Ley de eutanasia de partidos políticos

Ley de eutanasia de partidos políticos

La sucesión de estertores que hemos contemplado en Cs desde el patinazo murciano solo puede provocar el deseo de que acabe esta agonía.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, posa junto al resto de integrantes de la nueva ejecutiva del partido.Ciudadanos / EFE

A la vista de lo visto a lo largo de estos últimos días en Ciudadanos, parece claro que no solo necesitamos una ley de eutanasia individual como la que se aprobó esta semana en el Parlamento; también convendría contar con una ley de eutanasia para los partidos políticos. Como todos los organismos vivos, nacen, crecen y desaparecen. Y a veces su muerte puede llegar a ser extremadamente lenta y dolorosa, aquejados de males terminales irresolubles que provocan padecimientos sin ningún sentido. Ya fue triste asistir al enloquecimiento de Albert Rivera en sus años finales, pero la sucesión de estertores que hemos contemplado en Cs desde el patinazo murciano solo puede provocar en cualquier español aficionado a la política el deseo de que, por dios, acabe ya esta agonía. Por compasión.

No es Ciudadanos la única formación que podría verse afectada por una ley de eutanasia de partidos políticos. La decisión de Pablo Iglesias de ser la cara del cartel de Unidas Podemos para Madrid tiene algo de ensañamiento terapéutico con otro enfermo terminal, en este caso la formación de la posmoizquierda en dicha Comunidad. Ante el gravísimo pronóstico adelantado por los marcadores clínicos —las encuestas, vamos—, la decisión de él de cargar personalmente con la cruz tiene más de chute adrenalínico momentáneo que de tratamiento de elección, puro encarnizamiento sobre el cuerpo electoral del paciente para mantenerlo vivo como sea durante mes y medio. Después ya veremos. Puro dopaje, pura distanasia. El efecto Iglesias es un efecto placebo.

Seguramente esta vez el Partido Popular no votaría en contra de la ley de eutanasia de partidos políticos. Y eso que, desde un punto de vista de estricto fundamentalismo democrático, el único dios de los partidos deberían ser sus votantes, por lo que, siendo coherentes, habría que procurar por todos los medios que se mantuviera la existencia de los partidos mientras quedara al menos uno solo de aquéllos. Mientras hay votos, hay esperanza. Pero el comportamiento hospitalario —más de hospital que de hospitalidad— que el partido conservador ha tenido esta semana con cuantos miembros de Cs se dejaban caer al no soportar más este trance —curioso partido de centro en el que todas las fugas se producen hacia la derecha— ha sido todo un canto a la muerte asistida. A la muerte asistida de Ciudadanos, claro.

Alguno de los fundadores de Ciudadanos ya ha pedido públicamente un fin digno para el partido

No existe la eutanasia, al menos en su acepción etimológica. No existe la buena muerte. Pero sí existen formas menos malas de morir; también para los partidos políticos. Alguno de los fundadores de Ciudadanos ya ha pedido públicamente un fin digno para el partido. Aunque solo fuera por su valentía en plantar cara a la burguesía nacional-etnicista y sus palmeros identitarios, Cs ya es merecedor de un juicio no significativamente peor que el de otros partidos que gozan de buena salud. La nueva política es volátil y es esperable que en el plazo de pocos años algunas siglas más acompañen a las que hoy encarna Inés Arrimadas. Vendría bien una ley de eutanasia de partidos políticos, insisto. Yo propongo a Toni Cantó como ponente del proyecto de ley.

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Licenciado en Filosofía y doctor en Psicología. Es profesor titular de Psicología Clínica de la Universidad de Oviedo desde antes de que nacieran sus alumnos actuales, lo que le causa mucho desasosiego. Durante las últimas décadas ha publicado varias docenas de artículos científicos en revistas nacionales e internacionales sobre psicología, siendo sus temas más trabajados la conformación del yo en la ciudad actual y la dinámica de las emociones desde una perspectiva contextualista. Bajo la firma de Antonio Rico, ha publicado varios miles de columnas de crítica sobre televisión, cine, música y cosas así en los periódicos del grupo Prensa Ibérica, en publicaciones de 'El Terrat' y en la revista 'Mongolia'.