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26/03/2016 09:58 CET | Actualizado 26/03/2016 09:58 CET

Las claves de la semana: De Wally, Errejón y Fouché

Ni rastro de belleza. Todo fue frialdad, distancia y silencio. Al séptimo día reapareció, y no para contemporizar ni zanjar las más aviesas lecturas, sino para dar pábulo con su actitud a que siga corriendo la tinta. ¿Dónde estaba Wally? Perdón, Errejón, que lo de encontrar al número dos de Podemos no es un juego, aunque también haya decenas de detalles, como en el libro del británico Martin Handford, que puedan despistar al lector.

Ni rastro de belleza. Todo fue frialdad, distancia y silencio. Al séptimo día reapareció, y no para contemporizar ni zanjar las más aviesas lecturas, sino para dar pábulo con su actitud a que siga corriendo la tinta. ¿Dónde estaba Wally? Perdón, Errejón, que lo de encontrar al número dos de Podemos no es un juego, aunque también haya decenas de detalles, como en el libro del británico Martin Handford, que puedan despistar al lector.

"Si es listo, estará pensando; si no, conspirando", respondía a la pregunta sobre su paradero alguien que le conoce bien. Tanto como para saber que es precisamente la frialdad analítica del número dos de Podemos la que le proporciona tanto su genio como su brillo.

Las pistas de Monedero

En esta semana que acaba, que para la política ha sido menos que media semana, Errejón siguió dando que hablar porque cuando volvió a la escena tras su "exilio británico" para sumarse en el Congreso de los Diputados al minuto de silencio en memoria de las víctimas de los atentados de Bruselas, se mostró alicaído y distante. Aún no había pasado el duelo por la fulminante destitución de su amigo Sergio Pascual, ya exsecretario de Organización del partido morado. Algo se ha roto entre él y Pablo Iglesias, y puede que sea algo más que el amor. Algunas pistas ha dado en El Huffington Post Juan Carlos Monedero de lo que ha pasado y que pasará entre los herederos del 15-M, de su regreso al latido de los círculos, de sus relaciones con el PSOE y del futuro junto a IU.

De momento, el número dos ha perdido su primera batalla porque el golpe de autoridad que Iglesias dio con la destitución de Pascual fue, en definitiva, un topetazo a Errejón y a quienes como él avanzaban posiciones en la lucha por el poder orgánico. "Ahora también él siente el miedo en la nuca. Ha ido demasiado lejos sin conocer el terreno; es mejor emprender una rápida retirada. Mejor capitular que luchar sólo contra los poderosos", escribió Stefan Zweig de Fouché, aquél intrigante político de gran personalidad e influencia, que ejerció el poder durante la Revolución Francesa y el imperio napeolónico siempre desde la intriga y la traición.

Pues si el precursor del espionaje moderno tuvo más poder que el mismísimo Napelón, dicen que Errejón deseaba el domino por encima de Iglesias. Y que ahora con su autoimpuesto silencio no es que haya doblado arrepentido ni implorado, sino que maquina la próxima intriga. Veremos, pero si de algo sabe el segundo de Podemos es de proyectar escenarios ganadores, e Iglesias le necesita para su asalto a los cielos.

Sánchez logra un imposible

Y si de contubernios anduvieron sobrados los de Podemos, Pedro Sánchez no se queda a la zaga. Nadie sabe cuál será el siguiente trazo del "Romeo enajenado" (Monedero, dixit) después de casarse un día con el centro liberal y al siguiente pedir matrimonio a Podemos. El secretario general del PSOE ha logrado un imposible: poner de acuerdo a morados, naranjas y colorados. Ciudadanos no se fía de que en el último momento abandone el compromiso adquirido con Rivera y se eche en brazos de Podemos. Iglesias le ofrece un "gobierno a la valenciana", no porque se fíe de él, sino porque no quiere que le señalen como responsable de que la derecha siga en La Moncloa. Y el PSOE teme que un salto de Susana Díaz a la escena nacional para competir en el congreso del PSOE "acabe con un acuerdo entre Pedro y Pablo" en el tiempo de descuento previo a la disolución de las Cortes. Es lo que tiene Sánchez, que credulidad no inspira mucha.

El BOE, en 15 días.

Y si la semana pasada dejó ojipláticos a propios y extraños cuando imploró a Tsipras que mediara con Iglesias para que le llevara a La Moncloa, ésta ha trasladado a algún barón de su partido que en la conversación telefónica que ha mantenido con el lider de Podemos éste le confesó estar arrepentido de lo hecho y lo dicho, y que hoy un gobierno de cambio está más cerca que lejos. Claro que también dijo Jordi Sevilla, cuando el PSOE escenificó bajo El Abrazo de Genovés su acuerdo con Ciudadanos: "En 15 días tendremos el BOE". Y aquí seguimos, en el mismo sitio y sin Gobierno.