, no me van a llamar para trabajar, no voy a tener dinero...’. Me ponía en lo peor y todo me costaba muchísimo. Levantarme de la cama era tremendo, me tenían que acompañar al trabajo alguna vez porque no podía con mi alma. Es una situación muy dolorosa y muy peligrosa si llegas a ese momento de que quieres quitarte la vida.

Dices que tu entorno prefería verte en esa fase deprimida que en la elevada. ¿Eso por qué?

Porque en la fase elevada, en la manía, estás muy descontrolado. Yo me iba por la noche, cuando no había nadie aquí en casa, y salía de juerga con desconocidos, me ponía a bailar toda la noche... Dices cosas muy extrañas, puede provocar que no cumplas con tu trabajo, estás muy insolente muchas veces, muy respondón, muy desinhibido... Tu familia realmente no sabe cómo manejarte; sin embargo, en la depresión, estás calladito, en el sofá tirado, y se te puede cuidar mejor.

Tu entorno tenía esa lucha contigo para que te tomaras las pastillas. En esos momentos lo veías casi como un fracaso personal pero ya no es así, ¿no?

No. Esto es un proceso, lleva su tiempo llegar a una estabilidad como la que yo tengo. Al principio era de los que me metía la pastilla en la boca, me la guardaba debajo de la lengua y la tiraba, pero llegó un momento que entendí que esto no es una carrera de a ver cuántos miligramos menos me tomo. Me entristecía subir la medicación, hasta que entendí que esto es un trastorno crónico y voy a tener que tomar medicación toda la vida si no se descubre nada nuevo y ya está. Qué más me da tomar 2,5 miligramos que 5 miligramos. También hay estigma con la medicación: no tenemos problema en tomar una pastilla para el dolor de cabeza, insulina para la diabetes... En lo físico no hay problema, pero en lo mental hay rechazo y eso hay que romperlo.

  El actor y presentador Javi Martín.PATRICIA DONOHOE / EL HUFFPOST

También hay mucho estigma con haber estado en un psiquiátrico. ¿Qué mitos son totalmente falsos?

Los psiquiátricos tienen la imagen que tienen gracias a las películas, las novelas... Nos imaginamos gritos, gente atada, a uno que le meten la comida a cucharada, duchas frías. No, no, no. Los psiquiátricos en España son lugares integrados ya en los hospitales. Hay gente de todo: personas que se han intentado suicidar, una chica anoréxica, personas que se habían pasado con las drogas... Hay momentos en los que bueno, alguien está descompensado, pero el resto del tiempo, generalmente es como un retiro donde tú necesitas estabilizarte y te cuidan estupendamente los profesionales. Yo no tuve ningún problema, se come muy bien, hice dos amigos que tengo todavía... Si mi familia hubiese visto cómo estaba dentro no tendrían ese problema de ‘¡Javi está en un psiquiátrico!‘. El problema no era cómo estaba yo, sino ‘¡es que está en un psiquiátrico!’. Hay que desdramatizar; si hay que pasar por un psiquiátrico, se pasa por uno. Hay cosas muchísimo peores en esta vida.

Mencionabas ahora ese consumo de drogas, es algo que también tratas y te cuestionas si en algún momento dado puede tener algo que ver ese consumo que tuviste con que se desencadenara en ti el trastorno o no. ¿Qué mensaje darías a todos esos chavales que no conocen esa letra pequeña que tú ya sí sabes?

De vez en cuando voy a institutos a dar charlas sobre salud mental y de lo que más orgulloso estoy es de hablarles del peligro de las drogas. Pero empiezo desde otro lado. Yo les digo a los chicos y chicas que las drogas son maravillosas, que son cojonudas, que te lo pasas estupendamente, que bailas, que conoces gente, que sales... Maravilla. Si decimos otra cosa estamos engañando y la gente no tomaría drogas si no fuera así. Lo que pasa es que quien te ofrece las drogas y tus amigos no te hablan de la letra pequeña.

Quien te ofrece las drogas y tus amigos no te hablan de la letra pequeña

La letra pequeña es que vas a tener problemas de concentración, vas a tener problemas de adicción —aunque tú creas que sólo son los fines de semana eso ya es una adicción—, vas a beber mucho más alcohol, vas a tener problemas académicos, seguramente problemas con tu familia, y te van a impedir hacer muchas cosas. Es más que probable que tengas una adicción que puede provocar muchos problemas en tu vida y, sobre todo, un trastorno mental y, muchas veces, grave. Tengo amigos que han estado muy mal y todavía tienen secuelas por las drogas.

Y Javi, ¿por qué la redes sociales no son para ti?

Bueno, me voy reconciliando ellas. Instagram sí que me gusta. Por un lado tiene esa parte negativa del postureo, de mostrar una vida que no es real, querer todo el rato likes, likes, likes... pero intento verle el lado positivo. Si la usas bien, puede ser maravillosa. En Instagram ves de repente chicos, chicas, jóvenes o mayores, que hacen unos bailes estupendos, que dibujan de maravilla, que cocinan un plato estupendo. Hay cosas espectaculares y que pueden dar muy buenas ideas a otras personas, pero claro, si estás todo el día ahí mirando y no provoca nada en ti más que mirar, no sirve de nada.

¿Por qué aconsejas que todo el mundo vaya al psicólogo?

Pues porque no conozco a ninguna persona en este mundo que no tenga ningún miedo, ninguna inseguridad, ninguna duda, que no tenga partes oscuras... Todos deberíamos ir al psicólogo alguna vez en la vida porque todos tenemos un conflicto con nuestro padre, con nuestra madre... eso la mayoría. Yo voy a la psicóloga dos veces al año ahora y a veces, cuando voy para allá, pienso ‘pues no sé qué le voy a decir, porque no tengo ningún problema’ y de repente me pongo a hablar y salen cosas que no sabía. Es muy saludable hablar con un buen profesional.

En todo este proceso, ¿qué has aprendido sobre ti mismo?

Que me gusta aprender. Siempre he sido un buscador de cómo puedo ser mejor persona. El haber pasado por esas fases maníacas y esa depresión me ha enseñado que soy muy fuerte, que todo el mundo es más fuerte de lo que se cree, que podemos superar las cosas más difíciles del mundo. Sobre todo, tengo que decirlo, me voy a echar flores... ha aflorado en mí una necesidad de ayudar a los demás. Con que mi historia a una persona le ayude a que no se quite la vida habrá valido la pena, y eso sí lo llevo con mucho orgullo.

El haber pasado por esas fases maníacas y esa depresión me ha enseñado que soy muy fuerte, que todo el mundo es más fuerte de lo que se cree

¿Darías algún consejo a alguien a quien le acaben de diagnosticar?

Lo primero que le diría sería ‘¡Bienvenido al club! Ya somos uno más. ¿Qué tal, cómo te sientes? Chico, que no es para tanto. Chica, que nada, tú tranquila, esto es un proceso. Vas a estar un tiempo pa’arriba, pa’abajo a lo mejor, pero que sepas que con medicación, cuidándote, no tomando drogas, las horas de sueño —son indispensables— vas a poder seguir haciendo las mismas cosas de siempre. Vas a seguir siendo tú y toda esta fase que estás pasando mal te va a hacer más fuerte después’.

El hacer público tu diagnóstico,  ¿ha repercutido de alguna manera, ya sea para bien o para mal, en tu faceta profesional?

Pues tengo que decir que si hay alguien que no me llama porque le da miedo trabajar conmigo, primero, está mal informado. Yo sigo trabajando en el teatro y sin ningún problema. Si hay alguien que no me quiere llamar por mi trastorno no lo voy a saber, no me va a decir ‘Javi, te íbamos a llamar pero no’. A lo mejor se me cierran unas puertas pero se me están abriendo otras ventanas que no pensé que se me fueran a abrir. Doy charlas sobre salud mental a empresas, soy director de una compañía de teatro con personas con trastornos mentales, sigo trabajando en el teatro y me salen cosas constantemente.

¿Echas de menos la televisión?

No. Echar de menos no es la palabra. Reconozco que el teatro es mi pasión, si no lo hiciera sí lo echaría de menos. Y la televisión me gusta mucho pero, desde que me pasó todo esto, no tengo deseos ni sueños, voy haciendo mi camino, aparecen cosas. Y lo que va apareciendo voy viendo lo que me apetece y si me llaman, bien, y si no, bien también.

¿Tampoco tienes un formato soñado, un ’ojalá me dieran esto’?

No, no lo pienso. ¿Me gustaría interpretar algún papel en concreto en el teatro? No, tampoco lo tengo. Lo que quiero es subirme al escenario y entregar lo mejor de mí. En televisión si aparece alguna propuesta interesante, yo encantado, claro.

  El actor y presentador Javi Martín.PATRICIA DONOHOE / EL HUFFPOST

Escribe el prólogo El Gran Wyoming. ¿Seguís teniendo relación los miembros del Caiga Quien Caiga? ¿Os seguís reuniendo, tenéis grupo de WhatsApp...?

Tenemos un grupo de WhatsApp. Tengo que decir que no lo uso casi nada porque tengo siete mil grupos y la salud mental también es saber no estar en ciertos sitios constantemente. No es muy activo el grupo pero de vez en cuando alguien dice alguna cosa o informa de algo. Es verdad que no nos vemos casi. Con algunos tengo más relación que con otros y nada, a Wyoming le admiro con locura y además hace ese prólogo maravilloso contando su propia historia, que tiene mucho que ver con el trastorno bipolar también.

¿Sería viable un Caiga Quien Caiga en la actualidad?

Creo que segundas partes nunca fueron buenas y creo que se juntaron una serie de cosas muy especiales en aquel momento. Era un Gobierno muy especial, el Gobierno de Aznar y sus ministros eran muy especiales, muy característicos, y bueno, la televisión era de otra manera y, sobre todo, fue la novedad de ese formato de programa. Volver a repetirlo pues a lo mejor algo parecido, pero seguramente no tendría tanto impacto.

Os imitaron mucho, ¿no?

Sí, luego salieron programas con reporteros... Lo bueno hay que copiarlo, sí, sí.

¿Guardas algo en esta casa de aquella época, algún recuerdo del Caiga?

Sí, tengo una taza, que pone Caiga Quien Caiga y está desdibujado totalmente; un muñeco de ninot de un reportero que nos hizo una gente de Valencia; muchísimas fotos de aquella época... y no tengo ni traje ni gafas.

¿Y nada afanado a ningún famoso o que te lo dieran?

Nada, todo eso lo llevábamos a un armario y lo tendrá la productora.

Las personas con conductas suicidas y sus allegados pueden recibir ayuda las 24 horas en el teléfono 024, llamando al 112 o contactando con el Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17). Aquí puedes encontrar más información sobre asociaciones y aplicaciones para la prevención del suicidio.

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