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22/04/2016 07:37 CEST | Actualizado 22/04/2016 09:40 CEST

Cervantes y Don Quijote aún viven en Reino Unido

cervantesSi desde el primer día en que Don Quijote inició sus andanzas literarias Cervantes fue conocido, divulgado, adaptado y querido en Inglaterra, nada tiene de extraño que cuatrocientos años después de su muerte su admirable caballero andante siga tan vivo y lozano sobre la escena de sus teatros. ¡Ojalá pudiéramos decir nosotros algo parecido en España!

El hecho de que coincidan los centenarios de la muerte de Cervantes y de Shakespeare ha provocado las lógicas comparaciones sobre cómo se están conmemorando en Inglaterra y en España. Entre nosotros ya se han pronunciado muchos sobre la aparente desidia oficial en las celebraciones, una situación que contrasta con la del Reino Unido.

Hace unos días surgió, sin embargo, una pregunta curiosa en un debate que celebramos en la Universidad de Alcalá, dentro de un ciclo de conferencias sobre los dos escritores. ¿En Inglaterra, además de la atención que ya sabemos que se le está prestando a Shakespeare, existe también interés por conmemorar a Cervantes? El British Council nos trae este año a España representaciones de Shakespeare; pero ¿ocurre lo mismo con Cervantes en Inglaterra?

La respuesta a esa curiosa pregunta es naturalmente que sí, aunque no seamos los españoles los que lo hayamos hecho. Doy solo un dato: desde principios de marzo, y hasta el próximo 21 de mayo, la Royal Shakespeare Company está poniendo en escena, en el teatro Swan de Stratford-upon-Avon (la localidad natal de Shakespeare), una adaptación del conocido poeta James Fenton del Quijote, con canciones suyas y de Grant Olding, y la interpretación de David Threlfall como Don Quijote y de Rufus Hound como Sancho Panza.

La representación, de unas tres horas, está siendo un gran éxito, como recoge la crítica en los principales periódicos británicos (Guardian, Daily Telegraph, Times, Financial Times, whatsonstage.com, etc.). Elogian especialmente la adaptación y las canciones de Fenton, así como la dirección de Angus Jackson y la interpretación de los dos actores principales (y de modo muy destacado la de Threlfall en el papel de nuestro hidalgo manchego). Si alguien se pregunta el porqué de este interés de los ingleses por nuestro Quijote, que provoca que su principal compañía dramática represente una versión musical de nuestro clásico, adaptada por uno de sus más reputados poetas vivos, habría que contestar de inmediato que esto no es nada nuevo.

Los ingleses fueron los primeros en el mundo que mostraron interés por la obra cervantina, hasta el punto de que la Primera Parte del Quijote se tradujo completamente al inglés en torno a 1607, apenas dos años después de su publicación, aunque el libro no viera la luz hasta 1612. El traductor fue un tal Thomas Shelton, un católico irlandés que había aprendido español en Valladolid y Salamanca, en uno de aquellos colegios irlandeses establecidos en España para facilitar a los irlandeses católicos su acceso a los estudios superiores. El inglés fue la primera lengua extranjera a la que se tradujo esa novela en su totalidad (la Segunda Parte vio la luz en 1620, apenas cinco años después de la publicación española), incluso antes que al francés, pues la versión francesa de César Oudin de la Primera Parte es de 1614, dos años después de la traducción inglesa de Shelton.

Pero siendo este dato muy revelador, lo es aún más el hecho de que numerosas obras de teatro inglesas coetáneas recogieran adaptaciones o alusiones al Quijote. Así que cuando ahora vemos la adaptación de Fenton en el teatro Swan de Stratford no deberíamos sorprendernos, pues ya desde 1607, al menos, hay dramaturgos ingleses que evocaban las aventuras de nuestro hidalgo, como los contemporáneos de Shakespeare (y colaboradores suyos en algunos casos) George Wilkins, John Fletcher, Francis Beaumont, Thomas Middleton o Philip Massinger. Es más, se le atribuye al propio Shakespeare, en colaboración con John Fletcher, una obra perdida, Cardenio, que sabemos que se representó por primera vez en 1613 y cuyo argumento reproduce el del personaje homónimo cervantino de la Primera Parte del Quijote.

Los ingleses no se limitaron a adaptar la obra cervantina a su lengua y sus costumbres, sino que, además, la editaron en castellano.

Los testimonios de la presencia de la gran novela de Cervantes (y también de las Novelas ejemplares) en la Inglaterra del siglo XVII son numerosísimos y no se reducen a los dramaturgos citados. En el último tercio de ese siglo hubo otros autores que adaptaron para la escena otra de las historias intercaladas más conocidas, la del curioso impertinente: la novelista y dramaturga Aphra Behn en su obra El príncipe amoroso, o el marido curioso (1671); o autores menos conocidos, como Thomas Southerne en El desengaño (1684) y John Crowne en El pretendiente casado, o el curioso impertinente (1694). Mas no hubo solo adaptaciones teatrales, sino también en verso y, naturalmente, novelas. De hecho, el desarrollo de la novela inglesa, desde mediados del siglo XVIII hasta el presente, incluyendo la gran producción del siglo XIX, debe muchísimo al Quijote.

Lo que posiblemente sorprenda más al lector español medio es que los ingleses no se limitaron a adaptar la obra cervantina a su lengua y sus costumbres, sino que, además, la editaron en castellano: la primera edición de lujo del Quijote no se publicó en España o en los territorios del Imperio Español, sino en Inglaterra, en 1738. Fue una edición en cuatro volúmenes, con ilustraciones y un estudio introductorio de Gregorio Mayans y Siscar, promovida por un noble diplomático inglés, Lord John Carteret. Algunos años después, en 1755, el novelista escocés (y también traductor del Quijote al inglés) Tobías Smollett fue el primero en defender que el lugar de nacimiento de Cervantes había sido Alcalá de Henares. Además, en 1781 se publicó otra edición en español en Inglaterra, una edición crítica, anotada y con comentarios eruditos. Nada de esto ocurría entonces en España; y ni por asomo era Shakespeare apreciado por los españoles en una proporción similar (la primera obra de Shakespeare traducida al español es el Hamlet de Leandro Fernández de Moratín, a finales del siglo XVIII).

Esta es la realidad de las cosas. Si desde el primer día en que Don Quijote inició sus andanzas literarias Cervantes fue conocido, divulgado, adaptado y querido en Inglaterra, nada tiene de extraño que cuatrocientos años después de su muerte su admirable caballero andante siga tan vivo y lozano sobre la escena de sus teatros. ¡Ojalá pudiéramos decir nosotros algo parecido en España!

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