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28/12/2015 07:08 CET | Actualizado 27/12/2016 11:12 CET

Susana, como el cielo, puede esperar

Menos de dos años lleva Pedro Sánchez al mando del PSOE y aunque Susana Díaz no es reina de Judea, sí quiere deshacerse del recién nacido secretario general para hacerse con el control de un socialismo a la deriva. Sánchez evita un congreso inmediato, pero los barones le imponen los límites a la negociación con Podemos. La resolución del Comité Federal intensifica la autocrítica por los resultados del 20-D.

28 de diciembre, día de bromas, aunque el PSOE esté para pocas. Más bien los Santos Inocentes evocan más que nunca el episodio hagiográfico del cristianismo que hoy se conmemora. ¿Recuerdan? La matanza de los niños menores de dos años nacidos en Belén, una aniquilación ordenada por Herodes para deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.

Menos de dos años lleva Pedro Sánchez al mando del PSOE y aunque Susana Díaz no es reina de Judea, sí quiere deshacerse del recién nacido secretario general para hacerse con el control de un socialismo a la deriva. La espita: ¿los resultados del 20-D?, ¿el anuncio de aplazamiento del Congreso Federal?, ¿la política de pactos postelectorales? Olvídense. No hay más batalla ni más objetivo que el del liderazgo tras este cisma. Y Herodes, de momento, sigue sin lograr su objetivo

Igual que en el filme de Warren Beatty. El cielo puede esperar... y Susana Díaz también tendrá que hacerlo. Sánchez ha cosechado el peor resultado de la historia del PSOE (90 escaños y un 22% de los votos), cierto. Y si Joaquín Almunia dimitió con 125 diputados y Rubalcaba se tuvo que ir con 110, alguien tendrá que asumir la responsabilidad por el fracaso del 20-D, por el raquítico 15% de votos obtenidos en la candidatura encabezada por el secretario general, por la cacicada de fichar a la tránsfuga Irene Lozano, por la frivolidad de llevar a la ex militar Zaida Cantera de acompañante...

Todos estos argumentos los esbozaban esta semana los barones que se sumaron a la ofensiva de Susana Díaz para doblar el pulso al secretario general y acelerar su salida de Ferraz. Sánchez hizo caso omiso a las insinuaciones para que pusiera su cargo a disposición del partido. No estaba por la labor, si bien los cuadros territoriales pretendían tomar las riendas de un PSOE a la deriva y forzarle a mantener en plazo, es decir antes del último fin de semana de febrero, el congreso federal que tenía pensado posponer a primavera con la intención clara de blindarse como candidato en el caso de nuevas elecciones.

La fecha la fijaría un Comité Federal ordinario que los barones exigían que se convocara el próximo 9 de enero. Pero nada de esto ocurrió anoche en una cita inédita en la que los cuadros territoriales obligaron a Sánchez a elevar el nivel de autocrítica por el 20-D en la resolución política que hoy se votará y le fijaron los límites de la negociación con Podemos. O los de la formación morada renuncian públicamente al referéndum para el derecho de autodeterminación o el PSOE no se sentará con ellos a hablar.

Hasta aquí lo político, una desautorización en toda regla a la posición que la dirección federal ha exhibido durante toda la semana. En lo que respecta a lo orgánico, Susana Díaz y quienes buscaban forzar la inmediata salida con Sánchez en un congreso inmediato no lograron que esta posición saliera adelante en la cita de anoche. "No hay ambiente. Los españoles no entenderían que el PSOE se imbuyera ahora en un proceso orgánico en medio de una investidura", decían quienes hasta esa misma mañana daban por segura la salida de Sánchez.

Puede haber sorpresas en el Comité Federal porque el PSOE es muy de sobresaltos y si la euforia de Ferraz trasciende entre los críticos es probable que estos no den la batalla por cerrada y se revuelvan. Pero de momento, lo previsto es que la cita sirva para hacer un análisis tardío de los resultados del 20-D, discutir sobre la política de pactos post electorales y marcar las líneas rojas de la negociación que Sánchez pretendía con los de Pablo Iglesias para ser investido en caso de que Rajoy no logre los apoyos que necesita.

Esto fue todo, que no es poco en un partido a la deriva y con un liderazgo cuestionado. En todo caso, para quienes saben leer en las entrañas del PSOE, hay una premisa que hace días cambió cualitativamente la escena e hizo que Sánchez perdiera el control: que a la rebelión interna de los barones capitaneados por Susana Díaz, se sumaran Javier Fernández y Guillermo Fernández Vara, tras la falta de autocrítica en los resultados y la treta que intentaba Sánchez para blindarse como candidato.

Nadie podrá acusar ni al asturiano ni al extremeño de haber participado en maniobra alguna contra Sánchez en el último año, más bien todo lo contrario. Ambos defendieron incluso lo indefendible en aras de la estabilidad orgánica y la cultura de partido, pese a que ninguno de los dos apoyó al hoy secretario general en su pugna por el liderazgo frente a Eduardo Madina. Ya no. Ahí está el punto de inflexión y el inicio del fin -se empeñan los críticos- de un secretario general, aupado hasta la cima por los mismos que hoy le quieren desbancar sin dilación ni miramientos.

Hay una mayoría clara de cuadros dirigentes que creen que Pedro Sánchez no puede seguir al frente del partido tras el próximo congreso. Y en esta tesis, además de Andalucía, la mayor federación en número de militantes, están Extremadura, Valencia, Asturias, Castilla-La Mancha y Aragón. El cuándo sigue sin estar claro pero algunos han empezado ya la cuenta atrás para la batalla decisiva y tantas veces aplazada: Sánchez o Díaz. De momento, como el cielo, la "reina del sur" tendrá que esperar.