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05/09/2012 09:27 CEST | Actualizado 04/11/2012 11:12 CET

La agenda de Falsarius: Tigretones, espumillas y otras debacles

¿Por qué la manía esa de algunos restaurantes de empeñarse en ponerle a todos los platos una espumilla como de baba? En la comida de hoy había espumilla en el aperitivo (una almeja cruda que parecía que estaba dándose un baño relajante). Era como la maldita fiesta de la espuma de una discoteca.

LUNES: Salgo a comer por ahí y una duda existencial me acomete: ¿Por qué la manía esa de algunos restaurantes de empeñarse en ponerle a todos los platos una espumilla como de baba? ¿Tienen un caracol en plantilla? En la comida de hoy había espumilla en el aperitivo (una almeja cruda que parecía que estaba dándose un baño relajante. Sólo le faltaban unas velitas y música de Kitaro). Tenía espuma (o "aire" como le llaman) el primer plato, el segundo (deberían saber que si al cordero le pones espumarajos raros parece que le ha dado un ataque epiléptico y da lastimilla comérselo), y tenía, cómo no, espuma el postre. Era como la maldita fiesta de la espuma de una discoteca. Sólo faltaban algunas merluzas compitiendo por el título de Miss Camiseta Mojada. Algunos restaurantes tienen mal digerida la modernidad. O eso o es que les había estallado un extintor. Oye, que puede ser, porque yo creo que tenía espumilla hasta la carta. Para consolarme, al final he pedido un café. Muy rico. Lleno de espuma de vainilla hasta el mismísimo borde.

MARTES: Leo en algún sitio una frase del gran futbolista George Best. Ya la conocía, pero cada vez que la leo me vuelve a entusiasmar: "En mi vida he gastado enormes cantidades de dinero en alcohol, drogas y mujeres; el resto lo he despilfarrado"

MIÉRCOLES: Preparando recetas para la nueva temporada impostora, que he tenido un verano un poco vago y ya va siendo hora de darle caña de nuevo al blog. Me cargo cuatro Tigretones preparando un postre que no funciona y que acaba en la basura. ¡Cuatro Tigretones! El más sicalíptico y delicioso de los bollitos industriales. No empieza bien la cosa, no.

JUEVES: Un amigo me pregunta por una olla vieja con la que estoy cocinando. Le cuento que estaba abandonada en la pucherera municipal y que la adopté. Añado que pese a todo, yo creo que es de raza. Y claro, pasa lo que pasa. Suelto estas cosas así como de coña, me entusiasmo y luego voy y las somatizo. Total, pensaba tirar la olla y creo que ahora voy a ser incapaz. Es más, posiblemente le compre una cestita para dormir.

VIERNES: Con viernes así, ¿quién necesita lunes? Afortunadamente, por la tarde, encuentro consuelo en estos amorosos y cálidos brazos.

SÁBADO: Sube el IVA. Y con esta sintonía despedimos agosto hasta el año que viene. Si no lo quitan, que sé yo de buena tinta que es un mes al que le tienen ganas hace tiempo.

DOMINGO: Un lector de Twitter me descubre con laconismo pero eficacia el inesperado potencial erótico de la cocina impostora. Su mensaje dice así: "Le he regalado su libro a mi novia. He follao. Usted mola". Como apunta sabiamente otra amiga ¿será mi libro el nuevo "50 Sombras de Grey"? Va a ser que no.

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